“Slippery When Wet”, 40 años del disco que abrió a Bon Jovi a las masas.

Hace cuarenta años, Bon Jovi se jugaban buena parte de su futuro con su tercer disco. Bruce Fairbairn, Bob Rock y Desmond Child ayudaron a completar una fórmula que ya tenía a Jon Bon Jovi y Richie Sambora como ingredientes principales. El resultado fue “Slippery When Wet”: diez canciones, varios himnos generacionales y el álbum que los llevó de las arenas a los estadios.

Dudo que, a estas alturas de la vida, escuchar el nombre de Bon Jovi provoque en la actualidad tantos sarpullidos entre los jevis (sí, con j). Pero hubo una época en la que esas largas melenas cardadas y el azúcar de algunas de sus producciones hacían que decir que te gustaba la banda levantara comentarios muy políticamente incorrectos en la actualidad. Como siempre, es simplemente una cuestión de gustos, pero hay que reconocer que Jon Bon Jovi y sus muchachos, como dicen los argentinos, la sacaron del estadio con “Slippery When Wet”. O quizás fue el disco que les abrió la entrada a los estadios. 

Nada más y nada menos que cuarenta años del disco que probablemente salvó la carrera de Bon Jovi. Tras un debut interesante, llegó un segundo disco que no alcanzó las expectativas de la compañía y que, con el tiempo y la nostalgia, se puede salvar. Pero, en la época, otro fracaso de ventas podría suponer todo un desastre para un ambicioso Jon Bon Jovi. Lo primero que decidió cambiar para intentar revertir la situación fue el productor. La mente tras la mesa de mezclas fue un Bruce Fairbairn que venía de trabajar con Black ’N Blue, banda de la que formaba parte el guitarrista Tommy Thayer. Ese era el sonido que Bon Jovi quería conseguir para el nuevo disco.

Pero aún necesitaban algo importante para un grupo que ansía el éxito, y era eso mismo: temas que pudieran conseguirlo. La capacidad compositiva de las dos mentes de la banda quedaba fuera de duda. Richie Sambora y Jon Bon Jovi formaban un tándem con buenas ideas y una habilidad increíble para complementarse a nivel vocal, pero no se podían permitir fallar. Por eso, bajo recomendación de Paul Stanley, acudieron a los servicios del compositor Desmond Child. Hay que decir que su contribución, a la postre, fue imprescindible para que el disco alcanzara las cotas de popularidad a las que llegó, pero gran parte del álbum fue compuesto por la banda.

Cuatro fueron los temas que firmó la tripleta Bon Jovi / Sambora / Child. De ellos, dos se convirtieron en los primeros grandes himnos de los que disfrutó la banda: “Livin’ on a Prayer” y “You Give Love a Bad Name”. Dos canciones que valen ya el precio del vinilo. Esta última reciclaba parte de una idea que Child había utilizado anteriormente en “If You Were a Woman (And I Was a Man)”, compuesta para Bonnie Tyler, y a la que vio más potencial del que había conseguido desarrollar la original.

“Livin’ on a Prayer”, cuyo número de reproducciones en Spotify se cuenta ya por miles de millones, nació inicialmente de unas sesiones de composición acústicas. La primera versión no acababa de convencer a Jon, pero Sambora y Child vieron algo especial en ella y la canción fue reelaborada hasta convertirse en el monstruo que conocemos. Reconocible desde el primer segundo por el crescendo de teclados de David Bryan, la característica línea de bajo y, por supuesto, el uso del talk box por parte de Sambora, terminó siendo probablemente la canción más reconocible de toda su carrera.

Y aquí no hace falta recurrir a la leyenda: aunque Alec John Such aparecía acreditado como bajista del disco, fue Hugh McDonald, eterno miembro en la sombra de la banda por aquel entonces, quien grabó el bajo de “Livin’ on a Prayer” y participó en la creación de esa reconocible línea. En ella, Jon pretendía mostrar una historia de supervivencia y superación de una pareja joven en los 4:11 que dura. Tommy y Gina acabarían formando parte de la propia imaginería de las canciones de Bon Jovi, reapareciendo posteriormente en su universo. Del tema, el cantante solo se arrepiente de haber incluido aquella exigente subida de tono final que tantos problemas acabaría dándole sobre el escenario.

“Wanted Dead or Alive” forma parte del enamoramiento que Jon tenía por la estética más western. Una estética que los acompañó durante la década de los 80 y principios de los 90, en la que los spandex y las mallas perdían protagonismo en favor de botas, sombreros de cowboy y tejanos. El tema llegó a tener tanta importancia durante la gestación del álbum que incluso se barajó la posibilidad de que el disco se titulara “Wanted”. Jon Bon Jovi tendría su gran momento western al encargarse de la banda sonora de la pelicula “Young Guns 2”.

Pero la banda encontró finalmente la inspiración para el título y la primera propuesta de portada en el ambiente nocturno que rodeaba las sesiones de grabación en Vancouver. Una primera versión mostraba a la modelo Angela Chidnese con una camiseta amarilla mojada y el título sobre el pecho, en una imagen con evidentes connotaciones sexuales. La idea fue finalmente descartada y sustituida por la que todos conocemos. Una fotografía de una bolsa de basura negra mojada, sobre la que Jon Bon Jovi escribió con el dedo el título del álbum, fue suficiente para terminar formando parte de la imagen del disco más vendido de la banda.

Otro de los nombres propios de este disco sería el encargado de la ingeniería y las mezclas. Bob Rock fue quien terminó de redondear el sonido que la banda había conseguido grabar bajo la producción de Fairbairn. Fue capaz de poner cada instrumento y las voces en el lugar correcto para conseguir un disco potente sin necesidad de convertir las guitarras en una interminable pared de pistas dobladas. Claro que, teniendo a un teclista con formación clásica y tanto gusto como David Bryan, es fácil disponer de un colchón sonoro que realce el conjunto. Solo con la intro con la que abre el disco para empezar “Let It Rock” ya sabes que no va a ser un disco cualquiera.

Aunque tan importantes como las guitarras y coros de Sambora o las melodías de Bryan son la contundencia y la característica pegada de Tico Torres en sus fills a la batería. Un todo orgánico que mostraba cómo la suma de las partes dio el resultado que iban buscando. Incluso los temas menos conocidos no desentonan ni se perciben como relleno. Podríamos destacar canciones como “Never Say Goodbye”, “Raise Your Hands” o “Wild in the Streets”, por las que más de una banda de aquella época habría vendido el alma al diablo y que podrían haber sido éxitos por sí mismas. Incluso dejaron a un lado un tema ya terminado como “Edge of a Broken Heart”.

Cuarenta años de un disco disfrutable desde el inicio hasta el final, lleno de grandes temas e himnos de estadio. Un disco con el que la banda por fin consiguió lo que buscaba: el reconocimiento masivo y convertirse en uno de los grandes nombres de la historia del rock. Este fue el disco que provocó que terminaran cambiando las grandes arenas por los estadios y las giras mundiales.

Luego ya llegarían la madurez y la salida de Sambora y recientes discos con mas oscuros que claros de una banda que ahora mismo está intentando volver a la actividad a pesar de los problemas de voz de Jon Bon Jovi. Pero ahora es momento de viajar al pasado y disfrutar de uno de los grandes discos de la historia del rock.

Fotos: Ross Marino 

Escrito por
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