‘Tetrahedric Hellscape Cannon’ LP debut de SONS OF GULLIVER grabado en Muscle Shoals

El primer álbum de larga duración de Sons of Gulliver ya está fuera. Por fin. Llevaban casi dos años soltando pistas, sencillos, vídeos… teasing con temas más bien metalero y noventero, como “Desert Boogie”, “Nothing But Human” o “Feeding The Horse”, y no sabía muy bien hacia dónde iba esto.

Ahora sí lo sé.

Desde la primera escucha hay algo claro: groove, graves, y rock and roll. Ese tipo de ritmo que te mueve aunque no quieras. Y ahí entendí que quizá no estaban buscando un sonido nuevo, sino el que siempre habían querido hacer.

Porque no nos engañemos: mezclar influencias en una banda nunca es fácil. Aquí sólo son dos, sí, pero encontrar un punto medio cuando los backgrounds son tan distintos no tiene que ser sencillo.

Tenemos, por un lado, un hispano-argentino de Castefa (Dolphin Riot, batería), músico casi de culto en Europa, afincado en Texas desde hace media década, con devoción por el rock and roll y el blues de raíces. Por otro, un natural de Alabama (Justin Potter, bajo), criado escuchando el metal noventero y con un hermano que hoy es uno de los bajistas de sesión más respetados del sur de EEUU. Dos mundos. Dos acentos. Dos biografías que no parecen destinadas a confluir. Y sin embargo…

Quizá Sons of Gulliver todavía no te suenen. Pero llevan años con el respaldo de gente que no es precisamente amateur: Nicke Andersson (The Hellacopters), Fernando Pardo (Sex Museum) y Jimbo Hart (The 400 Unit). Poca broma.

ENTREVISTA DOLPHIN RIOT EN DIRTY ROCK MAGAZINE: https://www.dirtyrock.info/2024/06/una-conversacion-con-dolphin-riot-el-guardian-del-groove-en-sons-of-gulliver

 

Con todas esas tablas, no sorprende que eligieran los míticos FAME Studios en Muscle Shoals (Alabama) para grabar su debut. Si vas a registrar algo guapo, mejor hacerlo donde el aire ya suena a historia. La producción y la mezcla son impecables. Punto.

Lo que sí sorprende es el desvío respecto a lo que habían publicado antes. Hoy en día, la mayoría de la música “underground” (que es donde inicialmente hubiese posicionado a Sons of Gulliver y lo que parece ser que los sellos están buscando últimamente) es doom, metal, grindcore o algo que aspira a ser increíblemente técnico.

Pero esto no va por ahí.

Muy pocas bandas están haciendo lo que hacen ellos aquí. Y no sé si tiene nombre. ¿Qué llamarías a lo que hace Brant Björk? Desert-groove? Stoner rock? O, como yo suelo decir: “música de los dioses”?

Pues eso es lo que hacen Sons of Gulliver: rock and roll desértico con un rollo que suena a lo que habrían hecho Rage Against the Machine y Monster Magnet si hubiesen tocado en los 70 en vez de los 90. Groove. Graves. Y ese pulso constante, casi locomotor, que atraviesa TODO el disco. Sexy. Muy sexy.

Y recordemos: estamos hablando de solo DOS instrumentos (tres, si contamos la voz). Un bajo (una Flying V preciosa) y un “kit” (si puedes llamar “kit” a un bombo, una caja y dos rides). Ya está. Nada más. No hace falta más.

Tetrahedric Hellscape Cannon me parece una obra maestra. Cada escucha me convence más. Los dos han cuidado todos los detalles. Desde el rollo cinematográfico que se escucha y se ve en los videoclips que Dolphin se ha currado, el artwork, con esa sinestesia evidente en los colores que plantea Justin, hasta los temas instrumentales. La intro “FTS” (fuçk this sh!t) es guapísima. Y una forma muy inteligente de abrir el disco. El outro “End Transmission”, con ese guiño instrumental que rescata un riff de “Distorsion or Death”, cierra el círculo con un aire muy Monster Magnet. Y por fin la voz me encaja más. Más adecuada. Más consciente de su sitio.

La intro de “Dunes” es de lo mejorcito del álbum. “Vagabonds”, con esos graves sucios, casi nasty, me parece adictiva.

Y luego está “Earthbound”. Colocada justo en mitad del álbum. Nada es casual. Suena más hippie, más trippy de lo que esperarías de Dolphin, y tiene explicación: Justin la compuso con unos 16 años para su primera banda. Aquí Dolphin toca la conga y Jimbo Hart la guitarra. Es instrumental. Muy DunaJam. Y añade una textura cinematográfica que expande el disco hacia otro plano.

Es preciosa. Y sí, hay mucho psicodélico instrumental aquí. Pero yo necesito moverme. Si has estado en un bolo conmigo, lo sabes: bailo todo: heavy, metal, grindcore, stoner, garage. Y este disco es bailable de principio a fin.

Sons of Gulliver son reyes del groove. Y del breakdown. Escucha “THC” y “Headcleaner” y luego me cuentas.

Ahora bien: el único tema que no me ha terminado de volar la cabeza es “Headcleaner”. No sé si porque se aleja un poco del rock and roll más puro, o por la voz. Es un buen tema – los riffs son muy “Bulls on Parade”, el breakdown funciona y el final es una PASADA – pero lo admito: tengo una obsesión con las voces. Justin va encontrando la suya, sí. Pero el reverb aquí no me encanta.

La voz es un instrumento. Y como dice Dolphin, “una buena voz humana es lo mejor que hay”. Pero tiene que encajar. No quiero un sitar en mitad de thrash. Por eso nunca he conectado del todo con Jethro Tull (ni con sus clones españoles Ñu), por muy brillantes que sean. Tampoco me entusiasma la guitarra en el jazz. Ni George Benson ni Pat Metheny. Lo siento.

En “Headcleaner”, quizá habría descartado los tres primeros minutos, dejándolo como un tema instrumental. Es solo una opinión. Lo dicho, la base es sólida. Y viniendo de alguien que se autodenominaba “loser” (el proyecto anterior de Dolphin se llamaba Downtown Losers”) y de un millennial de Alabama, territorio orgullosamente “redneck”, el resultado sigue siendo notablemente inteligente.

Así es el disco: inteligente y lleno de influencias. El otro día vi un reel de otro todopodero, Zakk Wylde, explicando cómo “Miracle Man” para Ozzy era básicamente “Foxy Lady” pasada por su filtro. Decía algo así como que todo lo que aprendes se convierte en ingredientes. Lo doblas, lo retuerces, lo haces tuyo. Aunque no siempre seas consciente.

En Tetrahedric Hellscape Cannon las influencias están. (Sí… lo sé… tengo un problema con las asociaciones.) Además de RATM y Monster Magnet, percibo ecos de los cruces que hizo Tom Morello en pandemia. Esos graves que me recuerdan a “Rabbit’s Revenge”, aquella colaboración con Bassnectar, Big Boi y Killer Mike. Y los riffs de “THC” me traen a la cabeza “Electric Carve” de 1000mods (aunque sospecho que Justin probablemente no tenga ni idea de quiénes son porque si es un estadounidense de verdad, quizá ni sepa que Grecia existe).

Detalle curioso: “THC” se grabó en Muscle Shoals con el resto del disco, pero luego rehicieron las voces de Justin en casa de Dolphin. Y eso me encanta. Esa mezcla entre estudio mítico y salón de tu casa.

No, Tetrahedric Hellscape Cannon no es el típico disco de heavy al uso. Mucho del disco fue improvisado (algo poco habitual en terrenos “heavy”) y fue grabado en Muscle Shoals. No hay vikingos ni hadas. Hay incluso una versión contundente de “Ohio” de Neil Young. Sí, política en un disco que suena heavy. Qué cosas.

Es sencillo. Dos instrumentos y mucho groove. Y precisamente por eso es más inteligente.

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