Sorprende el flujo de discos en los últimos años. Amateurs in Yokohama se presentó en abril de 2025; en febrero de 2026 teníamos Antipink; ahora en septiembre The Bear, y estás terminando el siguiente. ¿Estamos ante un momento explosivo de creatividad? ¿Cómo lo explicas?
Creo que algo ha cambiado en mí a la hora de escribir canciones. Y creo que ese cambio empezó con “Amateurs”. Podría describirlo con detalles de mi rutina a la hora de sentarme a escribir una canción, pero la verdad es que lo que ha cambiado es mi visión. Hace tiempo que acepto lo que me sale sin cuestionarlo. Antes me empeñaba con cada frase y buscaba una especie de estética musical en cada línea. Ahora acepto lo que viene como una realidad que no tiene porqué ser estética. Llámala suciedad o verdad o inspiración, pero la acepto tal como viene. Creo que ese cambio en mi visión ha hecho que las canciones salgan con más rapidez que antes.
En un video de hace unos meses hablabas del proceso de composición de canciones. ¿Las de este disco han sucedido o las has tenido que buscar?
Siempre están buscadas, desde el momento que tengo que buscar el espacio y tiempo para escribirlas. Pero sí es verdad que en este caso las canciones han sucedido una vez empezadas. Quiero decir que después de la primera frase, todo lo demás ha venido en cascada.
Hablemos del disco. Es un disco en solitario, no te apoyas en tu banda. ¿Necesitabas hacerlo así o ha surgido de manera casual?
Llevaba dos discos seguidos con la banda y quería volver a la simplicidad de la guitarra y la voz. Para mí es una reflexión necesaria, es lo mismo que para un pintor volver a dibujar solo con el lápiz. De vez en cuando hay que recuperarlo.

“Step by Step by Step”, que abre el disco, y “Overflow”, que lo cierra, tienen una apariencia casera, muy orgánica. Otras canciones mantienen esa sensación pero con una leve orquestación. ¿Cuál ha sido realmente el proceso de grabación? ¿Se puede decir que es un disco hecho en casa?
Sí, se puede decir. Aunque habría que especificar que en casa tengo un estudio suficientemente preparado para un disco de estas características. Lo que buscaba es transmitir esa tranquilidad en las canciones que únicamente consigues en soledad.
Uno se pregunta a veces, con este tipo de discos, cómo habrían resultado si se hubieran dejado las canciones tal como se grabaron, con guitarra (o piano) y voz únicamente. En los videos que has difundido de “Loneliness” y “Blown by the Wind” se atisba algo de esto. ¿Te llegaste a plantear la posibilidad de que el disco fuera así?
Sí, o casi… el planteamiento principal fue grabar una primera toma de guitarra y voz que tuviera esa pureza que tienes cuando estás solo en casa. Era importante que la toma fuera simultánea, es decir, que se grabaran las dos cosas a la vez para capturar la esencia de la interpretación y no decorarla demasiado. Después de eso todo fue un juego de añadir pianos, guitarras eléctricas y por supuesto la voz de Patricia.
Hablemos de Patricia de Velasco. Aunque ya participaba en discos anteriores, en “Amateurs en Yokohama” y “Antipink” tiene un papel destacado, su voz crea unos espacios que dan otra dimensión a las canciones. En “The Bear” esa presencia es sutil pero a mi entender imprescindible. No sé si piensas en la segunda voz ya cuando compones o surge después. ¿Cómo trabajáis esta parte?
A veces no puedo evitar pensar en la voz de Patricia cuando escribo una canción. Creo que su voz hace que mis canciones ganen energía y emoción. Pero no pienso en términos de que su voz va a tapar mis carencias. Quiero decir, algo así como que el estribillo no acaba de funcionar pero con su voz cobrará sentido. Pienso más bien que a ella le va a motivar cantarlo porque le va a gustar la canción.
La elección de los videos no me parece casual. “Loneliness” es rural y “Blown by the Wind” urbano, pero en los dos solo apareces tú, en mitad del campo o en tu habitación. ¿Estás señalando el tono del disco, no solo en lo musical?
No especialmente. El tono del disco es inevitable, creo que si uno escucha una de las canciones ya puede ver de qué va la cosa. Pero sí me gusta transmitir la idea de que es un disco en solitario y que las canciones pueden transmitir su emoción en cualquier sitio, en medio del campo o frente a una pared desnuda. Quería precisamente eso, en contraposición a buscar un teatro con luces y público.
En “Blown by the Wind”, que es casi una balada del mar, y en “Loneliness” aparece el mar. ¿Puede un mallorquín sentir el mar en Madrid o lo recuperas cuando vuelves a tu tierra?
He crecido frente al mar y soy de casta marinera. Pero Madrid es mi casa ya de muchos años y creo que con el paso del tiempo la valoro más. Me gusta mucho la vida en Madrid, a pesar del turismo desatado de los últimos años. Es curioso, siempre he pensado que me fui de Mallorca porque allí no existía nada aparte del turismo, y ahora parece que Madrid lleva un camino parecido.
También aflora la preocupación por la guerra, en “Fight for the Throne”. Es una constante en tus discos, a veces muy explícitamente como “Let War Begin” y en otras ocasiones se desliza en algunos versos de canciones de contenido más amplio. No sé si es un ejercicio voluntario de responsabilidad, de no mirar hacia otro lado, o surge espontáneamente como cualquier otro tema de tus canciones.
La guerra me obsesiona porque no deja de ser algo difícil de entender. Creo que desde que era niño, cuando descubrí que debajo de casa de mi abuela había un refugio antiaéreo de la guerra civil. Desde entonces no he dejado de hacerme preguntas. Creo que es lo que vuelco en las canciones, mis preguntas. No es que intente despertar conciencias ni nada parecido, intento comprender cómo funciona dentro de mí ese mecanismo que en un caso hipotético me llevaría a una guerra.

Siempre has sido un gran contador de historias. Hablo en este caso de “Roseanne”. ¿Cómo surge la idea de situar el encuentro en una pastelería donde venden esos panes judíos que acaban siendo una especie de testigos mudos?
Me gusta mucho pasar tiempo en los bares, tomar café y conversar, o solamente estar. Si ese café va acompañado de un croissant o ensaimada, o como es el caso un babka, ya estoy en el paraíso. En la canción lo presento como una novedad en la vida de Roseanne, porque para mí fue un descubrimiento tardío. En el caso de Roseanne el babka sirve de excusa para ilustrar la escena en particular, una cafetería moderna que recupera tradiciones caseras donde nos pasamos parte de nuestra vida y donde ocurren historias que nos dejan huella.
En este disco se abunda, quizá más que en otros, en las relaciones de pareja y en la posibilidad de su final. Hay rupturas que no llegan a producirse, otras que tuvieron lugar en el pasado, y existe el miedo a que suceda, ese que se percibe en “When You Turn Your Face”. ¿Cómo consigues que las canciones de amor y desamor suenen tan auténticas?
Creo que mis canciones están escritas desde la historia. Quiero explicar esto bien. En mi caso, soy músico de formación, y probablemente haya sido mi principal barrera a la hora de escribir las canciones que soñaba. He tenido que darme cuenta de que la música va al servicio de la historia y no al revés. Una vez dicho parece muy obvio, pero para un músico no es tan sencillo. Es como si la armonía y la métrica tuviera que gobernar por encima de la palabra. Si mis historias resultan creíbles es porque están escritas desde la realidad sin usar la imaginación, y la música queda al servicio y no al mando. Creo que esto también ha sido importante para mí, renunciar a la imaginación me ha abierto las puertas a una fuente inagotable de inspiración que es la realidad.
Siempre se ha percibido una continuidad en tu obra. “Amateurs en Yokohama” y “Antipink” fueron un importante paso, en el que sin dejar de ser Paul Zinnard el sonido se hizo más robusto y también más complejo con la entrada de David Aldave como guitarrista. Tras ellos ha venido The Bear, que es justo lo contrario. ¿Ves esos discos con David como un paréntesis o va a seguir tu colaboración con él?
Mi colaboración con David continúa a día de hoy. Él tiene también su banda [The Flamingos Bite] y sus compromisos, por eso no aparece en The Bear. Pero continuamos una muy fructífera sociedad.
¿Por qué “The Bear”? La canción es poco menos que eso, un simple divertimento de medio minuto cuando el disco está ya muy avanzado. ¿Qué pinta ese oso y qué tiene para dar nombre al disco?
El nombre The Bear cobrará sentido cuando se publiquen los dos discos siguientes. En realidad es un disco triple por entregas, en primavera del año que viene sacaré The Whale y probablemente a finales de año saldrá The Dog. Entonces se podrá ver el sentido de la canción “The Bear” y cuál es el nexo con el resto.
Habrá que esperar entonces. Está también tu faceta de dibujante. Muchos de tus videos de audio (no sé si todos) tienen la carátula dibujada por ti, y algunas portadas de tus discos también. De hecho, el nombre artístico “Paul Zinnard” nació en una exposición tuya. ¿Dibujas con la misma cadencia con que escribes canciones?
Me gusta dibujar, y creo que está relacionado con la escritura de canciones. Me obliga a observar y hacer acopio de realidades. Es un ejercicio de plasmar emociones en un papel muy similar al de escribir canciones. Por eso creo que mis dibujos funcionan bien como portadas. Están íntimamente relacionados con las canciones.
Háblanos del libro que se publicará próximamente, que contiene letras y dibujos.
El libro Man for You se publica a primeros de octubre, y es una recopilación de canciones desde el primer disco, Songs of Hatred and Remorse, hasta hoy. Es una edición bilingüe, inglés – español, y va acompañado de 18 dibujos en blanco y negro, algunos de los cuales han sido portadas de singles o álbumes. Ha sido un proyecto muy bonito y muy revelador para mí porque he tenido que mirar atrás y echar un vistazo al camino recorrido. La historia del libro es que a través de mi amigo John Dapolito, con quien había colaborado en su libro Stray Cats (un interesantísimo libro de fotos e historias sobre Madrid) conocí a Enda y María de la editorial Ybernia Books, que en seguida estuvieron por la labor de editar el libro y que han hecho un trabajo extraordinario. Estoy encantado con esto, ¿se nota no?
Sí, se nota, y me alegra saber que el camino para publicarlo ha sido fácil. El mundo de la música es otra historia, es inevitable hablar de la industria discográfica y del mercado musical. La trilogía “Trance” / “Formula H” / “Chameleons” no se publicó en formato físico, y tampoco “Superfin” ni “Antipink”. Las giras por salas o pequeños espacios no son fáciles ni rentables en muchos casos. En el caso de músicos y bandas que no mueven grandes cifras, ¿crees que estamos abocados a un mundo en que la música resida exclusivamente en las plataformas o seguirá habiendo vida y música ahí afuera?
Bueno, es cierto que todo ha cambiado muy deprisa. En muy pocos años ha cambiado cómo se consume la música. Yo me he centrado en ver las cosas positivas de estos cambios en lugar de quejarme y abundar en la nostalgia de tiempos mejores. Una de las ventajas es que no es estrictamente necesario el formato físico para que el público acceda a tu música. Otra cosa positiva es que tu música se escucha en todo el mundo desde el momento en que la lanzas. Lo de los locales de música en vivo sí es algo que creo que es preocupante, no solo para los músicos más jóvenes, sino para el público amante de la música y creo que hay muchas cosas que se podrían hacer para mejorar la situación, pero eso requiere una entrevista muy larga me temo.
Sí, mucho más que una entrevista.