ROY ORBISON: KING OF HEARTS

En el mismo de octubre de 1992 se publicó King of hearts, álbum póstumo de Roy Orbison. La voz de Orbison se había apagado para siempre apenas unos años antes, cuando un infarto le sorprendió el 6 de diciembre de 1988. Una de las cosas que se pasa por alto cuando se habla del músico nacido en el Estado de la Estrella Solitaria, es que nos dejó cuando su carrera estaba viviendo un auténtico resurgir, con el apoyo de diferentes músicos y productores, y por supuesto con unas canciones y discos, que ponían de manifiesto, el injusto trato que en ocasiones reciben aquellos que tienen un don especial, y no se nos ocurre nadie más especial que Roy Orbison. Dejaremos para otra ocasión aspectos de su trágica existencia para centrarnos en King of Hearts.

Como decíamos antes, el disco se publicó casi un lustro después del adiós definitivo del músico que, a buen seguro tendría otros planes para su siguiente proyecto, muy distinto al resultado final encontrado en King of hearts. Parece un disco un tanto destartalado, alejado de lo que fue su último álbum en vida, aunque de publicación también póstuma, Mistery Girl, el cual Roy sí grabó a conciencia.

En esta ocasión encontramos un disco de descartes del mencionado Mistery Girl, que encima tiene como productores a Robbie Robertson, Don Was, Chips Moman, Albert Hammond, Pete Anderson, Will Jennings, David Briggs y Dave Was. Cuando intervienen tantas manos y estilos distintos, lo normal es que se obtenga el concepto que cada productor quiso dar a cada una de las piezas que le tocó modelar. A pesar de eso, el disco es una joya.

El primer corte con You’re the one ya te sitúa en modo Orbison. Comienza como un ensayo y luego crece y crece hasta llegar a ese tono operístico característico del cantante, hasta que dice “tú eres la elegida”, y vuelves a creer, porque es casi imposible no creerte lo que salga de la garganta de este monstruo. Un comienzo que parece un final.

Heartbreak Radio es un Rock and Roll clásico con el inconfundible toque elegante de Roy, una llamada desesperada a esa chica que deja a su amante rompiéndole el corazón, mientras este pide a las autoridades que se la detenga porque es un peligro público, y mientras no la enchironen más corazones van a rodar. El rock de la clase del 1955 resumido en menos de tres minutos.

Llega We’ll take the night, y con ella el sueño recurrente de pareja. En Orbison suele ser un sueño personal, un anhelo más que un sueño compartido, una súplica que en esta ocasión viene acompañada por el saxofón del Big Man Clarence Clemons, ni más ni menos.

Con Crying pasamos a uno de los mejores momentos del disco. Se trata del clásico del propio Orbison, pero en esta ocasión cantado a dueto con K.D. Lang. Sobran las palabras, probablemente estemos ante una de las mejores baladas jamás escritas. Nosotros preferimos la versión original, aquí el tempo es más lento, pero en general el resultado es de gran calidad.

En after the love has gone se presenta a una pareja ante el tortuoso trance de no saber qué hacer ahora que el amor se desvaneció. A pesar del esfuerzo, la canción parece no terminar de arrancar, producción más que mejorable.

Cuando llegamos a Love in time nos encontramos nuevamente el camino solitario de un alma desesperada en busca de ese amor que no llega. Otro descarte que parece eso, un descarte. A pesar de lo opinable que pueda parecer que una canción se muestre como un producto mejorable, hay que decir que el disco sigue siendo disfrutable.

Y por fin llegamos a I Drove all night. Se nota la mano de Jeff Lynne en la producción. El tema cabalga por las mismas carreteras que transita el protagonista para llegar hasta su chica, aquella a la que dice que ‘quizás debí llamarte antes, pero me moría por llegar hasta ti’. Una vez más, un protagonista desesperado, un largo camino por recorrer, y un refugio en forma de mujer. Es una situación muy cinematográfica, y como en muchas de las canciones que nos dejó Orbison, puedes ver la escena. En esta ocasión el actor parece entrar en la habitación sin hacer ruido, deslizarse en las sabanas que incluso llegan a parecer de seda, para finalmente despertar a su chica y hacerle el amor. Lo que no te esperas de alguien que haga algo así, es que luego le pregunte a la chica, Is that all right? ‘¿hice bien?’. Después de todas las vicisitudes, y de un acto de amor como ese, todavía le pregunta a la chica si ha hecho bien. Es fascinante, casi pueril, y es algo que pocos pueden hacer sonando creíbles. Cine en estado puro. La mejor canción del disco.

Con Wild hearts run out of time, vuelve el intento por recuperar el amor que parece sumirse en una situación de no retorno, los sentimientos, el tiempo que siempre corre en contra, y un último intento desesperado para que esos corazones salvajes vislumbren la esperanza.

La contribución del productor Chips Moman es con el tema Coming Home, donde el protagonista parece haber encontrado su camino de vuelta a casa después de un período en el que ha vivido toda suerte de calamidades. Tema correcto que, a pesar del trabajo de Moman y los coros, parece un tema que no encaja con el resto.

El cierre del álbum corresponde a un tema que ya se pudo escuchar en su disco Mistery Girl, Careless Heart, una maravilla en la que recuerda ese momento en el que una persona se da cuenta que ha perdido a otra por culpa de descuidarla. Un cierre muy Roy.

Es una pena que un artista así solo se le reconozca por temas sueltos cuando nos dejó auténticas joyas en forma de discos. Hoy encima hemos traído un disco de descartes, dejaremos para otra ocasión la prueba irrefutable de que Roy Orbison era mucho más, el Rey de Corazones.

 

 

 

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