Will Hoge en el Azkena: canciones para todo lo que no sabemos decir

Este pasado viernes 23 de octubre de 2026, la mítica sala Azkena de Bilbao se convirtió en el epicentro del rock and roll del “botxo” con el estadounidense Will Hoge como protagonista, bien acompañado por su incombustible banda, demostrando por qué es uno de los grandes, a la vez, uno de los artífices más puros de la llama del rock americano actual.

El músico de Nashville sigue siendo un secreto a voces dentro del rock estadounidense: alguien con una trayectoria intachable que merece un lugar más destacado. Posee esa capacidad tan rara de conectar desde la emoción más pura, lejos de la vanidad habitual de la industria, Hoge destaca por su compromiso político, su sensibilidad social y una integridad artística impecable.

Will ha pasado por nuestro país presentándonos su último trabajo ”Sweet Misery” y deleitándonos con esa extraña y hermosa capacidad de equilibrar la descarga eléctrica con una cercanía emocional desarmante. Porque Will Hoge no solo pisa el escenario para ejecutar canciones; las habita, las sufre y las celebra.

Will Hoge hizo que todas esas cosas que no sabemos nombrar encontraran su sitio entre una guitarra, una voz y unas canciones capaces de atravesar la noche. Lo de Hoge no es una cuestión de artificio. No necesita demasiados adornos para convencerte. Hay algo en su manera de cantar, en esa voz que parece conocer las carreteras largas, las despedidas mal resueltas y las pequeñas derrotas que uno aprende a llevar con dignidad, que hace que resulte difícil mantenerse al margen. 

Desde el principio, el concierto tuvo esa energía de las noches que no necesitan prometer nada porque lo están dando todo.

La banda era casi la misma que le acompañó en su anterior gira, con John Tyler a la guitarra y mandolina, Mark Masefield a los teclados y el acordeón, Christopher Griffiths al bajo y el gran Brady Blade, como novedad (Emmylou Harris, Steve Earle, Dave Matthews, Lucinda Williams) sobrado de calidad y oficio.

El repertorio incluyó joyas como Even If It Breaks Your Heart, clásicas como Still a southern man que nos rozaron el llanto de emoción, Little bitty dreams, Baby Girl, Long gone, Til I do it again, Cold night in Santa Fe y la coreadísima Middle of Americ. No faltaron temas de su último disco, Sweet Misery, Another Planet.

Un momento inolvidable de la noche fue la magistral interpretación del clásico Lover Tonight. Solo Will con su armónica creando magia: ese instante en el que una canción nombra exactamente lo que llevabas dentro sin saber expresar.

Will convirtió el Azkena en un espacio donde el tiempo parecía medirse de otra manera: no por los minutos que pasaban, sino por las veces que una melodía conseguía apretar algo por dentro o por la intensidad con la que una guitarra nos recordaba que el rock, cuando es de verdad, no tiene intención de pedir permiso.

Hubo momentos en los que la música parecía querer quedarse a vivir en algún lugar delicado. En las canciones más melódicas, Hoge dejó espacio para que la emoción respirara, haciendo que una voz llenara la sala sin imponerse y encontrando una grieta en medio del ruido cotidiano. La música tiene esa costumbre: devuelve cosas que creíamos perdidas, haciéndonos recordar a alguien o a versiones de nosotros mismos que dejamos atrás. 

Pero Will Hoge también sabe que la emoción no siempre se expresa en voz baja. A veces necesita volumen, una batería que golpee el pecho y una guitarra que rasgue el aire. Cuando el concierto se inclinó hacia su lado más eléctrico, el Azkena respondió con el cuerpo y con energía: rock con nervio, sin nostalgia impostada, demostrando que la delicadeza y la electricidad no están tan lejos, pues una te permite mirar la herida y la otra te recuerda que todavía tienes cuerpo para levantarte.

Hoge posee esa virtud de los músicos que no necesitan convertir cada gesto en una declaración, sino que su fuerza está en la canción y en la honestidad con la que se entrega. Durante un rato, las canciones dejaron de ser del músico para convertirse en los recuerdos, conversaciones o épocas de la vida de cada uno de nosotros.

Al salir de la sala, Bilbao seguiría siendo Bilbao. El eco de las canciones y esa mezcla de felicidad y melancolía. Porque hay noches que terminan cuando se apagan las luces y otras que siguen sonando mucho después; la de Will Hoge en el Azkena pertenece a estas últimas, dejando claro que la llama del rock and roll sigue muy viva.

Texto, fotos y vídeos Xonia Corrales y María Sierra.

 

 

 

 

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