Placebo celebran 30 años en octubre: Madrid y Barcelona

Placebo vuelven a España. Treinta años después. Poca broma. A veces, lo más punk que puedes hacer es seguir existiendo. Y más en el mundo que nos ha tocado.

Recuerdo la primera vez que escuché “Nancy Boy”. No sabía muy bien qué estaba oyendo. No era grunge, no era britpop, no era nada de lo que sonaba en la radio en aquella época. Era otra cosa. Y esa rareza, esa sensación de que estaba escuchando algo que no encajaba del todo, era exactamente lo que enganchaba.

En los años 90, la industria y los medios construyeron un relato muy ‘bonito’ sobre la autenticidad. Kurt Cobain en camiseta de segunda mano, el “Smells Like Teen Spirit” como himno de ser tú mismo. Pero la realidad era más complicada. Porque “ser tú mismo” se convirtió en otra etiqueta más, con su propio uniforme y sus propias reglas. Si tu auténtico yo era raro, andrógino, o simplemente no encajaba en el molde de “persona blanca con el pelo desaliñado y camisa de franela”, la autenticidad ya no era tan bienvenida.

Placebo eran auténticos. Pero no encajaban en la etiqueta de autenticidad que se había establecido. Demasiado oscuros para el britpop, demasiado glam para el grunge, demasiado ambiguos para casi todo. Y quizá por eso, para los que éramos raros y no encajábamos, fueron tan importantes: porque nos enseñaron que ser auténtico no era vestirse de una manera determinada, sino ser fiel a uno mismo, aunque eso significara no encajar en la etiqueta de moda.

Y luego vino Without You I’m Nothing (1998). Ese disco demostró que no eran una moda. “Pure Morning”, “You Don’t Care About Us”, la canción que da título al álbum… Ahí se confirmó que Molko no era solo un frontman; era un narrador, alguien que podía escribir sobre adicción, sexo, deseo y soledad sin caer en el cliché.

Pero Placebo nunca fueron solo Brian Molko. Había otro pilar. Stefan Olsdal era el contrapunto perfecto: el “gigante tranquilo” que medía 1,90 y se quedaba completamente quieto en el escenario mientras Molko se retorcía como una serpiente. El bajo colgado hasta las rodillas, la cabeza ligeramente inclinada, tocando sin apenas moverse mientras su bajo construía muros de sonido con distorsión, chorus y delay.

Y en las entrevistas eran el contrapunto perfecto: Molko hablaba sin parar, provocaba, soltaba alguna que otra barbaridad y parecía disfrutar de cada segundo delante de un micrófono. Stefan, en cambio, podía pasarse varios minutos en silencio hasta que intervenía con una frase seca, un comentario ácido o algún chiste completamente inesperado. Y después, otra vez al silencio. Esa dinámica funcionaba de maravilla.

A medida que avanzaban los años, Stefan también fue evolucionando visualmente. Desde los tiempos de Without You I’m Nothing, con el pelo largo, lacio y negro, trajes andróginos y botas de plataforma, se convirtió en un icono de belleza fría, casi vampírica, el complemento visual perfecto para el maquillaje de Brian, pero con una sexualidad más enigmática y menos explícita.

Y luego estan los coros. La voz grave y profunda de Stefan contrastaba con la voz aguda y quebradiza de Molko, creando una armonía inquietante. Cuando Stefan se acercaba al micrófono, los fans sabíamos que iba a pasar algo especial.

Treinta años después, siguen ahí. Gira tras gira, disco tras disco. Sobreviviendo a problemas personales, a modas que iban y venían. Nunca fueron los más grandes ni los más mediáticos, pero nunca se vendieron. Y cuando parece que van a repetirse, sacan algo como Loud Like Love (2013) o Never Let Me Go (2022) y te recuerdan por qué los prestaste atención en primer lugar.

En directo, Molko sigue teniendo esa presencia escénica que te hace olvidar que llevan 30 años en esto. Y aunque ya no sean esos veinteañeros que tocaban con rabia en salas de 300 personas, siguen sonando igual de intensos.

La gira de aniversario llega a España en octubre. Dos fechas: Madrid (1 de octubre, Movistar Arena) y Barcelona (3 de octubre, Sant Jordi Club). Entradas en Live Nation.

Placebo no son una banda para todos. Nunca lo fueron. Pero si alguna vez te sentiste raro, fuera de lugar, o simplemente necesitaste escuchar a alguien que cantara sobre la vulnerabilidad como si fuera una fuerza, ya sabes dónde te toca estar en octubre.

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