Greg Freeman: “All Set The Bone”

Greg Freeman no parece haber grabado ”All Set The Bone” con demasiadas ganas de facilitarle el trabajo al oyente. Ya habíamos destacado “Burnover”, editado el año pasado, un disco que apuntaba excelentes maneras. Peor el nuevo álbum del músico de Vermont es un trabajo mucho más amplio, ambicioso y, también, deliberadamente irregular. Producido por John Congleton y construido alrededor de una banda capaz de moverse entre el alt-country, el rock de guitarras, el folk más áspero y territorios bastante más difíciles de clasificar. Hay piano, órgano, violín, trompeta, saxo y trombón junto a una base de guitarras que por momentos parece un tren a punto de descarrilar. Quizá esa sea la mejor manera de entender un disco que, más que buscar una identidad sonora concreta, intenta averiguar hasta dónde puede estirar Freeman sus propias canciones. Uno de los discos más ambiciosos del año. Edita Transgressive Records.

Escucha “All Set The Bone” de Greg Freeman aquí:

“Cahokia” es una declaración de intenciones bastante clara. La canción comienza con una instrumentación relativamente contenida, pero la tensión va aumentando hasta convertirla en una especie de retrato apocalíptico de Estados Unidos. Rememorando el mayor yacimiento precolombino en territorio USA, se pregunta si el país acabará igual, como una reliquia del pasado. Una excelente canción, casi un clásico inmediato del indie rock. “Totaled” lleva esa misma idea a un terreno más personal. Freeman utiliza la imagen de un accidente y de un coche destrozado para hablar de vidas que siguen avanzando después de una desgracia. Musicalmente, la canción resume bastante bien su estilo: una estructura reconocible que empieza a tomar caminos insospechados y casi azarosos a medida que la instrumentación gana peso.

“Culture” nos llama a reaccionar ante el final de la cultura. “¿A quién miras cuando estás solo?/ Cuando todos tus héroes pierden sus micrófonos”. Las guitarras adquieren una dimensión casi abrasiva mientras los metales añaden otra capa de tensión en un crescendo lleno de fuerza. “Withdrawn” baja un poco las revoluciones con una melodía que recuerda ¿a “Radio Gaga”?). “Indu” comienza con un buen riff de guitarra y es una canción que podrían haber escrito The Strokes, con un gran desarrollo y un estribillo perfecto.

La extraordinaria “Loser’s Prize” cambia el registro y se acerca al mejor alt-country. Con unas guitarras trotonas que recuerdan a los clásicos del género. Su voz se acerca a la fragilidad de Jason Molina y la utiliza para que la canción parezca más quebradiza. En la letra, la sensación de que todo es igual, las ciudades, las canciones, las ciudades, … Solo nos salva el amor: “Cuando estoy solo puedo ser cualquiera/ pero cuando estoy contigo soy yo”. “Hail Mary” comienza con cierta tensión velvetiana para desembocar en un indie rock bastante canónico.

Más cercana al rock más melódico, “Decade” es sin duda una de mis favoritas. En la letra, ver pasar del tiempo sin que cambie nada, mientras las tecnológicas nos comen la vida, con mención al cofundador de Twitter incluída. Hay algo de Neil Young en ella, al igual que en la larga “Marooned”. Larga y por momentos confusa, consigue a salir a flote a pesar de su buscada extravagancia. “Untitled 10” es uno de los experimentos más audaces del repertorio. Comienza con grandes guitarras y, a mitad de la canción se convierte en otra cosa. El violín llena el ambiente en una canción donde parece resignarse a que la soledad no es una elección, sino algo inevitable en nuestros tiempos.

“Next To Nothing” vuelve a acercarse al rock neoyorkino, con un buen trabajo de piano y otra letra de reivindicación de la clase obrera. Greg se ha dado cuenta del engaño. “Estábamos tan ocupados recortando gastos/ que cuando nos dimos cuenta de cuánto habíamos perdido / ya estábamos solos”, canta en “Costs”, la canción que más se acerca al pop.

“Bury Me The Shovel” cierra el disco demostrando que Freeman también sabe escribir una balada folkie. Excelente elección para una murder ballad que lo es de casi toda la humanidad. Mentiras como balas de cañón, dólares sin valor, biblias convertidas en papel de liar e incendios imposibles de apagar.

Freeman conoce perfectamente los códigos de la música americana, pero no parece dispuesto a obedecerlos. Puede comenzar una canción con guitarra acústica y terminar rodeándola de distorsión, metales y arreglos que pertenecen a otro disco. Puede apoyarse en el folk y, unos minutos después, llevar la banda hacia el rock más musculoso. La producción de Congleton resulta fundamental porque permite desarrollar la ambición de Greg hasta el infinito. Es posible que esa amplitud sea también el principal problema del disco. Trece canciones y una hora larga de música permiten desarrollar todo tipo de ideas, pero también provocan dispersión en estos tiempos de inmediatez.

Pero le perdonamos. Greg no ha querido grabar otro disco más. Ha querido meter dentro de él el sonido de un país cansado, la precariedad, la rabia y esa extraña capacidad humana para seguir adelante incluso cuando todo se desmorona. ya no queda demasiado que salvar. Y lo ha hecho utilizando canciones que pueden ser delicadas durante unos segundos y terminar convertidas en auténticas tormentas. En sus mejores momentos, cuando “Cahokia”, “Totaled”, “Culture”, “Loser’s Prize” o “Decade” encuentran la excelencia de su estilo, Freeman demuestra que su talento es infinito. Un disco imperfecto, pero bastante más interesante que muchos de los trabajos que nos llegan cada semana y que no son más que ejercicios de estilo sin riesgo.

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