«The Who». You «Vedder» You Bet. The Seattle Connection

El pasado sábado 22 de Octubre tuvimos la suerte asistir al concierto que ofrecieron The Who en el Climate Pledge Arena (antiguo Key Arena) de Seattle, Washington. Muchas cosas ocurrieron esa noche, primero todo lo que remueven The Who en sus actuaciones y después el encuentro con Eddie Vedder entre el público para comentar lo que ocurría sobre el escenario. Todo ello ha dado pie a estas líneas y reflexiones que queríamos compartir con vosotros.

Vamos por partes. Se habla mucho, y en justicia, de The Rolling Stones, pero The Who (o lo que queda de ellos: Pete y Roger) están a la altura de sus majestades, en cuanto a repertorio y ejecución. «Cuatro esquinitas tiene mi cama y cuatro angelitos que me la guardan». Y esos han sido siempre Pete Townshend, Roger Daltrey, John Entwistle y Keith Moon. Ellos y las oraciones que me enseñaron, todos esos rezos que se han convertido en himnos de muchas generaciones desde los 60 hasta la fecha. Unos tipos que no estaban a la sombra de nadie, que llevaron desde el principio la elegancia por bandera y que se sacaron de la manga toda una ola de rock moderno al que alguien le puso la etiqueta de Mod. Y es que si Keith Moon no era la definición perfecta del rockero, no sé quien puede serlo. Un juerguista incorregible que dejaría a la altura del betún a Keith Richards y compañía, con sus borracheras infinitas, sus habitaciones de hotel destrozadas, sus conciertos incendiados y unos excesos que le llevaron a una muerte prematura y a no dejar un cadaver excesivamente bonito. Al carro Mod se subieron, The Jam, los Small Faces, Faces y sus Rod Stewart, Ronnie Wood, y cómo no, el maestro Ronnie Lane. Analizando esos nombres y su momento en el tiempo, quizá sea al revés y los Stones le deban algo a los Who, ¿verdad?

Analicemos por alusiones la relación entre Pete y Ronnie Lane. Dos amigos que unían con una línea invisible dos bandas que marcaban el ritmo de toda una época. No en vano juntos se marcaron aquella maravillosa loncha bajo el nombre de «Rough Mix». Años más tarde (en 1999), el sempiterno Pete publicaba un álbum benéfico en directo desde el House Of Blues de Chicago en el que rescataba el tema más conmovedor de aquella colaboración con Lane. Ese tremendo «Heart to Hang Onto». Y adivinen con quién tocaba y cantaba ese tema a la limón. Pués ni más ni menos que con el bueno de Vedder. Todavía recuerdo vigilar las desconexiones de aquel ordenador toda la noche para poder descargar de un FTP perdido y con un módem de 56k los cinco megas que ocupaba aquel fichero mp3 que tantas buenas tardes me ha dado. El documento visual no tiene precio, pero os animo a que escuchéis el sonido de la producción en CD

Pero aquel no fue el único tema que se marcaron juntos. Para el recuerdo también queda una versión del «Magic Bus» que llevaba la garra de Vedder impresa.

Empezamos a entrever una relación, la de Pete y Eddie, que se ha ido cimentando y fortaleciendo con el paso de los años. Vedder tuvo una infancia atormentada por el descubrimiento de que la ausencia de su padre no era tal. A quién Eddie consideraba muerto o desaparecido, era en realidad alguien referido como un tío o amigo lejano de la familia que pasaba a verle de vez en cuando. Mientras, pasó su infancia con un padrastro y con una madre que le ocultó la verdad hasta el momento en que realmente murió su progenitor. Eso fue lo que inspiró a Eddie para escribir la letra de «Alive» sobre una de las melodías que le mandaron desde Seattle los que luego serían sus compañeros de banda: Jeff Ament y Stone Gossard. Esas cintas que viajaron desde la capital del estado de Washington y que hoy conocemos como las Momma-Son Tapes por el nombre que se le da a la trilogía que componía la música de esos tres temas a los que Eddie puso letra: «Alive» – «Once» – «Footsteps». Este último, «Footsteps» de idéntica melodía a la que cantó Chris Cornell bajo el nombre de «Times of Trouble» en el álbum the Temple of the Dog que reunía a miembros de Pearl Jam y Soundgarden. La mezcla de ambas canciones es una fricada, hecha por los fans, que merece la pena escuchar porque te pone los pelos como escarpias.

Pero ahora volvamos a la relación entre Pete y Eddie. Vedder considera que Townshend le salvó la vida. En aquellos difíciles años en los que coqueteaba con la idea del suicidio empezó a escuchar de modo obsesivo a The Who. Sus letras, sus armonías, el significado de aquellas canciones despertaron el lado bueno de Eddie y expulsaron a su dragón. Decidió que su camino estaba en la música y se propusó seguir a Pete como a un ídolo redentor para emularlo y llegar a lo que él consideraba grandiosidad. De ese modo es como llegamos a otro hecho crucial de nuestra historia. Algo que ocurre en el tercer disco de estudio de Pearl Jam, «Vitalogy». Allí reside un tema clave para entender el cuento. Una canción llamada «Pry To» que en su sentido de reproducción original no expresa nada coherente y que, sin embargo, al reproducir del revés hace sonar una frase que reza: «Thanks Pete Townshend, I will save my life».

Desde entonces Pete y Eddie son más que amigos. Y allí donde hay un show the The Who, si Eddie está cerca, no dudéis que saldrá a tocar con ellos un par de temas. No fue así la noche de nuestro concierto en Seattle donde parecía cantado que, al ser local, Vedder aparecería en el escenario. Eddie estaba entre el público, cerca de nosotros. Y a pesar de que a buen seguro Pete le invitó a subir, Eddie rechazó la oferta porque había alguien mucho más importante en el público para él, alguien con quien quería disfrutar y comentar al concierto, alguien que ahora es también fan de los Who. Esa persona tan importante para Eddie es su hija Olivia con la que ya compartió la banda sonora de la última maravilla de Sean Penn, ese «Flag Day» en el que Olivia Vedder interpreta el tema de apertura: «My Father’s Daughter».

Eso fue lo que nos dijo Eddie cuando charlamos con él después del concierto. Prefería disfrutar junto a su hija, en lugar de correr al escenario para cantar con Roger y Pete como tantas otras veces ha hecho. También es de casi todos conocido que la adoración de Vedder y de Pearl Jam hacia los Who se extiende a las versiones que de sus temas realizan al final de algunos de sus conciertos. Desde el 92 vienen versionando regularmente el clásico de «Quadrophenia», «Baba O’Riley». Podéis buscar en youtube cualquiera de las versiones que se han ido sucediendo con los años.

Está claro que Neil Young es el padrino del grunge y que su relación es especial con Pearl Jam en concreto. Recordemos también el disco que Neil público en el que los músicos de la banda eran Pearl Jam. Curiosamente un disco en el que Eddie Vedder no tenía protagonismo. Neil llegó a girar con el resto de la banda y Eddie no estaba. El disco era «Mirrorball», y Pearl Jam se sacó de la manga un spin-off del mismo en forma de single con dos temas. En ese «Merkin Ball» estaban «I Got Id» (también conocido como «I Got Shit») y «Long Road». Pero con todo y eso, el tío Neil creo que no es tan importante para Vedder como Pete y los Who. Rara es la noche en una actuación de Pearl Jam en la que Eddie no emula el característico giro de brazo en plan remolino que hace Pete para aporrear su guitarra. La otra versión destacable que Pearl Jam hace de los Who es el «Love, Reign O’er Me», que apareció como tema principal de la película de Adam Sandler, «Reign Over Me», así como en uno de los Xtmas Singles con los que la banda obsequiaba a sus fans. 

Volviendo al show que nos ocupa de los Who en Seattle la semana pasada. Ambos temas «Baba O’Riley» y «Love Reign O’er Me» sonaron esa noche con la misma potencia con la que Roger y Pete los descargan siempre. Esta vez ante la feliz mirada de un Eddie que disfrutaba desde el público, cantando y bailando como uno más. Vedder era un niño más con nosotros gozando de las melodías de la banda inglesa:

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The Who estuvieron en Seattle 2 horas y 10 minutos sobre el escenario. El formato del concierto fue espectacular ya que la descarga se hizo en su mayoría acompañados por la Orquesta Sinfónica de Seattle y por los directores de orquesta y violín que lleva la banda propios. Es el único modo de reproducir de un modo fidedigno algunas partes de las operas rock que Pete Townshend compuso. En este caso la parte inicial del concierto se centró en esa maravilla que es «Tommy». Como decían al comienzo de la peli «Casi Famosos»«Escucha Tommy a la luz de una vela y verás todo tu futuro». Y no se quedaba corto el guión de Cameron Crowe. Escuchar, entender y disfrutar Tommy es una experiencia divina. Y así de Tommy nos obsequiaron con: «Overture», «1921», «Amazing Journey», «Sparks», «Pinball Wizard» (sin Elton John, pero poco le faltó porque el Sir hizo su versión del tema cuatro días antes en el cercano Tacoma Dome), «We’re Not Gonna Take It», «Who Are You», «Eminence Front» y «Ball and Chain».

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La parte central del concierto atacaron temas sin la orquesta, que cedió a los músicos de la banda todo el protagonismo para tocar entre otros «You Better You Bet», «The Seeker» (mi tema favorito de los Who desde que Kevin Spacey se echó a correr sonando de fondo en aquella maravillosa «American Beauty» de Sam Mendes), «Won’t Get Fooled Again», y «Behind Blue Eyes». Todos ellos con una fuerza descomunal, como si fueran los 70. De hecho Pete comentó que sus temas nunca habían sonado tan bien como esa noche debido a la incomparable acústica del recinto. Y es que la empresa de Jeff Bezos (Amazon) echó el resto en la remodelación y construcción sobre la base del antiguo Key Arena.

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Para cerrar la noche le tocó el turno a otra opera rock y la orquesta subió de vuelta al escenario para meterse de lleno con los temas de «Quadrophenia». Y así se nos saltaron las lágrimas con esta cadena de maravillas: «The Real Me», «I’m One», «5:15», «The Rock», «Love, Reign O’er Me» y «Baba O’Riley». Estos dos últimos fueron los temas en los que yo miraba a Eddie con la convicción de que saldría disparado hacia el escenario para gritarlos. Pero no, Eddie se mantuvo «fiel» a su hija.

Más recientemente, una semana después de su actuación en Seattle, el pasado 29 de Octubre, The Who actuaron en una residencia privada de Pacific Palisades (California) en apoyo de la iniciativa benéfica Who Cares: Teen Cancer America que la banda promulga. Una iniciativa americana del Teenage Cancer Trust que ya llevan años impulsando en el Reino Unido. Una noche muy especial en la que participaron artistas de la talla de Green Day, John Fogerty y Billy Idol. Pues bien, adivinad quién salió con Pete y Roger a tocar «The Seeker». ¡Bingo! Una vez más, nuestro amigo Eddie Vedder.

Mirando al pasado, encontramos a Eddie cantando con Pete y Roger otros temas como el clásico «Let’s See Action», pero ya os digo que la lista de veces en las que han estado los tres juntos sobre las tablas haciendo himnos es interminable.

Volviendo a Seattle, fue una noche maravillosa, inolvidable, musical y sentimentalmente. Lo que Pete y Roger hacen sobre el escenario con 78 años es de otro planeta. Sienten el rock como si tuvieran 20 años, les corre por las venas una rabia incontenible que siguen contagiando al público después de 50 años sobre las tablas. Esa es la verdadera Rock Attitude que muchos jóvenes contemporáneos no son capaces ni de vislumbrar a lo lejos. Es una pena, pero nos estamos quedando sin referentes realmente rockeros, aquellos de la vieja escuela, los que los emulan ya son sombras porque no han mamado ese sentimiento, ni esa rabia y mucho me temo que las baterías no les van a durar tanto porque no venían de serie. Y qué pasará cuando tampoco estén los Pearl Jam y compañía. ¿Se nos acabará el mundo del rock o nos queda algún «mesías»?

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Volviendo a la noche autos. Ahí no terminó la historia. Cuando se encendieron las luces y los Who se fueron al backstage, nos acercamos a saludar a Eddie. Vedder es un tipo pausado y sosegado, se le adivina un halo de «endiosamiento» en el primer contacto. Pero sinceramente creo que es una coraza protectora para la cantidad de gente que se aproxima. En cuanto empezamos a charlar sobre el sonido del arena, los temas que tocaron y la vitalidad de los Who, se le bajó todo. Se comportó como una personas normal charlando de un concierto que le había encantado. Nos contó por qué no había subido a cantar hoy y tras esa agradable conversación se excusó para acercarse al backstage a saludar a sus ídolos del mismo modo que estábamos haciendo nosotros con él. Antes de despedirse nos preguntó si necesitábamos algo más y le pedimos que nos firmara, como souvenir, una de las cartas de baseball conmemorativas de los conciertos del 2013 en el Wrigley Field de los Cubs de Chicago, ciudad natal de Eddie.

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Este año hacía 20 años de mi primera visita a Seattle. Aquella primera estancia en la ciudad esmeralda la realizamos con motivo de cuatro conciertos consecutivos de Pearl Jam. Los dos primeros en la mítica sala Showbox de la Primera Avenida. Dos conciertos «secretos» en los que presentaban su «Riot Act» ante una audiencia realmente reducida de 1000 personas. Llegamos a la puerta del garito sin entrada, pero tuvimos la suerte de coincidir con la manager de gira de la banda que nos regaló tickets para sendas noches como agradecimiento a la paliza que nos habíamos pegado para llegar a los bolos desde España. El primero de los conciertos fue una noche memorable, pero musicalmente la más floja de las cuatro en Seattle. Se notaba que la banda estaba calentando y muchos de los temas nuevos todavía no los habían tocado en directo. Esa noche, tras la actuación, nos encontramos con Mike McCready (guitarrista de Pearl Jam) entre el público. Le saludamos, él nos preguntó de dónde veníamos y qué nos había parecido el show. A mí se me cruzó un cable y decidí ser sincero: «Mike, esta noche la cosa ha estado un poco floja, la verdad. Os he visto muchas veces en directo, pero se nota que el disco nuevo de momento está un poco frio». Mis colegas me miraban con cara de incredulidad y en ese mismo momento pensé lo gilipollas que era por decirle eso a un tipo de la categoría de Mike, ¿quién diantres era yo para cuestionar su actuación?. Pero para mi sorpresa Mike no sólo valoró la sinceridad, sino que me dijo que tenía razón y que si venía la siguiente noche, vería cómo sonaban mucho mejor. Y así fue, de hecho quedó documentada en ese maravilloso DVD titulado «Live at the Showbox». Las dos otras actuaciones para completar el cuarteto de conciertos fueron ya en formato multitudinario en el mítico Key Arena (actualmente remodelado y conocido como Climate Pledge Arena), como os podéis imaginar noches memorables.

Seattle

No era mi primer encuentro con Eddie Vedder. He tenido la suerte de cruzarme con él tres veces ya. La primera fue en 1996, al día siguiente del concierto de Pearl Jam en Anoeta. Me crucé con Eddie en el puerto de San Sebastian y me paré para charlar sobre la noche anterior, y en especial sobre el tema «Footsteps» que antes hemos mencionado y que tocaron en el 96 en Donosti. Estuvimos hablando del valor que tenía para el público europeo un tema «menor» y que además compartía la melodía de la canción en el disco de Temple of the Dog. Con las mismas charlamos sobre Chris Cornell y le confirmamos que Europa no debería ser un sitio únicamente para conciertos de grandes éxitos porque hay muchos fans que apreciamos otras joyas de la banda. Nos distrajimos charlando y se nos pasó hacer la foto de rigor. Aún recuerdo cómo corría mi amigo Sergio hacia la tienda de recuerdos más cercana en busca de una de aquellas cámaras de carrete desechables (seguro que más de uno sabéis de lo que hablo, ¡eh!). Recuerdo aquella moneda de 500 pesetas estrellada contra la mesa mientras mi colega decía: «Una cámara ¡YA!». Con las mismas seguimos el rastro de Vedder hacia el casco antiguo. Estaba en un estanco comprando tabaco de liar. Le dijimos que se nos había olvidado la foto y pensamos que nos mandaría a freír espárragos por pesados. De hecho dijo que no, pero para nuestra sopresa era un no al lugar de la foto. Nos dijo que teníamos que buscar un lugar más chulo para hacerla y nos dirigió hacia el escaparate de una tienda de tablas de surf. Nosotros flipamos, evidentemente. Luego le ofrecimos una postal promocional del «No Code» (disco que venían a presentar por aquel entonces) y amablemente nos firmó a los dos. En la mía puso un «Gracias» como guiño al idioma.

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La segunda vez que me crucé con Eddie fue en un pueblecito de la Toscana. Pistoia era una de las paradas de su gira Italiana en 2006. Gira que hicimos religiosamente un grupo de colegas españoles. En aquella ocasión Pearl Jam tocaba en la plaza del pueblo. Típica plaza italiana con construcciones palaciegas, memoriales y magnas. Una preciosidad de entorno. Decidimos quedarnos en la plaza, mi colega Victor y yo, justo cuando empezaban a desalojar a la gente para preparar el concierto y controlar los accesos. Le dimos la vuelta a nuestras camisetas para ocultar las leyendas de la banda y que nos nos reconocieran cómo los fans que éramos. Nos queríamos hacer pasar por roadies, pero cuando nos preguntaron se nos ocurrió la brillante idea de decir «Biglietteria». Y así es como, de pura chiripa, nos hicimos pasar por empleados de la empresa de venta de entradas. Todo esto nos habilitó para asistir a la prueba de sonido de la banda, pero sobre todo para ver cómo Eddie bajaba del escenario al terminar y se dirigía hacia nuestra ubicación. Allí estaba el fotógrafo Danny Clinch. Encargado de documentar y dirigir aquella gira italiana de la banda en lo que luego sería un documental que vería la luz bajo el nombre de «Immagine in Cornice». Pues bien, Eddie se dirigía a rodar las escenas que luego se ven el documental mientras barre la zona de la campana de la torre. De hecho esa es la portada de la cinta de Clinch. Antes de subir a la torre se paró a nuestro lado para hacerse fotos con nosotros y firmarnos las entradas. En ese momento viene un punto de inflexión en la historia. Siempre me rondó hasta la fecha la obsesión de escuchar en directo un tema de Pearl Jam que me vuelve loco. Una canción que salía en la banda sonora de otra película de Cameron Crowe, Singles. En aquel metraje Crowe documentaba perfectamente con música e imágenes la escena grunge del Seattle de los 90. El corte al que me refiero es «Breath», compuesta para la película junto con «State Of Love an Trust», otro himno. El caso es que me acerco a Eddie y le digo: «Eddie, hay un canción que me encanta y que nunca os he escuchado tocar en directo, es Breath». Ni corto, ni perezoso el bueno de Eddie abre su cuaderno, ese que siempre lleva encima para anotar ideas y bocetos inspiradores de nuevas composiciones, y me dice: «Ah yes, Breath, Breath», mientras la apunta cuidadosamente en el cuaderno dejándola subrayada. Nos despedimos agradecidos y ahí quedó la cosa. La sorpresa llegó cuando, en mitad del concierto, Eddie se arranca y dice en una mezcla de español con acento italiano: «Eh, cómo se dice?…this is a request» y se comienzan a tocar «Breath». Imaginad cómo estaba yo en aquel momento. Disfruté aquel tema como pocos otros en directo y tengo la suerte de haber compartido la experiencia con uno de mis mejores amigos, así que nunca lo olvidaremos. Podéis ver el vídeo de ese Breath dedicado aquí.

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Esta ha sido la historia, no solo de un concierto o de una noche, sino de sentimientos y experiencias en torno a The Who, su conexión con Seattle y en concreto su relación con Vedder y mi modesta experiencia con Eddie, con Pearl Jam y como fan de los Who. Espero que hayáis disfrutado tanto como yo de este «viaje». Salud!

Texto, fotos y vídeo: Javier Naranjo

 

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