Kenny “Blues Boss” Wayne. Cuando el piano manda

Quizás seas un melómano veterano que siempre buscas un poco de nostalgia de aquellos años 50 en Nueva Orleans. De aquellos genios boogie-woogie retro de los fallecidos Fats Domino, Professor Longhair o Allen Toussaint. ¡Ah, espera! Todos ellos se han ido al Mardi Gras celestial y ¿aún no te han invitado?.

Pues, ni muchísimo menos, huyendo de comparaciones, un nombre desconocido como es Kenny “Blues Boss” Wayne explora esa misma mina profunda con melodías con todos los adornos, ritmo y groove como pastiche.

Kenny “Blues Boss” Wayne a sus 81 años, sentado frente a su teclado como si tuviera una misión pendiente: demostrar que el boogie-woogie, el rhythm & blues y el blues clásico todavía pueden hacer temblar una sala, el 16 Toneladas de Valencia, este pasado sábado 19 de septiembre. Primero apareció la banda y después, con un llamativo traje amarillo, entró en escena Kenny, y el piano empezó a hablar.

“Ooh Yeah!”, tema que da nombre a su álbum de 2024, abrió el concierto poniendo las cartas sobre la mesa. Ritmo, swing y esas manos que parecen tener memoria propia. Después llegaron “Baby, I’m Your Man” y “Whatcha Gonna Do Now?”, manteniendo la máquina en marcha.

Uno de los primeros grandes momentos llegó con “Same Old Blues”, interpretada por el bajista Russell Jackson, otro nombre con mayúsculas en esta historia y músico que compartió escenario con el mismísimo B.B. King. Su voz y su manera de llevar el blues hicieron que el tema se convirtiera en una de esas pequeñas joyas que aparecen cuando una banda de veteranos sabe exactamente dónde colocar cada nota. “Devil Woman” y “I Need Your Lovin’” hicieron subir todavía más la temperatura. El público ya estaba dentro del concierto y en esta última las voces de la sala se sumaron a la banda. No hacía falta pedir participación: Valencia había comprado el billete completo.

Entonces llegó uno de esos momentos en los que el concierto baja las revoluciones para ganar en emoción. “What a Wonderful World”, la inmortal canción popularizada por Louis Armstrong, sonó como un homenaje a toda una tradición musical. Sin artificios. Sin necesidad de demostrar nada. Pero aquello era una noche de boogie, así que había que volver a pisar el acelerador.

“Honey Honey Honey” devolvió el ritmo a primer plano y “Wishing Well”, también incluida en Ooh Yeah!, aportó un delicioso toque funky. Kenny Wayne seguía manejando el teclado con la autoridad de quien lleva toda una vida haciendo exactamente esto.

En los bises “Ch’ Choo Choo Boogie”, de Louis Jordan, puso a bailar de nuevo a la sala antes de desembocar en “How Long Blues”, un precioso clásico que sirvió como despedida.

Texto Alex Ruiz. Fotos Sergio Lacedonia.

 

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