Toda discoteca que se precie debe tener alguna joya escondida para las masas. O como poco, una que te haga pensar “como puede ser que tan poca gente conozca una joya como esa”. Por hoy hablaremos de Saint Jude y su único trabajo publicado, pero su cantante bien merece un próximo articulo.
Está claro que al Judas al que hicieron referencia Lynne Jackaman y Adam Greene cuando decidieron nombrar a su banda era al patrón de las causas perdidas y la esperanza en momentos de desesperación. Pero, viendo cómo terminó la banda, quizás fue Iscariote el que se quiso colar también en esta fiesta. Porque no poder disfrutar de más música tras un disco debut como “Diary of a Soul Fiend” me parece toda una traición al buen gusto musical.
Una gasolinera de una carretera perdida de Escocia tiene la culpa de que descubriera a la banda. Rebuscando entre las publicaciones inglesas que había disponibles, me llamó la atención el número de ese mes de Classic Rock. Amantes de incluir siempre algún CD con cortes de las novedades, en esta ocasión aquel número venía con un pequeño libro sobre discos en directo que cambiaron la historia y el CD de una banda novel de nombre Saint Jude.

Al llegar del viaje y deshacer las maletas, y con un reproductor por fin a mano para poder disfrutar el disco, puse aquel disco gratuito para tenerlo de fondo. Hasta que sonaron los primeros segundos de “Soul on Fire” y decidí que ese regalo de los dioses había que disfrutarlo con más atención. La voz de Lynne Jackaman destilaba garra, potencia y poder a partes iguales. Las cuerdas parecían llegar a rasgarse con cada nota que salía de su boca. Y todo acompañado por una banda que sonaba a lo mejor de unos The Black Crowes que, entre pelea y pelea, nos habían dejado casi huérfanos tras un muy recomendable “Before the Frost… Until the Freeze” (2009).

Una vez termina “Garden of Eden”, en el que aparece Ronnie Wood aportando el slide, es imposible parar el disco. La esencia de Faces aparece en “Little Queen” y cuesta recuperar el aliento tras semejante gancho, y solo queda una cosa por hacer: ir a la esquina pensando que el knockout es irremediable. Y si crees que con las baladas se puede tener un poco de tregua, te equivocas. “Down This Road”, “Angel”, con un elegante solo de guitarra, “Rivers and Streams” o una impresionante “Down and Out” invocan al espíritu de Janis Joplin para que vuelvas a encajar un par de nuevos certeros golpes, poniendo el cuerpo al límite de la lágrima en cuanto te dejas arrastrar por el embrujo de la voz de Jackaman.

“Parallel Life” y “Southern Belles” completan un disco corto pero efectivo que consigue que te quedes con ganas de más. Algo que, siendo un debut, podría suponerse solucionable con el tiempo. Tras tocar en varios festivales y ver el potencial de los temas inéditos, todo hacía suponer que el segundo disco estaba por llegar. Pero la desgracia y ese alma demoníaca del título quisieron tomar protagonismo, y su talentoso guitarrista Adam Greene murió víctima del cáncer, truncando una carrera que prometía mucho.

La banda continuó brevemente, presentando incluso un EP con titulo “Ladies and Gents” en el que aparecían algunos de esos temas con Marcus Bonfanti tomando el papel de guitarra principal. Pero ya nunca fue lo mismo y fue mayor el peso de la pérdida que el de continuar como banda. Por suerte para la música, no fue una retirada completa y los miembros de la banda siguieron en la escena en mayor o menor medida destacando Lynne Jackaman y el guitarrista Marcus Bonfanti. En 2020, la cantante reunió bajo el título de “One Shot” un potente disco en solitario que quedó bastante escondido en estas tierras y que bien merece una escucha. El guitarrista por su parte llegó a liderar Ten Years After y a tocar junto a grandes nombres como Ronnie Wood, Van Morrison o David Gilmour.
Para el recuerdo queda su tremendo directo para el clásico de la televisión alemana “Live at Rockpalast”, que podéis degustar en este mismo artículo. Porque hay discos que nunca deberían darse por olvidados, y “Diary of a Soul Fiend” es uno de esos.