En Dirty Rock Magazine ya hemos visto “Burning Ambition” y en este artículo lo reseñamos ante su inminente estreno en salas comerciales mañana 15 de mayo de 2026. De paso te recordamos que la banda estará girando en julio por España, con una espectacular actuación programada en lo más alto del cartel del próximo Rock Imperium.
Un año después del aniversario de los 50 años de la banda más celebre de la NWOBHM, llega este estreno auspiciado por una ‘major’ del calibre de la Universal pictures, asegurando una mayor difusión, en salas de cine de gran formato, con la cual no contaron otros documentales anteriores promovidos por la banda.
Tom Morello (Rage againt the machine) Scott Ian (Anthrax), Chuck D ( ¡sí, un rapero!) o el actor Javier Bardem como fan apasionado, son algunas de las estrellas invitadas a la función. Mención especial, tiene el explosivo momento propiciado por Gene Simmons que, por supuesto, no te voy a espolear, antes bien, te emplazo a qué te unas a esa legión de seguidores de todo el mundo a quien, en última instancia, va dirigido el film. Una multitud que tiene amplio registro ‘footage’ inédito que registra toda su trayectoria, así como momentos álgidos de su vida que van desde sus primeros años en el club Cart and Horses hasta actuaciones con público masivo en eventos como el legendario Rock in Rio de Brasil.
Bruce Dickinson es el cicerone entusiasta que desde los primeros minutos del documental arenga a la hermandad de sangre internacional de ‘metalheads’ que vibra con sus conciertos y con sus discos de manera intergeneracional.
Iron Maiden es un planeta inmenso que tiene seis continentes: precisamente los que corresponden a los bustos flamígeros enmarcados en el portentoso mapa de llamas que preside la parte izquierda del póster promocional del documental; a la derecha, como un inmenso Caliban del heavy metal que mezcla “La tempestad” de Shakespeare con el clásico film “Forbiden Planet”, el sempiterno Eddie: el icónico personaje diseñado por Derek Riggs que ostenta el privilegio de ser considerado como el octavo miembro de la banda, ya que el séptimo tripulante es su mánager, Rod Smallwood.
Otro menos afortunados como Dennis Williams Stratton, un efímero guitarrista que, en 1980, les acompañó en el breve lapso que va de enero a octubre, son excluidos inexplicablemente del film.
El artífice del documental, Malcolm Venville se asegura de servir sobre un manto envolvente documentos sonoros que sobrevuelan el copioso manantial visual que exhuma o publica en primicia
Al igual que en precedente del también reciente “Becoming Led Zeppelin” con su sentido homenaje al difunto batería de la banda John Bonham, tiene momentos casi sobrenaturales dedicados a su primigenio vocalista Paul Di’ Anno; si bien se utiliza un pasaje de cuerda un tanto meloso que pretende aportar solemnidad al homenaje, este queda neutralizado por los arañazos de talento salvaje tomados en los directos suyos que se insertan.
Cuando en fotografías y vídeos promocionales previos al estreno pude ver a Blaze Bayley junto a Eddie y los miembros de la banda, supe de antemano que su participación sería jugosa: su etapa en la formación está narrada con elegancia y cariño.
Otros momentos quizá más comprometidos como los que involucran al guitarrista Adrian Smith son sorteados sin escrúpulos, e igualmente supuestas guerrera interinas motivadas por la altura de los egos involucrados o por el desgaste provocadas por tantos años de convivencia. Mientras cuando llega el momento de elogiar a personajes tan queridos como Nicko McBrain no se escatiman esfuerzos.
En definitiva, mi veredicto, yendo más allá de algún tira y afloja por parte de Steve Harris , reconoce que es un nuevo producto cultural en torno a una de las mejores formaciones de toda la historia de la música que, además, es una de mis grandes favoritas, y eso es motivo más que sobrado para que lo disfrute.