The Rezillos, más allá del destino Venus

En plena ola de frío en estas tierras cálidas, y con una tibia media entrada en la Caja Negra de Las Cigarreras, Terrible Min, el power trío benidormí que ejercía de telonero, puso todo sobre las tablas para calentar el ambiente. Canciones rápidas y contundentes, letras que no permitirán a nadie ganar un Nobel pero que se clavan como dardos en el centro de la diana. “Mi situación era irrelevante pero se tornó insignificante”, denle una escucha a “Mi situación” en su bandcamp y sabrán de qué hablamos.

Terrible Min Alicante 2017.

Media hora de canciones con mucho filo y la retirada para dar entrada a los protagonistas de la noche, The Rezillos, la legendaria banda escocesa que reventó el suelo bajo nuestros pies en el final de los setenta y que mantienen el tipo a estas alturas del segundo milenio, cuando se supone que debíamos estar viajando continuamente a la Luna, o a Marte… o a Venus. Para Eugene Reynolds y Fay Fife, Venus es un destino permanente a lo largo de cuatro décadas, y anoche volvieron a él.

Los prolegómenos los organizó el guitarrista Jim Brady, animando al público a cerrar filas al pie del escenario. “Soy escocés y para mí este frío es normal. Pero os vamos a calentar. Si os acercáis, notaréis el calor.” Dicho y hecho. Desde el primer minuto salieron a por todas, barajando temas de su fulgurante debut en 1978 con otros de su reciente disco de 2015. Así, y a velocidad de vértigo, lo mismo sonaba “Flying saucer attack” que “Groovy room”, “Zero” que “Mistery action”, y “You’re so deep” venía seguido de un “No” coreado a voces por un público que había olvidado el frío hacía mucho rato.

The Rezillos en concierto 2017 Alicante

Todo ese tiempo Fay Fife recorría la escena de izquierda a derecha y de adelante atrás, bailando y poniendo las voces en los sitios en donde se la esperaba, y Eugene Reynolds, poniéndose y quitándose las gafas negras con la misma facilidad con que atacaba la guitarra o la dejaba a un lado a favor del micro, demostraba el buen estado de forma del dúo, porque, no lo olvidemos, estamos hablando de gente que no son precisamente unos críos y que siguen regalándonos píldoras de punk y caramelos de adrenalina.

Mención obligada también para Angel Paterson, el baterista original de la banda, cuya pegada ya se escuchaba en aquel fabuloso directo de 1979 que se llamó “Mission acomplished…but the beat goes on”. Paterson y el bajista Chris Agnew se encargaron de que durante la noche ese “beat” no cesara, al tiempo que Brady, fiel a su palabra y con una sonrisa permanente de buen tipo que se divierte haciendo lo que hace, subía la temperatura con las ráfagas de una guitarra prestada, porque la suya, según contó, la había roto.

No es de extrañar. Fife aclaró que la había lanzado por encima de su cabeza. Así son The Rezillos. No importa que en un lejano día John Callis, autor de imperecederos temas de la primera época, abandonara y acabara en The Human League. Ellos siguen defendiendo el legado y engrandeciéndolo. El tramo final apoteósico, en el que no faltó “Top of the Pops”, nos llevó definitivamente a Venus y más allá. “Destination Venus, my heart was never slow / Destination Venus, where you are I’ll always go”, cantaban Eugene y Fay, y todos coreábamos “I hear your voice on the radio”. No hacía nada de frío.

Texto y fotos por Juan J. Vicedo.

 

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