Olaf y Los Bidones reivindican la Barcelona Rockabilly a través de un entretenido viaje musical

Texto Federico Navarro y fotos por Enric Minguillón.

Cantaba Loquillo en 1981 “Avenida de la luz”, pieza dedicada a un bulevar subterráneo perteneciente a una Barcelona que ya no existe y en la que rockers, punks y algunos mods poblaban salas, bares y demás antros. El 18 de junio de 2016 en Les Enfants, lugar vestido con un glamour alejado de su pasado más canalla, Olaf y los Bidones, es decir, cinco de aquellos muchachos con tupé presentaron un primer disco que han tardado veintiocho años en publicar. La razón de esta demora es muy simple, ya que sencillamente se trata de una banda que nació por y para divertirse. Y eso es lo que hicieron ante un nutrido grupo de incondicionales: pasarlo bien.

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Con Moisés Sorolla -cuyo nombre siempre estará vinculado a Los Rebeldes– a la batería y un contrabajo bien tocado por José Luis Miranda, el viaje se inició con “Mystery Train”, ese tren que conduce al curioso por los fabulosos bosques y praderas musicales de la América más sabia y profunda. También brilló con luz y talento propios el cantante Kike Méndez, agarrado a una guitarra acústica –Takamine, por cierto, aquí se cuidan los detalles- con la que acompañó una estupenda “Just Because”, mostrando que Elvis Presley iba a ser reivindicado en una noche donde “Hound Dog” y “Suspicious Minds” cosecharon el aplauso de un público que convirtió el lugar en una pista de baile. Allí se unieron camisetas de Jerry Lee Lewis, tupés bañados en brillantina y mujeres con look a lo Peggy Sue. A su lado, certero a la solista, Martí Borrás supo tejer esas melodías que compuso Carl Perkins cuando la inspiración le regaló maravillas como “Matchbox” y Sam Phillips iba descubriendo genios en los Sun Studio a base de inteligencia e intuición. Tampoco faltaron en el repertorio esas dos leyendas inglesas que se nutrieron del primer Rock y del R&B y cayó “I’ve Just Seen A Face” de los Beatles, justo en esa velada en la que Paul McCartney cumplía sus setenta y cuatro años más en forma que nunca. Aun así los Rolling Stones le robaron cierto protagonismo a Macca con una preciosa relectura de “Time Is On My Side”, una “It’s All Over Now” donde Miranda puso su voz y “Dead Flowers”, interpretada en clave Country, género al que Sus Satánicas Majestades supieron acercarse con cariño y acierto a partes iguales.

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Pero en el escenario reinó Olaf Pla Gracia, que tocó absolutamente todo lo que pasó por sus manos: banjo, tabla de lavar, una trompeta de juguete y un sinfín de percusiones a la par más divertida y que comunicó al respetable esas inmensas ganas de vivir el Rock’N’Roll que siempre le han adornado. Reivindicando ese camino a su León natal logró desatar la locura con un tema que pone punto final a esta crónica en forma de periplo a través de canciones y palabras. Aunque la verdad sea dicha, con “En camión”, en parte también regresamos a aquella ciudad sumergida en nuestra memoria sentimental, aquel lugar donde Pepe Carvalho, el detective de Manuel Vázquez Montalbán, tenía un despacho precisamente a pocos metros de esta misma sala.

 

 

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