Bob Dylan acusado de plagio por su discurso del Nobel

Seis meses después de que Bob Dylan recibiera el Premio Nobel de Literatura en una ceremonia en la que no asistió, el compositor ha cumplido los criterios del premio ofreciendo una conferencia sobre el tema a la Academia Sueca, con un maravilloso piano de fondo.

Discurso de Bob Dylan para el premio Nobel de Literatura con subtítulos en inglés.

Grabado el 4 de junio en Los Ángeles, en la conferencia prensa de Dylan discute sus influencias musicales como Leadbelly y Buddy Holly junto a obras literarias que formaron su composición, incluyendo Moby Dick, Sin novedad en el frente o La Odisea.

Ahí no queda la cosa, porque ha sido acusado de plagiar fragmentos de su discurso utilizando frases de la web Sparknotes, una página para estudiantes que ofrece resúmenes y explicaciones de libros.

Fue Andrea Pitzer, reportera de la revista estadounidense Slate, quien dio la noticia tras analizar las palabras del discurso de Dylan en las que describía la novela Moby-Dick, obra de referencia para el cantante. Pitzer se percató de que varias de las frases del discurso del estadounidense no aparecen en la novela pero sí en la sinopsis que la web Sparknotes hace de la obra.

El artista Bob Dylan podrá cobrar los alrededor de 820.000 euros, 8 millones de coronas suecas, con los que está dotado el Nobel de Literatura que la Academia Sueca le concedió, después de que el músico, cantante y poeta estadounidense haya enviado su discurso de agradecimiento que la Academia ha colgado en su web.

Dylan tenía hasta el sábado 10 de junio como fecha límite para enviar este texto con el que responde a este fallo, anunciado el pasado mes de octubre y con el que la Academia reconoce al músico por crear “una nueva expresión poética de la música popular americana”.

El también poeta no acudió a la ceremonia de entrega de los premios celebrada el pasado mes de diciembre y en su lugar asistió la también artista Patti Smith. Posteriormente, en abril, Dylan asistió a una ceremonia privada en Estocolmo donde recibió, con casi cuatro meses de retraso, el premio más importante de literatura.

Texto de la conferencia de Bob Dylan para el premio NOBEL traducido al castellano:

“Cuando supe que había obtenido el Premio Nobel, me surgió la pregunta de cómo se relacionaban exactamente mis canciones con la literatura. Quise reflexionar sobre ello y ver dónde se hallaba la conexión. Voy a tratar de articularlo. Y lo más probable es que lo haga dando rodeos, pero espero que lo que diga valga la pena y tenga sentido.

Si tuviera que volver al amanecer de todo, creo que tendría que empezar con Buddy Holly. Buddy murió cuando yo tenía dieciocho años y él veintidós. Desde el momento en que lo escuché por primera vez, me sentí identificado. Sentí casi que era como un hermano mayor. Hasta pensé que me parecía a él. Buddy tocaba la música que me apasionaba -la música con la que crecí: country western, rock ‘n’ roll y rhythm&blues-. Tres hebras separadas de la música que entrelazó y fundió en un género. Una marca. Y Buddy escribía canciones – canciones que tenían bellas melodías y versos imaginativos. Y cantaba muy bien – cantaba con distintas voces. Él era el arquetipo. Todo lo que yo no era y quería ser. Lo vi sólo una vez, unos días antes de su muerte. Tuve que viajar 100 millas para verlo actuar y no me decepcionó.

Era poderoso y electrizante y tenía una presencia imponente. Yo estaba a solo seis pies de distancia. Estaba hipnotizado. Le miré la cara, las manos, la forma en que marcaba el ritmo con el pie, sus grandes gafas negras, los ojos detrás de las gafas, la forma en que sostenía su guitarra, su postura, su traje elegante. Todo él. Aparentaba más de veintidós años. Algo en él parecía permanente, y me llenó de convicción. Entonces, de repente, sucedió lo más extraño. Me miró directamente a los ojos y me transmitió algo. Algo que no sé lo que era. Y sentí escalofríos.

Creo que fue un día o dos después de que su avión se estrellara. Y alguien -alguien a quien nunca había visto- me dio un disco de Leadbelly que incluía la canción ‘Cottonfields’. Y este disco cambió mi vida en ese momento y en ese lugar. Me transportó a un mundo desconocido. Fue como una explosión. Como si hubiera estado caminando en la oscuridad y, de repente, la oscuridad se iluminara. Era como si alguien hubiera puesto sus manos en mí. Debo de haber tocado esa canción cientos de veces.

Estaba en un sello discográfico del que nunca había oído hablar con un libreto dentro lleno de anuncios de otros artistas del sello: Sonny Terry y Brownie McGhee, The New Lost City Ramblers, Jean Ritchie, ‘string bands’. Nunca había oído hablar de ninguno de ellos. Pero consideré que si estaban en esta etiqueta con Leadbelly, tenían que ser buenos, así que necesitaba escucharlos. Quería saberlo todo y tocar ese tipo de música. Todavía me atraía la música con la que había crecido pero, de pronto, se me olvidó. Ni siquiera lo pensé. En ese momento, hacía tiempo que esa música había desaparecido.

Todavía no me había ido de casa, pero estaba ansioso: quería conocer esa música y a la gente que la tocaba. Al final me marché del hogar y aprendí a tocar esas canciones. Eran diferentes de las canciones que ponían en la radio y que había estado escuchando hasta entonces. Eran más vibrantes y más sinceras. Con las canciones que suenan en la radio, un intérprete podría conseguir el éxito como con una tirada de dados o una buena mano de cartas, pero eso no importaba en el mundo del folk. Todo era un éxito. Todo lo que tenías que hacer era escribir buenos versos y ser capaz de tocar una melodía. Algunas de estas canciones eran fáciles, otras no. Tenía una predisposición natural para las viejas baladas y el ‘country blues’, pero todo lo demás lo tuve que aprender desde cero. Tocaba para un público pequeño, a veces de no más de cuatro o cinco personas, en una habitación o en una esquina en la calle. Había que tener un amplio repertorio, y tenías que saber qué tocar y cuándo tocarlo. Algunas canciones eran intimistas, en algunas había que gritar para que te escucharan.

Puedes aprender la jerga escuchando a los artistas folk de los primeros años y cantando sus canciones. La interiorizas. La cantas en los blues a tiempo rasgado, en las canciones de trabajo, en las canciones que cantaban los marinos mercantes de Georgia, en las baladas de los Apalaches y en las canciones de los ‘cowboys’. Escuchas los matices y aprendes los detalles.

Ya sabéis de qué va esto. De sacar la pistola y volver a meterla en la pistolera. De abrirte camino a través del tráfico, de hablar en la oscuridad. Ya sabéis que Stagger Lee era un mal tipo y que Frankie era una buena chica. Ya sabéis que Washington es una ciudad burguesa y ya habéis oído la voz profunda de John the Revelator y ya habéis visto al Titanic hundirse en un arroyo cenagoso. Y sois colegas del vagabundo irlandés y del chico de las colonias. Escuchasteis la batería amortiguada y los flauitines que tocaban bajito. Habéis visto al lujurioso Lord Donald clavarle un cuchillo a su mujer y a muchos de vuestros camaradas envueltos en lino blanco.

Ya había interiorizado la jerga totalmente. Conocía la retórica. Nada de eso se me escapó: los artefactos, las técnicas, los secretos, los misterios, y también conocí todos las carreteras desiertas por las que circulaban. Podía hacer que todo estuviese conectado y que se moviera con la corriente del día. Cuando empecé a escribir mis propias canciones, la jerga folk era el único vocabulario que conocía, y lo usé.

Pero yo también tenía algo más. Tenía principios y sensibilidades y una visión informada del mundo. Y la había tenido desde hace tiempo. Lo aprendí todo en la escuela primaria. Don Quijote, Ivanhoe, Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, Historia de dos ciudades, todo lo demás – lectura típica de la escuela secundaria que te da una manera de ver la vida, una comprensión de la naturaleza humana y un estándar para medir las cosas. Tomé todo eso conmigo cuando empecé a componer letras. Y los temas de esos libros funcionaron en muchas de mis canciones, ya sea a sabiendas o sin intención. Quería escribir canciones que fuesen diferentes a cualquier cosa que alguien hubiera escuchado, y estos temas eran fundamentales.

Algunos de los libros específicos que han permanecido conmigo desde entonces, los había leído en la escuela secundaria. Quiero hablarles de tres de ellos: ‘Moby Dick’, ‘Sin novedad en el frente’ y ‘La Odisea’.

‘Moby Dick’ es un libro fascinante, un libro que está lleno de escenas y diálogos dramáticos. El libro te exige. La trama es sencilla. El misterioso Ahab -capitán de un barco llamado el Pequod- un egomaníaco con una pierna de perno que persigue su némesis, la gran ballena blanca Moby Dick que se la arrancó. Y la persigue desde el Atlántico, bordeando la punta de África y adentándose en el Océano Índico. Persigue a la ballena de una punta a otra de la Tierra. Es un objetivo abstracto, nada concreto o definido. Él la llama Moby el emperador, y la ve como la encarnación del mal. Ahab tiene una esposa y un hijo en Nantucket que recuerda de vez en cuando. Ya podéis imaginaros lo que acaba sucediendo.

La tripulación del buque está formada por hombres de diferentes razas, y cualquiera que vea a la ballena recibirá la recompensa de una moneda de oro. Una gran cantidad de símbolos del zodíaco, alegorías religiosas, estereotipos. Cuando Ahab se encuentra con otros barcos balleneros, presiona a los capitanes para obtener detalles sobre Moby. ¿Lo han visto? Hay un profeta loco, Gabriel, que predice la condena de Ahab. Moby encarna al dios Shaker y cualquier trato con él llevará al desastre. Se lo dice al capitán Ahab. Otro capitán del buque, el Capitán Boomer, pierde un brazo contra Moby. Pero él se aguanta y está feliz de haber sobrevivido. No puede aceptar la sed de venganza de Ahab.

Este libro cuenta cómo los diferentes hombres reaccionan de distintas maneras a la misma experiencia. Hay mucho del Antiguo Testamento, mucha alegoría bíblica: Gabriel, Raquel, Jeroboam, Bildah, Elijah. Nombres paganos también: Tashtego, Frasco, Daggoo, Fleece, Starbuck, Stubb, Martha’s Vineyard. Los paganos son adoradores de ídolos. Algunos adoran pequeñas figuras de cera, algunas figuras de madera. Algunos adoran el fuego. El Pequod es el nombre de una tribu india.

‘Moby Dick’ es un cuento marinero. Uno de los hombres, el narrador, dice: “Llámame Ismael”. Alguien le pregunta de dónde viene, y él dice: “No está en ningún mapa. Los verdaderos lugares nunca lo están”. Stubb no da significado a nada, dice que todo está predestinado. Ismael ha estado en un velero toda su vida. Llama a los veleros su Harvard y su Yale. Y mantiene su distancia de la gente.

Un tifón golpea al Pequod. El capitán Ahab cree que es un buen presagio. Starbuck, que piensa que es un mal presagio, considera matar a Ahab. Tan pronto como la tormenta termina, un miembro de la tripulación cae del mástil del barco y se ahoga, anticipando lo que está por venir. Un sacerdote pacifista cuáquero, que en realidad es un hombre de negocios sanguinario, le dice a Flask: “Algunos hombres heridos siguen el camino de Dios, otros el camino de la amargura.”

Todo está mezclado. Todos los mitos: la Biblia judeo-cristiana, los mitos hindúes, las leyendas británicas, San Jorge, Perseo, Hércules, todos ellos son balleneros. La mitología griega, el negocio sanguinario de cortar una ballena. Muchos hechos en este libro, como conocimientos geográficos, el aceite de ballena -bueno para la coronación de la realeza- familias nobles en la industria ballenera… El aceite de ballena se usa para ungir a los reyes. La historia de la ballena, frenología, filosofía clásica, teorías pseudocientíficas, justificación de la discriminación, todo incluido y nada racional. Ilustres, persiguiendo la ilusión, persiguiendo la muerte, la gran ballena blanca, blanca como el oso polar, blanca como un hombre blanco, el emperador, la némesis, la encarnación del mal. El capitán demente que en realidad perdió su pierna hace años tratando de atacar a Moby con un cuchillo.

Solo vemos la superficie de las cosas. Podemos interpretar lo que está debajo de cualquier forma que creamos conveniente. Los tripulantes caminan en la cubierta escuchando las sirenas, y los tiburones y los buitres persiguen la nave. Leer los cráneos y las caras como usted lee un libro. Aquí hay una cara. Lo pondré delante de usted. Léalo si puede.

Tashtego dice que murió y renació. Sus días extra son un regalo. No fue salvado por Cristo, sin embargo, dice que fue salvo por un compañero: un no cristiano. Una parodia de la resurrección.

Cuando Starbuck le dice a Ahab que debe pasar página, el capitán enojado le responde: “No me hables de blasfemia, hombre, porque sería capaz de golpear al sol si me insultara”. Ahab, también, es un poeta de la elocuencia. Él dice: “El camino hacia mi propósito fijo está puesto con rieles de hierro sobre los cuales mi alma está diseñada para rodar”. O estas líneas: “Todos los objetos visibles son máscaras de cartón”. Frases poéticas que no pueden mejorarse.

Finalmente, Ahab ve a Moby y aparecen los arpones. Los barcos se vacían. El arpón de Ahab ha sido bautizado en sangre. Moby ataca el barco de Ahab y lo destruye. Al día siguiente, vuelve a avistar a Moby. Los barcos se vacían de nuevo. Moby ataca de nuevo el barco de Ahab. Al tercer día, otro barco entra. Más alegoría religiosa. Se ha elevado. Moby ataca una vez más, golpeando al Pequod y hundiéndolo. Ahab se enreda en las cuerdas del arpón y cae de su barco a una tumba acuosa.

Ismael sobrevive. Está en el mar flotando en un ataúd. Y eso es todo. Esa es toda la historia. Ese tema y todo lo que implica funcionaría en más de una de mis canciones.

‘Sin novedad en el frente’ era otro libro que también encajaría en mis canciones. ‘Sin novedad en el frente’ es una historia de terror. Este es un libro donde pierdes tu infancia, tu fe en un mundo con sentido, y tu interés por los individuos. Estás atrapado en una pesadilla. Sumergido en un misterioso remolino de muerte y dolor. Te estás defendiendo de la eliminación. Te van a borrar de la faz del mapa. Había una vez un joven inocente con grandes sueños de ser concertista. Hace un momento amabas la vida y el mundo, y ahora estás disparando.

Día tras día, las avispas te muerden y los gusanos recorren tu sangre. Eres un animal acorralado. No encajas en ninguna parte. La lluvia que cae es monótona. Hay interminables asaltos, gas venenoso, gas nervioso, morfina, corrientes ardientes de gasolina, barrido y escabechado de alimentos, gripe, tifus, disentería. La vida se derrumba a tu alrededor, y las conchas están silbando. Esta es la región inferior del infierno. Barro, alambre de púas, trincheras llenas de ratas, ratas comiendo intestinos de hombres muertos, trincheras llenas de suciedad y excrementos. Alguien grita: “Eh, tú ahí. Párate y pelea.”

¿Quién sabe cuánto tiempo durará este lío? La guerra no tiene límites. Te están aniquilando, y esa pierna está sangrando demasiado. Ayer mataste a un hombre y hablabas con su cadáver. Le dijiste que después de que esto haya terminado, pasarás el resto de tu vida cuidando a su familia. ¿Quién se beneficia aquí? Los líderes y los generales ganan fama, y muchos otros se benefician financieramente. Pero tú estás haciendo el trabajo sucio. Uno de tus camaradas dice: “Espera un momento, ¿a dónde vas?” Y tú dices: “Déjame en paz, volveré en un minuto”. Entonces entras en el bosque de la muerte buscando un pedazo de salchicha. No puedes entender que los civiles puedan tener algún tipo de propósito en la vida. Todas sus preocupaciones, todos sus deseos – no puedes comprenderlo.

Más ametralladoras atronadoras, más partes de cuerpos que cuelgan de los alambres, más piezas de brazos y piernas y cráneos donde las mariposas se posan en los dientes, heridas más espantosas, pus saliendo de cada poro, heridas de pulmón, heridas demasiado grandes para el cuerpo, cadáveres que sueltan gas y cuerpos muertos haciendo ruidos vomitivos. La muerte está en todas partes. Nada más es posible. Alguien te matará y usará tu cadáver para practicar tiro. Botas, también. Son tu posesión más preciada. Pero pronto estarán en los pies de otra persona.

Hay soldados que atraviesan los árboles. Cabrones despiadados. Te estás quedando sin balas. “No es justo que nos ataquen otra vez tan pronto”, dices. Uno de tus compañeros está tendido en la tierra, y quieres llevarlo al hospital de campaña. Alguien más dice: “Podrías ahorrarte un viaje.” “¿Qué quieres decir?” “Gíralo, verás lo que quiero decir.”

Esperas a oír las noticias. No entiendes por qué la guerra no ha terminado. El ejército está tan corto de tropas de reemplazo que están reclutando a muchachos sin formación militar porque se están quedando sin hombres. La enfermedad y la humillación han roto tu corazón. Tus padres te han traicionado, tus maestros de escuela, tus ministros, e incluso tu propio gobierno.

El general que fuma un cigarro lentamente te traicionó también -te convirtió en un matón y un asesino. Si pudieras, le meterías un balazo en la cara. El comandante también. Fantaseas con que si tuvieses el dinero, ofrecerías una recompensa para cualquier hombre que le quitase la vida por un módico precio. Y si a él lo matasen, aun así tendría dinero para dejarles a sus herederos. El coronel también, con su caviar y su café, otro más. Pasa todo su tiempo en el burdel de los oficiales. También te gustaría verlo muerto. Matarás a veinte de ellos y otros veinte saldrán en su lugar. Simplemente apesta en las fosas nasales.

Has venido a despreciar a esa generación mayor que te envió a esta locura, a esta cámara de tortura. A tu alrededor, tus compañeros están muriendo. Muriendo de heridas abdominales, amputaciones dobles, caderas destrozadas, y piensas: “Sólo tengo veinte años, pero soy capaz de matar a cualquiera. Incluso a mi padre si se me acerca”.

Ayer, trataste de salvar a un perro mensajero herido, y alguien gritó: “No seas tonto”. Un soldado está gorgoteando a tus pies. Le apuñalaste con una daga en el estómago, pero el hombre todavía vive. Sabes que deberías terminar el trabajo, pero no puedes. Te han clavado en la cruz y un soldado romano está poniendo una esponja de vinagre en tus labios.

Los meses pasan. Te vas a casa con un permiso. No puedes comunicarte con tu padre. Él dijo: “Serás un cobarde si no te enrolas”. Tu madre también, al salir de la puerta, dice: “Ten cuidado con las chicas francesas”. Más locura. Luchas durante una semana o un mes y avanzas diez yardas. Y al mes siguiente las vuelves a perder.

Toda esa cultura de hace mil años, esa filosofía, esa sabiduría -Platón, Aristóteles, Sócrates- ¿qué le sucedió? Debería haber evitado todo esto. Tus pensamientos te devuelven a casa. Y una vez más eres un colegial que camina entre los altos álamos. Es un recuerdo agradable. Más bombas cayendo sobre ti desde dirigibles. Tienes que hacerlo ahora. Ni siquiera puedes mirar a nadie por miedo a algo impredecible que podría suceder. La tumba común. No hay otras posibilidades.

Entonces notas las flores de la cereza, y ves que a la naturaleza no le afecta todo esto. Los álamos, las mariposas rojas, la belleza frágil de las flores, el sol – se ve cómo la naturaleza es indiferente a todo. Toda la violencia y el sufrimiento de toda la humanidad. La naturaleza ni siquiera lo nota.

Estás tan solo. Entonces un pedazo de metralla golpea el lado de su cabeza y estás muerto. Has sido descartado, tachado. Has sido exterminado. Dejé este libro y lo cerré. Nunca quise volver a leer otra novela de guerra, y nunca lo hice.

Charlie Poole de Carolina del Norte tenía una canción que conectó con todo esto. Se llama “No me estás hablando”, y las letras son así:

Vi un cartel en una ventana caminando por la ciudad un día. Únete al ejército, ‘ven a ver el mundo’ es lo que tenía que decir. Verás lugares emocionantes con una tripulación jovial, conocerás gente interesante y aprenderás a matarlos también. Oh no me estás hablando a mí, no me estás hablando a mí. Puedo estar loco y todo eso, pero soy sensato. No me estás hablando a mí, no me estás hablando a mí. Matar con una pistola no suena divertido. No me estás hablando a mí.

‘La Odisea’ es un gran libro cuyos temas han influido en las baladas de muchos compositores: ‘Homeward Bound’, ‘Green on Grass Range’, ‘Home on the Range’ y mis canciones también.

‘La Odisea’ es una historia extraña y aventurera de un hombre adulto que trata de llegar a casa después de luchar en una guerra. Un largo viaje a casa lleno de trampas y trampas. Su maldición es vagar para siempre. Siempre tiene que volver al mar por algún motivo. Grandes trozos de rocas hacen oscilar su bote. Hace enfadar a gente a la que no debería. Hay gente problemática en su tripulación. Traición. Sus hombres se convierten en cerdos y luego se convierten en hombres más jóvenes y más guapos. Siempre está tratando de rescatar a alguien. Es un hombre viajero, pero está haciendo demasiadas paradas.

Atrapado en una isla desierta. Encuentra cuevas desiertas y se esconde en ellas. Se encuentra con gigantes que dicen: “Te comeré esta vez”. Y se escapa de los gigantes. Trata de regresar a casa, los vientos le llevan de un lado a otro. Vientos intranquilos, vientos fríos, vientos hostiles. Viaja lejos y los vientos lo alejan más.

Siempre le advierten de las cosas por venir. Tocando cosas que le dijeron que no lo hiciera. Hay dos caminos por recorrer, y ambos son malos. Ambos peligrosos. En uno se podría ahogar y por el otro se podría morir de hambre. Entra en los estrechos estrechos con espumosos remolinos que lo tragan. Se reúne con monstruos de seis cabezas con colmillos afilados. Los rayos le atacan. Dioses y dioses lo protegen, pero otros quieren matarlo. Cambia identidades. Está agotado. Se duerme y se despierta por el sonido de la risa. Él cuenta su historia a extraños. Han pasado veinte años. Lo llevaron a algún lugar y se fue de allí. Las drogas cayeron en su vino. Ha sido un camino demasiado duro.

De muchas maneras, algunas de estas mismas cosas te han pasado. Tú también has compartido cama con la mujer equivocada. También has sido hechizado por voces mágicas, voces dulces con extrañas melodías. También has llegado demasiado lejos. Y también has tenido llamadas cercanas. Has enojado a la gente que no deberías. Y has sentido que el viento enfermo, el que te sopla en la cara, no es bueno. Y eso no es todo.

Cuando vuelve a casa, las cosas no son mejores. Los sinvergüenzas se han mudado y están aprovechando la hospitalidad de su esposa. Y hay demasiados. Y aunque es más grande que todos y el mejor en todo – mejor carpintero, mejor cazador, mejor experto en animales, mejor marinero – su valor no lo salvará, pero su truco lo hará.

Todos estos rezagados tendrán que pagar por profanar su palacio. Se disfrazará como un mendigo sucio, y un humilde criado le dará patadas por los escalones con arrogancia y estupidez. La arrogancia del siervo le revuelve, pero él controla su ira. Él es uno contra cien, pero todos caerán, incluso los más fuertes. No era nadie. Y cuando todo está dicho y hecho, cuando él finalmente está en casa, él se sienta con su esposa. Y le cuenta historias.

Entonces, ¿qué significa todo ésto? Yo y muchos otros compositores han sido influidos por estos mismos temas. Y pueden significar muchas cosas diferentes. Si una canción te mueve, eso es todo lo que importa. No tengo que saber lo que significa una canción. He escrito todo tipo de cosas en mis canciones. Y no voy a preocuparme por eso, lo que significa todo. Cuando Melville puso el Antiguo Testamento, referencias bíblicas, teorías científicas, doctrinas protestantes y todo ese conocimiento del mar y de los veleros y las ballenas en una sola historia, no creo que tampoco se preocupara por lo que significa .

John Donne, el poeta-sacerdote que vivió en la época de Shakespeare, escribió estas palabras, “El Sestos y Abydos de sus pechos. No de dos amantes, sino de dos amores, de los nidos”. Yo tampoco sé lo que significa. Pero suena bien. Y quieres que tus canciones suenen bien.

Cuando Ulises en ‘La Odisea’ visita al famoso guerrero Aquiles en el inframundo – Aquiles, que cambió una larga vida llena de paz y alegría por una corta cargada de honor y gloria – le dice a Odiseo que todo fue un error. “Acabo de morir, eso es todo.” No había honor. Ninguna inmortalidad. Y si pudiera, elegiría regresar y ser un esclavo humilde de un arrendatario en la tierra en lugar de ser lo que es -un rey en la tierra de los muertos- que cualesquiera que fueran sus luchas de vida, eran preferibles A estar aquí en este lugar muerto.

Eso es lo que son las canciones también. Nuestras canciones están vivas en la tierra de los vivos. Pero las canciones son diferentes a la literatura. Están destinadas a ser cantadas, no leídas. Las palabras en las obras de Shakespeare estaban destinadas a actuar en el escenario. Así como las letras de las canciones están destinadas a ser cantadas, no a leerse en una página. Y espero que algunos de ustedes tengan la oportunidad de escuchar estas letras de la forma en que fueron destinados a ser escuchadas: en vivo o en un disco, y sin embargo la gente está escuchando canciones estos días. Regreso una vez más a Homero, quien dice: “Canta en mí, oh Musa, y a través de mí cuenta la historia”.

Bob Dylan.

 

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