WD Miller tiene nuevo disco, “Child of the Kindly South”

WD Miller no se apresura a componer, y “Child of the Kindly South” lanzado este 20 marzo, tampoco. Sus canciones se sitúan cómodamente entre el folk, el country y la americana, impulsadas por historias más que por declaraciones: reflexiones sobre la familia, la fe, el arrepentimiento y el lento proceso de comprender las cosas. Hay baladas, hay narraciones y hay momentos que te sorprenden cuando menos te lo esperas. Colaboraciones con armonías y texturas, pero la atención nunca se desvía de la composición. Este no es un disco que busque la relevancia. Es un disco para disfrutarlo plenamente.

Grabado en Kentucky con el productor J. Tom Hnatow, este disco se basa en la paciencia, la perspectiva y la intuición por parte de este trovador de canciones procedente de Miami donde ha abarcado décadas tocando en clubes, pequeños locales y prácticamente todos los estilos de música de raíces estadounidenses que pudo encontrar.

WD Miller pasó de la obsesión por el rock al hardcore punk, el metal y, finalmente, a la composición con tintes folk que define su trabajo en solitario actual. Esa historia se percibe en el nuevo disco. Estas canciones parecen haber sido escritas a lo largo de los años, pero girando en torno a las mismas verdades recurrentes. La juventud da paso a la responsabilidad, los errores dejan de ser pasajeros y las pequeñas decisiones que la gente apenas nota empiezan a moldear el resto de la historia. El amor, el arrepentimiento, el orgullo obstinado y algún que otro destello de redención se mueven sutilmente a lo largo del álbum, uniéndolo sin llegar a anunciarse explícitamente.

Como su buen amigo Aaron Boyd, con quien está en Europa girando en estos momentos y colabora en el fantástico “Child of the Kindly South”, componer e interpretar canciones es un medio para un fin: cerrar un capítulo de su vida. Sus letras le permitieron procesar y liberarse de los demonios que albergaba tras su lucha contra lo que fuere. 

Siempre nos ha fascinado la composición de canciones. Parece el trabajo más difícil que uno pueda tener. Claro que existen muchas variantes. A veces, es un proceso guionizado o de “creatividad forzada”, como lo han llamado algunos artistas. Otras veces, es literalmente plasmar tu alma en papel. Si bien me cautivan quienes, con solo una frase o un tema, crean una canción ingeniosa y bien escrita, me fascina aún más el artista que toma sus propias experiencias de vida y las presenta de tal manera que el oyente pueda extraer sus propias vivencias y emociones. Los compositores pueden decirte que a menudo es terapéutico e intimidante a la vez. El cantautor se despoja de todas sus capas, exponiendo cada una de sus vulnerabilidades y emociones en cada interpretación. WD Miller, es uno de ellos.

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