Tigerleech no llegan a Bicephalous por casualidad. La trayectoria del grupo, del demo de 2014 a The Edge of the End (2019) y Melancholy Bridge (2021), ha ido más de complicarse que de crecer de forma ordenada. Lo que empezó como un grupo de hardcore con tirada al sludge fue sumando peso melódico, ritmos más trabajados y una incomodidad cada vez mayor con las etiquetas. Cada disco ensanchaba el marco sin romperlo del todo. Bicephalous, grabado tras un largo periodo de reajuste creativo, es el momento en que Tigerleech dejan de intentar que todo encaje.
Tigerleech didn’t arrive at Bicephalous by accident. The band’s trajectory, from their 2014 demo through The Edge of the End (2019) and Melancholy Bridge (2021), has been one of steady complication rather than simple growth. What began as a sludge-rooted hardcore outfit gradually absorbed melodic weight, structural patience and a growing discomfort with genre boundaries. Each release widened the frame without fully breaking it. Bicephalous, recorded after a prolonged period of artistic recalibration, is where Tigerleech stop trying to unify those impulses.
El título no funciona tanto como metáfora sino como diagnóstico. Con una formación ampliada (especialmente la entrada de un segundo guitarrista y una base rítmica replanteada), la banda actúa ahora como un organismo de dos cabezas. Una tira hacia el groove, el cuerpo y el impacto físico; la otra hacia la fricción, la tensión y el desgaste estructural. En discos anteriores esa división ya estaba ahí, aunque de fondo. Bicephalous recoge la decisión de no cerrarla. En vez de elegir entre la hipnosis sludge y la urgencia hardcore, el peso stoner y los desarrollos post-metal, Tigerleech dejan que todos esos impulsos convivan – y choquen – dentro de los mismos temas.
The title is less a metaphor than a diagnosis. With an expanded lineup (most notably the addition of a second guitarist and a reshaped rhythm section), the band now operates as a genuinely two-headed organism. One head leans toward groove, mass and physical impact; the other toward disruption, tension and structural abrasion. Earlier records hinted at this split. Bicephalous documents the decision not to resolve it. Rather than choosing between sludge and hardcore urgency, stoner weight and post-metal sprawl, the band lets those instincts coexist – and collide – within the same songs.
Lo que define el disco no es tanto su pesadez como su densidad. La ampliación de la banda no solo hace el sonido más grueso: cambia su manera de funcionar. Los riffs se acumulan, se pisan, se rozan hasta chirriar. El peso del álbum no viene tanto de afinaciones graves como de la acumulación: ideas que se resisten a desaparecer, grooves que se reinician justo cuando empiezan a asentarse.
What defines the album isn’t heaviness as such, but density. The expanded lineup doesn’t just thicken the sound; it changes how the music behaves. Riffs accumulate, overlap and grind against each other. The album’s weight comes less from downtuning than from accumulation: motifs that refuse release, grooves that reset just as they threaten to settle.
Ahí es donde Bicephalous se sale de la zona cómoda de cualquier género. El sludge suele basarse en fijar un riff y exprimirlo hasta el final. Tigerleech se dedican a sabotear ese impulso. Los temas giran sin avisar, los pasajes lentos se rompen con acelerones repentinos, los cambios rítmicos abruptos aparecen no como exhibiciones técnicas sino como puntos de tensión. El resultado es ligeramente hostil: no busca aplastar al oyente, sino mantenerlo alerta, incómodo, sin poder acomodarse del todo.
That’s where Bicephalous departs from genre comfort. Sludge traditionally relies on locking in the riff and riding it into the ground. Tigerleech seem to sabotage that instinct. Songs pivot without warning, slow passages collapse under sudden acceleration, jagged rhythm shifts surface not as virtuoso gestures but as points of stress. The effect is faintly adversarial, less about crushing the listener than keeping them alert, slightly off balance.
La melodía es clave, y no para hacer el disco “más accesible”. Cuando aparece, no suaviza nada: cambia el foco. Las guitarras insinúan durante unos segundos una forma, una salida posible, antes de volver a quedar sepultadas bajo distorsión y arrastre rítmico. Esos momentos no resuelven la tensión; la remarcan. Parte del tono oscuro del álbum viene de ese amago constante de claridad. Se intuye por dónde podría abrirse la música. Decide no hacerlo.
Melody plays a crucial role, and not in a “more accessible” sense. When it surfaces, it doesn’t soften the impact; it reframes it. Guitar lines briefly suggest shape and direction before being swallowed again by distortion and rhythmic drag. These moments don’t resolve tension—they underline it. Much of the album’s darker tone comes from this repeated near-miss with clarity. You can hear where the music might open up. It chooses not to.
La voz de Thierry “Sheby” Septier refuerza esa negativa. Su forma de cantar sigue anclada en la inmediatez del hardcore y en la agresividad crossover de los noventa, pero Bicephalous le permite moverse más. Las voces colectivas conviven con registros más cercanos al desgaste y al agotamiento que a la rabia frontal
Thierry “Sheby” Septier’s vocal performance reinforces that refusal. His delivery still draws from hardcore’s barked immediacy and 90s crossover aggression, but Bicephalous allows for range. Collective vocals coexist with moments closer to wailed exhaustion than rage.
En lo lírico y lo conceptual, el disco se mueve alrededor del colapso sin embellecerlo. Las referencias a la autodestrucción del capitalismo o a últimos destellos de luz suenan a una banda haciendo recuento sobre la marcha. No hay discursos ni sensación de control: solo sistemas (musicales, sociales, personales) rozando sus propios límites.
Lyrically and thematically, the album leans into collapse without romanticizing it. References to capitalism’s self-destruction or final glimpses of light sound like a band taking inventory in real time. There’s no rallying cry here, no illusion of control; simply systems (musical, social, personal) grinding against their own limits.

La producción entiende todo esto sin subrayarlo. El sonido es grande, pero sobre todo es duro. Las guitarras pesan, la batería golpea más de lo que fluye, los graves aplastan en vez de expandirse. La mezcla mantiene visibles las tensiones internas del disco, sin suavizar transiciones ni poner ganchos por delante. Frente a trabajos anteriores de Tigerleech, Bicephalous se percibe menos como una colección de canciones y más como un bloque continuo, casi una discusión sostenida.
The production understands this instinctively. The sound is big, but more importantly it’s unforgiving. Guitars are thick, drums punch rather than roll, the low-end presses down instead of spreading out. The mix keeps the album’s internal conflicts audible, resisting the urge to smooth transitions or foreground hooks. Compared to Tigerleech’s earlier records, Bicephalous feels less like a set of tracks than a single, sustained argument.
Ese planteamiento tiene un precio. No es un disco agradecido de primeras. Pide tiempo y, según el momento del oyente, su tensión constante puede resultar agotadora más que estimulante. Algunos cambios bruscos cortan el impulso en lugar de reforzarlo. Hay momentos en los que la negativa a asentarse parece más una inercia que una decisión clara. Bicephalous no siempre sabe cuándo dejar de apretar.
Aun así, esa incomodidad es parte de su sentido. En un panorama de música pesada cada vez más dividido entre el refugio retro y la pulcritud extrema, Tigerleech ocupan un terreno poco cómodo: sucio, físico, difícil de etiquetar. Bicephalous no actualiza el sludge ni el hardcore; recuerda que en ambos la incomodidad era el punto de partida.
That argument comes at a cost. This is not an immediately generous record. The album demands familiarization time, and depending on the listener’s mood, its constant tension can feel nerve-straining rather than invigorating. Abrupt structural shifts sometimes interrupt momentum instead of sharpening it. There are moments where the refusal to settle feels less like intent than compulsion. Bicephalous doesn’t always know when to stop pushing.
Still, that unease is part of what gives the album its relevance. In a heavy music landscape increasingly split between retro comfort and hyper-polished extremity, Tigerleech occupy a less flattering middle ground: messy, physical, resistant to easy categorization. This album doesn’t modernize sludge or hardcore so much as remind both genres that discomfort used to be the point.
Para Tigerleech, este disco parece cerrar una etapa más que abrir otra. Resume su evolución, de raíces hardcore a algo más amplio, más oscuro y más contradictorio, sin vender la idea de un progreso limpio. Para quien escucha, este disco no funciona tanto como desahogo como como prueba: de paciencia, de atención y de aguante frente a una presión que no se resuelve. No busca caer bien. Obliga a estar dentro.