Suelo decir que la música psicodélica está hecha para que cierres los ojos y te pierdas. Así, más o menos, podría resumir la música de The Polvos, desde Concepción, Chile.
En verdad, no es un resumen justo. Su música es más que música hecha para que te pierdas. Se mueve también entre el blues, el stoner y a veces, incluso el doom (o sea, sí – el saco donde se mete casi todo el rock underground hoy en día). Pero Floating, su segundo álbum, son unos 35 minutos repartidos en cinco canciones en los que las cosas fluyen, se hinchan, se aflojan y ralentizan, vuelven a coger velocidad y, luego, todo eso de nuevo.
De hecho, esa capacidad para dejar que una canción se vaya sin perderla completamente de vista es una de las cosas más interesantes de la banda.
The Polvos empezaron su historia discográfica con Darkness Emotion en 2018 y publicaron Floating a finales de 2023 (Smolder Brains Records / Clostridium Records). En esos años han ido construyendo una versión de la psicodelia pesada que no necesita reinventar ningún género para resultar interesante.
Hay momentos en Floating que recuerdan a esa tradición de heavy psych en la que el riff es solamente el principio de la conversación. Puedes pensar en Hawkwind, en el lado más expansivo del rock noventero, o incluso en el espíritu de Earthless, pero The Polvos no parecen querer desaparecer dentro de una jam.
Los cambios de intensidad siempre llegan. Son grooves que se van metiendo poco a poco. Un ritmo puede mantenerse ahí, insistente, casi hipnótico, mientras las guitarras (¡ojo, son tres!) van aumentando la temperatura antes de volver a bajar… y luego volver a subir.
Los chilenos se toman su tiempo y dejan que todo se convierta en un sueño guapísimo: un tempo medio que nunca termina de adormecerte del todo, antes de que te asalte el despertador para otro día de tareas de ser mortal.
Quizá por eso su música pide un espacio físico. No se han quedado únicamente en el estudio: en 2023 pasaron por el CHOPO de México y en 2025 por Freak Valley, en Alemania. Dos festivales bastante diferentes, pero que sirven para hacerse una idea de que esa psicodelia también está pensada para salir de la experiencia de “ojos cerrados con los auriculares puestos” y ocupar un escenario.
The Polvos parecen entender cuánto estirar un riff antes de romperlo, cuándo tiene que dejar respirar una canción y cuándo ha llegado el momento de pisar el acelerador.
Si no tocan cerca de ti, pon su música, escúchalos y cierra los ojos. A ver hasta dónde te llevan.