Brigantia y su Mar de Espigas

El Folk a vuelto….puede que nunca se haya ido del todo y estuviera agazapado, como una semilla para resurgir cuando las condiciones fuesen más favorables; aunque ni antaño ni en el presente sean estilos que llenen estadios y rompan las listas de éxito, más bien esta dirigido a un publico minoritario y entendido, salvo alguna sorpresa muy puntual; pero eso si, en esta vuelta, el folk añejo, el de antaño, ese de botella de anís y cucharilla, ese de pringue de chorizo con tortilla de patata en la Era, todo ello regado con vino de pitanza, a dado paso a un folk más sofisticado, de Paté de Fuá acompañado con embutidos ibéricos y todo ello sumergido en unas cuantas botellas de La Planta.

Brigantia y su Mar de Espigas 2018

Brigantia es algo parecido, música con reminiscencias populares envueltas en un bonito papel de celofán, que le da una muy buena imagen y entidad; empezando por su nombre, que viene de una leyenda donde desde una torre en la ciudad del mismo nombre se podían divisar las costas de Irlanda, distantes a más de 900 Km. Algunos dicen que esa torre podría ser, ni más ni menos, la Torre de Hércules, que los romanos reconstruyeron en el siglo I y la ciudad, claro, sería La Coruña.

Brigantia y su Mar de Espigas.1

Daniel Vallejo, a la mandolina y una especie de flauta, ¿Sopilka?; María San Miguel, violín y Sergio Arconada a la guitarra forman este trió cuya música ellos denominan «aero-folk instrumental vallisoletano dedicado a acariciar la música», y que en un escenario singular, no tanto en belleza como en lo que representa, el Paraninfo de la Universidad de Derecho de Valladolid, presentaron su primer trabajo «Mar de Espigas»(2017) y de paso nos enseñaron algunas de las canciones que entraran en su segundo trabajo, en especial un tema con el que cerraron el concierto y que fue de lo mejor de la tarde y que augura un trabajo interesante.

Brigantia y su Mar de Espigas

En la sala se podía ver a algún que otro niño con sus padres, y es que como señala María, «llevad a vuestros hijos a ver conciertos (no sólo didácticos)! Es la mejor educación musical que podéis darles», y si, encima compran discos, pues hasta, a lo mejor, la música tiene solución.

Texto y fotos Jesús Díez.

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