La gira mundial que celebra el 30.º aniversario del legendario álbum None So Vile (1996) de la banda canadiense Cryptopsy es un acontecimiento de especial relevancia para los aficionados al metal extremo de todo el mundo. En marzo estarán girando por U.S.A.
Pero el pasado 10 de febrero arrancaron su periplo por la península ibérica en la sala Wolf de Barcelona, después de pasar buena parte del mes de enero recorriendo clubs de U.K.
Puestas así las cosas, no es de extrañar que la promotora Madness Live colgase el rotundo cartel de sold out, acumulando un nuevo éxito ante la extraordinaria respuesta de un público que sabía perfectamente que iba a vivir la que, probablemente, sería la primera gran cita con el metal furioso y de alto octanaje de 2026.
El alcance de la expectación era tan alto que el merchandise ad hoc relacionado con la conmemoración de ese disco canónico superó las expectativas, y prácticamente toda la multitud congregada portaba una camiseta alusiva al mismo o, en cualquier caso, a la banda canadiense… (¡Incluso algunos artistas de las bandas teloneras!).
El clamor estaba en todo lo alto cuando la primera banda telonera tomó el escenario; sería la primera de hasta cuatro que ilustrarían la buena elección que los anfitriones tuvieron, ya que todas ellas figuran entre la primera división del slam metal y el death técnico y melódico, sumando en algunos casos una buena dosis de grindcore.
Y entonces comenzó el espectáculo:
CORPSE PILE
La actuación de los texanos Corpse Pile irradió algo inquietante pero tremendamente placentero, con un set agresivo matizado por reivindicativas arengas anticapitalistas y una disidencia frontal contra las políticas del actual presidente de su país, Trump: la estigmatización de la sexualidad LGTBI, las redadas represivas del ICE o, con mayor énfasis, la dura situación de los blue collars y las clases menos favorecidas, que fueron aludidas con gritos de orgullo de clase obrera.
Musicalmente son una prometedora banda que en directo multiplica la excelencia del slam death metal canónico que, añadiendo una buena dosis de beatdown hardcore, araña los himnos vengativos, antirreligiosos y subversivos de su más reciente disco, In The Beginning… (2025). Su concierto fue una incisiva reflexión sobre el sombrío panorama sociopolítico actual, que sumó staccatos de música intensa llenos de himnos vengativos y ráfagas de furia; una lectura de la génesis del sufrimiento de los oprimidos traducida al lenguaje de los sonidos extremos.
INFERI
Esta banda fundada en Nashville, Tennessee, se está consolidando como un firme exponente del death metal técnico y melódico del siglo XXI. Su show durante la velada conjuró el rapto de la luz muerta y resucitada en una dimensión épica de su prometedor nuevo álbum The Heaven Wept (que se publicará este 2026), con los himnos al “Mesmeric Horror” contenidos en su ya lejano Vile Genesis (2021).
Un cielo sin Dios que vomita la lengua con forma de horca de un carismático Stevie Boiser, hiperactivo y locuaz, siempre propenso a erigirse en figura flameante en un arco de músculo que conectaba el escenario con el público. Incitaciones al pogo compulsivo bien recibidas por la multitud y un regusto de suspense intencionado ante cada nuevo tema consolidaron una actuación memorable.
200 STAB WOUNDS
La banda más esperada de la noche después de los anfitriones, y sin duda la que merecería ser teloneada por las dos anteriores. Su culto se extiende por la escena extrema a pesar de que cuentan con tan solo dos discos, aunque estos son tan buenos que presentan la carne del death metal desde dentro, redefiniendo las entrañas del género en el siglo XXI.
Pero ellos tuvieron claro su papel en la gira, y este incluye una sincera devoción por la banda que los invita a girar por todo el mundo: esta devoción se traduce en su propia música y también en los atuendos escénicos de su vocalista y guitarrista principal, Steve Buhl, que desde los pantalones hasta las camisetas rinde tributo al inmenso None So Vile.
Un concierto que contuvo una violencia adrenalítica repleta de voces harsh y riffs de guillotina, con momentos de esplendor de la mano de su guitarra rítmica, Raymond MacDonald (a quien pude conocer una vez se vació la sala); un show intenso que presagia futuros éxitos cuando vuelvan a girar como protagonistas absolutos, con o sin teloneros.
CRYPTOPSY
El escenario refulge con una respiración eléctrica que brilla con los zumbidos de los flashes luminosos. Un toque de campanas infunde solemnidad desde la megafonía: es el arranque del tema “For Whom the Bell Tolls” de Metallica, que sonará entero antes de que dé comienzo la actuación de las grandes estrellas de la noche.
En el fondo de la sala, la descomunal batería de Flo Mounier está preparada para recibir el buen hacer del maestro que en breve va a desplegar un excelente festival de doble bombo con blast beat de excelencia.
Y, tras finalizar el tema, la banda toma el escenario entre un rugido unánime del público. El cantante Matt McGachy irrumpe con un convulso desfile de molinetes que emparenta sus cabellos con aspas de molino en forma de sierras mecánicas; desde el foso se percibe el goteo sudoroso que desprende su melena como corpúsculos volantes en technicolor. Su voz áspera comienza a relatar los capítulos intensos del espectacular None So Vile… ¡Qué suerte estar aquí!
Entre la eclosión de ese gran tumulto se escuchan pasajes intercalados de su más reciente álbum, An Insatiable Violence; el público los acoge con agrado, el mosh irrumpe de nuevo… Y todos estamos de acuerdo en que estamos viviendo una noche memorable que inaugura la temporada de metal extremo con matrícula de honor.







































