Flying Fuzz “III”

Flying Fuzz ya tienen en la calle su tercer trabajo de estudio, un disco al que no se han complicado demasiado y le han bautizado “III”. Desde Madison (Wisconsin), esta formación estadounidense sigue avanzando con paso firme por el tosco y exigente mundo de la música, dando un nuevo paso en la evolución de su sonido. Con esta nueva entrega, el cuarteto marca cierta distancia respecto a sus anteriores trabajos, en los que exploraba diferentes estilos y dejaba entrever sus principales influencias musicales. Su debut se adentraba en terrenos garageros con matices de punk rock, mientras que en su segundo álbum mostraban devoción por los padres de los sonidos más pesados, densos y oscuros. Ahora, con “III”, Flying Fuzz mantiene esa base de heavy rock, pero orienta sus composiciones hacia territorios más cercanos al hard rock y al heavy metal, sin renunciar a las distintas texturas que enriquecen su propuesta. La alineación actual ha sufrido un cambio en referencia a su disco anterior, el guitarrista Daniel McDonald ha sustituido a Cameron Selbig. Junto al trío Albert Josef Motzel III al bajo, Benson Travis Wood a la guitarra y voz y Noah Ehren Tresner a la batería no esconden sus inquietudes ni sus actitudes musicales. Al contrario, las plasman con naturalidad en un disco que combina la sobriedad, energía y la contundencia del metal con la chispa melódica del hard rock.

Una fórmula en la que también aflora el legado de, especialmente, la década de los sesenta, una década que sigue muy presente en el ideario compositivo de la banda. De esta simbiosis surgen estructuras que beben del heavy psych y el blues rock, conjugadas con esa capacidad de enganche tan característica del hard rock. Flying Fuzz construyen sus canciones sobre una base distorsionada, pero sin sacrificar la claridad de los pasajes ni la definición de sus arreglos. Los riffs pesados, repetitivos y contundentes se convierten en uno de los principales reclamos del álbum. Mientras que los solos de guitarra, cargados de gancho, aportan brillo y personalidad entre una sección rítmica vigorosa y firme que sostiene el conjunto. En el apartado vocal, la banda cumple con su cometido y encaja en las coordenadas sonoras del disco, aunque quizá un punto más de ímpetu, desparpajo y socarronería habría reforzado ese carácter macarra y fiero que pide a gritos una propuesta de estas características. Un pequeño matiz que podría haber elevado todavía más el resultado final, aportándole una dosis extra de insolencia y actitud. “III” refleja la evolución de Flying Fuzz hacia un sonido más potente, agresivo y definido. Desconocemos si el nuevo integrante ha contribuido en ese proceso de cambio en el sonido de la banda. De todas maneras, en este nuevo capítulo el cuarteto afianza su identidad sin perder de vista las raíces que alimentan su música, conjugando la pesadez del heavy metal con la carga melódica del hard rock y el espíritu de los sonidos clásicos. 

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