Tindersticks. En cualquier ciudad, en cualquier tiempo

   Un aplauso rápido y cálido advierte de que los cinco componentes de Tindersticks entran a ocupar su pulcramente dispuesto y amplio escenario donde inquietos aguardan cables, pedales, piano, una batería modesta, cachivaches percusivos, triángulo incluido, bajo eléctrico, y más de media docena de guitarras.

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   Sobrio en su indumentaria, apenas un sombrero y un gabán lo mismo de zíngaro que de
judío errante, cabe imaginar a Stuart en una taberna marinera con unos papeles mojados y
una pluma anotando versos que huelen a fado y a metafísica. La sobriedad en la
indumentaria de todo el grupo nos lleva a la intimidad de cualquier ensayo, en cualquier
ciudad, en cualquier tiempo, de unos enamorados de la música que, a su pesar, se vieron
destinados a llenar teatros allá por los noventa.

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   Hay una mirada en las canciones de Tindersticks al ser de las cosas que recoge el fenómeno
y asiente. La belleza se instala en complicidad con el silencio, su mayor aliado, cortesía y
respeto a lo nouménico que obliga sádicamente al público a elevarse en una alfombra
sónica de sonámbulo trenzado flotando por encima de los artilugios electrónicos que
inundan la sala con un sonido cristalino que, de forma delicada cual diapasón nietzscheano,
acaba en tablas gracias a la voz de aufhebung de Stuart, hechicero, crápula, sufriente,
hedonista y en momentos jondo cantante de voz nasal, gutural y grave.

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   El nivel de concentración es máximo entre los músicos. El batería de color Earl Harvin
originario de Texas maneja las baquetas con magia y precisión, supura jazz de embriagador
hechizo y precisión metronómica.

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   Neil Fraser atraviesa océanos eléctricos con los pedales, transmuta los espacios como un
maestro del attrezzo, cual Durruti Column, mediante un uso como de fragua de Vulcano de
sus largos dedos sobre el mástil y su pie derecho que percute desde la bota el suelo, como
un instrumento más, marcando el ritmo.

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   David Boulter hace que los órganos generen atmósferas con tal discreción que sus
delicadas y huesudas manos se hacen invisibles en su entrega desinteresada al conjunto,
siendo en cambio pieza esencial de la composición y de la frescura del todo.
   Dan McKinna (jefe de estudios académicos en un instituto de Brighton) da una lección de
versatilidad, lo mismo al xilofón que al bajo o al piano, entregando confort, pasión o
vehemencia cuando la cosa lo solicita.

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   Y la voz que serpentea de Stuart Staples, ora Bowie ora Cohen, ora Bauhaus, ora Blue Aeroplanes,
ora Amália, ora Tim Buckley, sin animoso protagonismo, siendo-estando, ensamblado
como la nube de un Constable al azul y a la luz que golpea la esclusa del río Stour.

   En los últimos años el repertorio de sus conciertos tiene como núcleo central su hermoso
álbum de 2019 «No Treasure but Hope». No hace falta recordar a nadie el infierno global que se
vivió a continuación y sus consecuencias. Este disco estremece, escuchado ahora, una vez
sacamos, por fin, el hocico de nuestras guaridas, acechantes y temerosos, temblando, hacia
la vida con mayúsculas, esa que nos espera a la vuelta de la esquina, con una caricia, un
abrazo, un roce, un “qué puta suerte tienes, tío”, y tú sin saberlo.

“Sentí que necesitábamos poder hacer algo significativo” 

   El concierto fue en un crescendo moderado hasta los bises. Al final, ocurre que sales como
en esas películas que veías en las salas de versión original, cuando al respirar el aire de
invierno sentías la vida acariciarte en una llamada hacia la identidad personal como energía
positiva tras las cenizas de un incendio. Un incendio de emociones que no son nada fáciles
de rastrear. Pero que son de tal importancia que se intuyen clave de bóveda para que el
árbol no se caiga. Y es que no hay mejor medicina que la belleza. Tindesticks forever.

«Just to feel, to love

To live, to try

To feel, to live

To love, to try

To feel, to love

To live, to try

To feel, to live

To love, to fly.»

(«For the Beauty». «No Treasure But Hope» (2019)

“Sin la presión de presentar un disco nuevo, la banda interpretará una selección de canciones de toda nuestra trayectoria. Estos conciertos en España serán los últimos de esta gira retrospectiva. Estamos emocionados por volver a entrar al estudio de grabación y empezar a trabajar en nuevas canciones tras la actuación de Madrid” 

Texto – Blanca Durán y Roberto Fernández

Fotos- Ana Hortelano

Video- Javier Naranjo

 

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