Sting emociona en Les Nits Occident con su formato 3.0

Volver a escuchar las canciones de The Police y de la carrera en solitario de Sting siempre supone un valor seguro. Sin embargo, su gira Sting 3.0 añade un atractivo extra al recuperar el formato de trío, desnudando unos temas que han marcado varias generaciones y permitiendo que el talento de músicos como Dominic Miller y Chris Maas brille con una intensidad poco habitual.

Sting vuelve a la esencia en Les Nits Occident

Dentro de toda la oferta que el festival Les Nits Occident tenía en su cartel este año, había un nombre que destacaba casi por encima del resto. Sting ofrecía su versión 3.0 casi como una vuelta a los orígenes, cuando formaba parte del trío que lo llevó a saborear por primera vez las mieles del éxito y de la popularidad.

Cuarenta años después de la ruptura de The Police, Sting vuelve a embarcarse en una gira en formato trío. Sí, en 2008 hubo una reunión de los tres músicos que dieron al ska, al punk y a los ritmos jamaicanos un aire mucho más pop y urbanita, pero aquella experiencia supuso para más de uno cierto desencanto al comprobar que no tendría continuidad. Y, con las recientes declaraciones de Stewart Copeland y Andy Summers, parece poco probable que pueda haber una nueva gira conjunta. Por eso, la oportunidad de ver al bajista y cantante en un formato más desnudo suponía una velada especialmente atractiva.

Una pena que Dea Matrona no tuvieran su momento como en el resto de la gira del músico, aunque su material sí estuviera presente en el puesto de merchandising. Pero creo que ese pensamiento solo ocupaba mi cabeza. El resto de los que habían pagado el elevado precio de las entradas venían a lo que venían: escuchar un repertorio lleno de clásicos por parte de Sting. Y, bajo esa premisa, nadie pudo salir decepcionado.


Clásicos, cercanía y un trío en estado de gracia

Para empezar, «Message In A Bottle» servía al cantante inglés para ir calentando la voz, más arenosa y rasgada, pero manteniendo un tono perfecto. No lo catalogaría como un concierto íntimo, pero sí bastante hogareño, como ese lugar seguro en el que ya has estado antes. Y esa fue la sensación que transmitieron Sting, acompañado por un inconmensurable Dominic Miller y Chris Maas a la batería. Una proximidad evocadora y palpable, propia de una fiesta privada en su castillo de la Toscana.

Pues, para quien pensaba que no habría sorpresas en su concierto, «I Wrote Your Name (Upon My Heart)» fue la muestra más reciente de las composiciones de Sting. Un tema solo disponible en el directo “Sting 3.0 Live” que deja ver que, aunque es una buena canción, está lejos de las joyas que ha ido dejando a lo largo de los años.

La otra rareza que podríamos destacar es «Never Coming Home», un tema que ha ido colándose en sus repertorios desde “Sacred Love”. Entre medias, un bloque formado por «If I Ever Lose My Faith In You», «Englishman In New York», «Every Little Thing She Does Is Magic» y «Fields Of Gold». Pero Sting es inteligente y aprovecha este tema menos conocido para dejar espacio a que Dominic Miller y Chris Maas brillen con sus respectivos solos. Dominic Miller incluso se permitió jugar con algunos fraseos de Jimi Hendrix.

La magia de Dominic Miller y la desnudez del formato

Una de las cosas buenas de este formato es que dota a los temas de una desnudez y una delicadeza muy interesantes. «Mad About You» y «Wrapped Around Your Finger» son dos ejemplos, dejando que las sonoridades más básicas sostengan unas canciones que en ningún caso caen en el tedio o la pobreza armónica.

Pero no todo fue calma en Pedralbes. «Driven to Tears» permitió al trío pisar el acelerador con otra exhibición por parte de Dominic Miller. Una de las muchas. Porque, si hay algo que permite esta gira, es apreciar los arreglos y la belleza en el tocar que el guitarrista tiene en sus dedos.

Dedicada a la reencarnación, «A Thousand Years» volvió a rebajar las pulsaciones con su ambiente casi meditativo y espiritual. Sting se mostró muy comunicativo en todo momento con el público, aceptando de buen grado que alguien le echara arrestos a su invitación de tomar un té en su castillo y lo sellara con un apretón de manos, o charlando con un niño que asistía al primer concierto de su vida antes de «Can’t Stand Losing You».

Todos tenemos debilidades en la vida, y la mía dentro de la discografía de Sting es «Shape Of My Heart», así que escucharla en este formato más íntimo ya hubiera compensado casi el precio de la entrada. Y sí, me pongo pesado con Dominic Miller, pero es porque lo merece, sobre todo en este tema.

Aun así, quedaban muchas más marcas en el alma que llevarse a casa. «So Lonely» puso en pie a buena parte del público. «Brand New Day» tuvo su merecido reconocimiento, dejando para el final el tema que da nombre al disco y una «Desert Rose» con aromas árabes que llevó al público flotando hasta la imprescindible «Every Breath You Take».

Un formato que hace que los clásicos vuelvan a emocionar

Pocas sorpresas para los bises, en los que se esperaba con los brazos abiertos «Fragile» y «Roxanne». Y con ellas una de esas noches que merece ser recordada.

Lo cierto es que este ha sido el mejor concierto que he podido ver del artista y mucha de la culpa la tiene el formato y el matiz que ha querido ofrecer Sting. Porque, cuando un músico con casi cinco décadas de carrera consigue que canciones que hemos escuchado cientos de veces vuelvan a sonar frescas, cercanas y emocionantes, es señal de que sigue teniendo algo que muy pocos conservan: la capacidad de hacer que lo extraordinario parezca sencillo.

Fotos cedidas por Clipper’s Music (José Irún)

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