“El Túnel del Fuelle”, una exploración documental sobre las raíces de la Trikitixa

El cortometraje documental “El Túnel del Fuelle” (Hauspoa & Tunela, en euskera) ha comenzado a presentarse en sociedad, primero en el País Vasco y el pasado 27 de enero en Madrid. Está también prevista su emisión en ETB, la televisión autonómica vasca, y probablemente en plataformas audiovisuales.

La película, dirigida por Iñaki Pinedo y el músico Gorka Hermosa, explica los orígenes y difusión de la Trikitixa, estilo de música tradicional del País Vasco cuyo nombre procede de un pequeño acordeón diatónico cuyas raíces se remontan a finales del siglo XIX.

El título “El Túnel del Fuelle” funde los orígenes ferroviarios del instrumento con la génesis de su implantación en Guipúzcoa, con epicentro en la localidad de Zumárraga. Este acordeón diatónico llegó de la mano de trabajadores italianos a finales del siglo XIX; en concreto, fue en 1859, con llegada a Zumárraga de obreros italianos venidos para acometer las obras de construcción de la línea del tren Madrid-París.

El mestizaje cultural que siempre propicia el ferrocarril permitió una rápida aceptación de la innovación sonora entre la población local, acelerada por su acoplamiento con el ancestral sonido de los tradicionales panderos (pandereteras de la zona) para los bailes populares. El acta “formal” de nacimiento de la trikitixa se sitúa en 1920, en la casa donde vivió el italiano Juan Bautista Busca, un hombre que llevaba consigo un pequeño acordeón y lo tocaba en el Bar Euxebio cuando llegó a Zumárraga para horadar el túnel ferroviario.

El primer grupo estable de trikitixa conocido fue la Trikitixa de Zumárraga, que permanece activo un siglo más tarde. También logró ser el primer grupo que grabó un disco de Trikitixa, en 1924 (con Columbia Records). La escasez de otras grabaciones en la época, sumada a la puesta en marcha de las primeras emisoras de radio, contribuyeron a que este álbum seminal alcanzara una resonancia enorme que llegó a todos los rincones del País Vasco. En el cortometraje se narra el viaje de esos acordeones desde los bailes locales (vistos con enorme recelo por el clero) hasta los más prestigiosos auditorios de todo el mundo, como la Filarmónica de Berlín.

Una cualidad sobresaliente de la trikitixa es su versatilidad. El acordeonista Gorka Hermosa, que ha escrito siete libros sobre el acordeón y difundido por todo el mundo sus sonidos, ha introducido el instrumento en el flamenco (actuando en el teatro Villamarta para el Festival de Flamenco de Jerez), la música africana o el jazz (ha grabado con Paquito D’Rivera), entre otros muchos géneros, incluida la música vasca, por supuesto. Considera que el acordeón “son mis cuerdas vocales”. Ha llegado incluso a grabar con el músico cubano Silvio Rodríguez, con quien contactó junto al poeta Jon Maia para probar suerte a través de la web del artista caribeño, quien se sintió conmovido por sus composiciones y le envió la pista con su voz. Silvio Rodríguez jamás había grabado antes en euskera, pero le ayudaron algunos amigos vascos.

Gorka Hermosa señaló durante la puesta de largo que “somos lo que somos, porque la humanidad siempre ha estado moviéndose, somos nómadas y nos asentamos”. Explicó que es “hijo de extremeños. Vengo de Higuera de la Serena (Badajoz). Aterricé en el País Vasco en los años setenta. Estudié en una ikastola y nos acogieron muy bien. Más del 80 por ciento de los habitantes del País Vasco hoy día tenemos al menos un abuelo venido de fuera. Todos somos mezcla y lo seremos. Si por algo ha resistido el euskera, es porque hemos sabido acoger a los que han venido de fuera y eso es lo que nos ha hecho más fuertes. Ojalá los trikitilaris del futuro sean los hijos de los argelinos, de los pakistaníes, de los bolivianos…”.

Por el documental desfilan más de 20 testimonios de personalidades culturales vascas, como los escritores Bernardo Atxaga, Jon Maia y Toti Martínez de Lezea. También participan los músicos Kepa Junkera, Fermín Muguruza, Joseba Tapia y Garikoitz Mendizabal; los actores Jon Plazaola y Joseba Apaolaza, y los miembros de la Trikitixa de Zumárraga.

Este proyecto audiovisual ha ganado el primer premio en el Arjuntala Film Festival de la India. También estará presente en festivales de cine en Argentina, Colombia, Aragón y Asturias. El documental ha sido financiado con fondos europeos Next Generation a través del Ayuntamiento de Zumárraga, el propio Ayuntamiento que es cuna de la trikitixa, la Diputación Foral de Gipúzcoa y Caja Rural de Navarra.

Además de la proyección, en la presentación en Madrid de “El Túnel del Fuelle”, Gorka Hermosa ofreció un mini concierto con tres piezas de enorme calidad (una de ellas dedicada a sus dos hijas). En el posterior coloquio se sumó el actor y cantante Jimmy Barnatán, quien narró sus propias experiencias con la trikitixa.

Los dos directores son el propio músico Gorka Hermosa, quien confesó humildemente su bisoñez en materia audiovisual, y el realizador Iñaki Pinedo. El cineasta bilbaíno Pinedo ha dirigido siete documentales, como “Los Otros Guernicas”. Gorka Hermosa explicó su primera experiencia en el mundo del cine, si bien durante los últimos 9 años más de 60 orquestas de todo el mundo (Estados Unidos, China, Corea, Brasil, Turquía…) han interpretado sus composiciones. El acordeonista creció en el lugar exacto donde se encontraba el mítico Bar Euxebio, antes de ser derribad, justo el lugar donde empezó la historia de la trikitixa.

Como se indica en La Música Viaja en Tren (Sílex Ediciones), el “movimiento migratorio introdujo en el País Vasco la trikitixa bajo la reprobadora mirada del clero, que veía en ese instrumento una fuente de pecado por su capacidad de unir a hombres y mujeres en el baile. Uno de los grandes acordeonistas en activo es Joseba Tapia, toda una demostración de la capacidad de asimilación que mostró el folklore autóctono con este acordeón. Otro virtuoso se llama Kepa Junkera, que dedicó al ferrocarril su canción Erdiko Geltokia (La Estación Intermedia), y también lo maneja con maestría Eneko Dorronsoro, como se aprecia en el disco de Petti titulado Bonberenean Zuzenean. Algo de polka, vals o tangos respiran en estos instrumentos que no tardaron en fabricar por sí mismos los artesanos vascos”.

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