Festival Internacional Boreal 2017. Dosis anual de cultura, diversidad, igualdad, música y naturaleza

Del  13 al 16 de septiembre de 2017 tuvo lugar la décima edición del Festival Internacional Boreal 2017 en el municipio de Los Silos, en la Isla Baja, en el norte de Tenerife. Un enclave natural inmejorable para el festival de las culturas, la diverisdad, la sostenibilidad y la naturaleza. Y, sobre todo, de la música.

El casco urbano de Los Silos se convirtió, una vez más, en un recinto único y muy especial para un festival de acceso gratuito. Fue el epicentro de la descentralización de la cultura, como hecho y como concepto. Desde lo local al celebrarse en Los Silos, y desde lo internacional, por tratarse de grupos de todo el mundo, de todos los mundos de este planeta.

Festival Internacional Boreal 2017

En las últimas ediciones se ha producido una apertura a nuevos estilos. Estilos que, aunque vinculados a su leitmotiv, suponen una ampliación en la generosa, abundante, coherente y mutante programación del festival. Como en ediciones anteriores, el Festival Internacional Boreal 2017 ha contado con música -por supuesto-, mercadillos, puestos de comida,  charlas y proyecciones divulgativas y de concienciación medioambiental, entretenimiento para niños y para la familia, performances, muestras de artes plásticas, moda, amenísimas zonas de descanso, etc.

La igualdad en el Boreal

Esta edición del Boreal ha roto con todos los moldes en materia de igualdad. Si recientemente se disparaban las alarmas por la escasa representación femenina en festivales de nuestro entorno -en los que ni alcanzaba en ocasiones un insuficiente 10%- esta flamante edición del Festival Internacional Boreal 2017,  ha alcanzado un 59%. Pero más allá de las proporciones, esta consideración ha supuesto una marcada y patente feminización de los contenidos y propuestas; artistas de marcada temática feminista y femenina en el escenario. Y, por supuesto, siempre siguiendo la habitual pauta de calidad. Tomen buena nota del programa.

En esta edición, la organización optó por ir desgranado el cartel, su line up, despacio y a cuentagotas. En una estrategia de mantener a la audiencia pendiente y atenta al evolucionar de la oferta propuesta, en las actividades y en los artistas.  Aquí te enlazamos con el programa.  Como se puede apreciar, una oferta muy diversa en todos lo aspectos, y muy coherente con esos valores del evento. Desde la música africana más trepidante hasta sonidos de americana, desde Escandinavia hasta Venezuela. Desde Folk irlandés al argentino, capoeira y conferencias, moda, viajes… 

Este año volvió a incorporar, por segunda vez, zona de acampada. El Boreal es un festival muy «camper». Quizás por desarrollare en una zona de Tenerife de especial belleza, son muchos -créanme, muchos- los asistentes que se desplazan al festival con una caravana,

 furgoneta o vehículo camperizado (o convertido ocasionalmente en vivienda o, simplemente, en dormitorio). Aunque la oferta alojativa es amplia y variada -no sabría decir si suficiente-, muchos optan por la opción del camping. Al terminar las sesiones del festival, de alguna manera, empieza otro particular, modesto y humilde cerca de los lugares de baño. Gente alegre, generosa y dispuesta a pasarlo bien. Más música, comida y bebida. Todo lo necesario para que la fiesta se prolongue.

Fiesta de presentación

En esta décima edición, tuvo lugar una fiesta de presentación el día 7 de septiembre. Con el fin de ir calentando el ambiente,  se celebró  un concierto fiel al concepto de las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. En el escenario del Museo de la Naturaleza y el Hombre -perteneciente a Museos de Tenerife- el MNH, auténtica reserva cultural, educativa y de estudio y divulgación del patrimonio natural Tenerife. La artista elegida fue la sensacional Haley Heynderickx. La nacida en California y criada en Oregón dio un sencillo, genuino e intenso  recital donde cautivó con su voz, sus letras y su flamante ejecución a la guitarra.

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En Los Silos, día 1

La oferta musical del viernes día 15 se desarrolló en el Auditorio Isla Baja. Con escenario cubierto, amplio y con una platea sin butacas e inclinada. Los espectáculos allí suelen desarrollarse en un ambiente íntimo y con una puesta en escena sencilla.

La primera en actuar fue la argentina Luciana Jury. Llevó su repertorio y nuestra atención a pasear por el folklore argentino y del «resto de Sur de América«. Su manera de interpretar los gatos, milongas, bailecitos, sambas -hasta un «tanguito» sobre un tema de Raffaella Carrà- con una clara tendencia al desgarro más blusy y rock, la covierten en una artista intensa e inquietante.

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La soledad del escenario

A continuación actuó una sensacional e incomensurable Laura Gibson. En la única compañía de su guitarra y su sonrisa. Una presencia en escena apabullante. Desgranó su repertorio, limpia y pausadamente (agradecimos su esfuerzo por hablar en español, lo que ocasionó varios momentos de complicidad con el público). Guitarra pesada y entonación angelical. Disonancias vocales y arpegios. Su proximidad al más clásico Dylan, su paso a la ligereza de Suzzane Vega y a un sinfín de referncias a artistas cantautores actuales y de siempre. 

La entrada en el escenario del inclasificable Niño de Elche supuso un shock conmovedor. Un artista, una banda, con una propuesta única e inclasificable. Una característica que les libera de la asfixia de las etiquetas. Su sonido ecléctico con claros tintes flamencos rompió la norma en el auditorio Isla Baja y acabó por poner en pie al respetable. Por primera vez en lo que un servidor recuerda. Apoteósico, simplemente.

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Para acabar este día, actuó el DJ animador de Guinea Bissau Biru. Desempeñar el papel del que lleva a la tropa agitada y festiva a los acuartelamientos siempre es complicado. Este guineano hizo su trabajo con moderación, bajó del escenario, subió público a él. Una transición que no terminó de cuajar.

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Más música, día 2

El sábado 16, repuesto de tanta generosidad -a la que recomiendo encarecidamente que se den y se presten; se sometan- regresé a la Isla Baja. La oferta prometía, nuevamente, calidad y originalidad a partes iguales. 

Cuatro mujeres ya habían actuado: la caboverdiana Daisy Pinto, la islandesa Ólöf Arnalds, la española Sara Bernardo y la canaria Ida Susal

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En este segundo día, las actuaciones se fueron alternando entre los dos escenarios principales del festival: el Isla Baja y el principal y más grande Los Silos. Separados por unos 600 metros de calles, mercadillos y puestos de comida. Atracciones tentadoras. Exhibiciones de capoeira, fanfarrias… De todo. Cualquier cosa podía sorprenderte durante esos traslados.

En el escenario Los Silos actuó Cremilda Medina con su presencia insular, imponiendo  su halo macaronésico, joven y dinámico al toque popular  de sus composiciones. Frescura musical. El trabajo destacable del guitarrista que la acompañó. Sonrisas en el escenario y entre el público. 

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Luego le tocó el turno a los canarios ST Fusion.  Una banda de Jazz Fusion que, haciendo honor a su nombre, funden Jazz contemporáneo, Bossa Nova y hasta folklore japonés en un recital compacto y bien ejecutado. Todavía acuden a mi cabeza los sonidos de «funky tradicional de pescadores japoneses». Muy interesantes.

Nuevo cambio de escenario. Al llegar, pudimos experimentar una auténtica avalancha de fuerza, poder e intensidad. Otra mujer a los mandos. Fuerte, sensible y contundente. Petrificados ante el impacto y lanzados a «saltar y brincar por los aires». Unos músicos increíbles, desde la sencillez y la humildad habitual de muchos músicos africanos. Guitarras trepidantes -sin trastes- y marcados ritmos de bajo y batería. Y la voz y la fuerza de la cantante. Era la mauritana Noura Mint Seymali. Se nos antonjó complicado mantener el nivel de esta artista. Pero se mantuvo, ya lo creo.

Una sorpresa

María Arnal i Marcel Bagés, catalanes, merecieron una consideración aparte. Aún no nos hemos repuesto de esta propuesta de doble filo. El filo de la sutileza en la forma, de lo verdaderamente estremecedor de una voz única en la escena junto a unas guitarras y efectos auténticamente sónicos. Referencias folclóricas y postindustriales en el mismo envase. Y el filo de lo contundente de las letras, del no olvidar nada de lo sucedido y no resignarse. De lo rebelde y de lo romántico. El auditorio isla baja enmudeció primero y estalló de júbilo después en respuesta a esta oferta. Un lujo.

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Llegó el turno de La Vida Bohème. Los ganadores de varios premios Grammy Latinos agilizaron la velada. Después de la mauritana, en ese escenario, parecía imposible que nada volviese a arder. Estos venezolanos lo quemaron. Su trepidación, sus tablas y su mezcla mestiza de estilos, hicieron las delicias de un público que, quizás por la histórica conexión Canarias-Venezuela, conocía todas las letras, los temas, su música. Más saltos y baile, potencia en escena.

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Un momento de descanso antes de la clausuara lo pusieron los irlandeses The Jason O’Rourke Trío. Aires tradicionales celtas y con algún aroma francás también. Conexión con el público que bailó en el Isla Baja. Suavidad, guitarra, concertina y violín. 

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Otro paseo, una caña y corriendo al escenario Los Silos. GAF y la Estrella de la Muerte a punto de entrar en escena. Los canarios prometieron un espectáculo acorde con la naturaleza del festival y su público. Y cumplieron. Temas de trabajos anteriores, más instrumentales, cíclicos y profundos. Contundencia de una banda que sabe hacer lo que hace como nadie. La recuperación del tema Yannakis, un clásico de la banda. Y el cierre con un tema de su próximo trabajo, como adelanto. El público sorprendentemente dispuesto y entregado. Un merecido slot en la programación para una banda de envergadura que no decepciona.

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El senegalés Ibaaku, con su peculiar presencia, tuvo el honor de cerrar el festival. Sus mezclas y propuestas musicales, sutiles y delicadas. Con carácter y elegancia, eso sí. Poco a poco nos fuimos relajando hasta la despedida y cierre. 

Conclusiones

Sobrevivimos. El festival fue intenso, potente y gratificante. Lo mismo que los participantes; arriba, detrás y delante del escenario. Gran parte de la responsabilidad de este hecho se la lleva el equipo de producción. No debemos olvidar que el Festival Internacional Boreal 2017 es un evento de acceso libre y gratuito. Esta variedad en la oferta a coste cero no es posible sin la participación grande y variada de entidades colaboradoras que aportan los medios para que esta actividad tenga lugar. Reconocemos el esfuerzo de cada uno de ellos y la ardua tarea que se nos antoja que es el gestionarlos conjuntamente.

Son, para nosotros, la internacionalidad y la búsqueda incansable de nuevos contenidos, algunos de los valores más representativos del Festival Internacional Boreal. Especialmente nos entusiasma ese giro hacia «valores Dirty» que hemos advertido en las más recientes ediciones. La inclusión de Matthew Logan Vasquez en 2016 y de Laura Gibson o GAF y la Estrella de la Muerte en 2017 son una muestra de a lo que nos referimos.

La décima edición.  Esto no es flor de un día. Personalmente, tengo claro que si sigue esta línea, siempre que conjugue este verbo en este difícil tiempo verbal, lo conseguirán. Y se podrá decir en voz alta: el Festival Internacional Boreal nos hace un poco mejores, un poco más felices. Y si no, vengan y compruébenlo por ustedes mismos a la próxima edición.

 

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