Magnetix, en el reino del Fuzz

Buscando emisoras de radio en el coche salta un reportaje sobre vocaciones religiosas en España. Esa distorsión en la noche urbana ya es fuzz, en cierto modo. No está la gente para tonterías, que todas las montañas de Alicante están nevadas y no puedes sacar las manos de los bolsillos ni para sujetar el cigarrillo.

Magnetix, Alicante 2018 (08)

Los Federales, aguerrido dúo local, empiezan justo cuando franqueamos las familiares puertas de la sala Stereo. Calientan el ambiente a base de disparos de adrenalina que, cronómetro en mano, rara vez superan el minuto y nunca llegan a dos. Nunca es nunca. Los mensajes son directos: el título de la canción repetido muchas veces a toda velocidad (“Pon tu cuerpo en llamas”, “Triple traición”, y así unas cuantas).

En un visto y no visto han tocado una docena o más y se van, dejando su lugar a Looch Vibrato y Aggie Sonora, “looos magnéeeeticoooooos”, que es como él se presenta. Parecen franceses y es lógico, porque son franceses. Vibrato, con su boina y su bigotillo francés, con sus gafas negras de superhéroe de Marvel y su camiseta con la Z de El Zorro, es todo un personaje que recorre con sus seis cuerdas y sus diez dedos todos los caminos del ruido.

La otra mitad de Magnetix, Sonora, crea a la vez un fondo atronador en el que los ritmos se hunden y se elevan superponiéndose a la tormenta que no deja resquicios. Es gracioso verla mover las baquetas como abanicos, flotando un instante antes de desplomarse en el interior de ese estruendo que brota en torno a ella.

A veces se detiene: todas esas veces que Vibrato conjura el ruido en los pedales y llena el espacio de sonidos inarmónicos, hirientes, afilados. Acaba tres cuartos de hora después, más o menos, en el suelo del escenario sacudiendo su guitarra a gorrazos que arrancan de sus cuerdas un último lamento, una secuencia final de alaridos que se pierden bajo las luces rojas de la sala, ese infierno luminoso y efímero en el que ellos han reinado esta noche.

Fotos y vídeo por Juan J. Vicedo.

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