La banda de Alabama afincada en Nashville The Brook & The Bluff edita su quinto álbum en estudio, “Werewolf” con Dualtone Music Group, un sello reconocido por los aficionados a la música americana. Grabado en el Peptalk Studio de Nashville, ha sido producido por su bajista Micah Tawlks. La banda, tras un año de altibajos que incluyó la pérdida de un miembro, está compuesta por Joseph Settine y Alec Bolton (guitarras y voz), John y Kevin Canada (batería y teclados) y Micah Tawlks (bajo).
Escucha “Werewolf” de The Brook & The Bluff aquí:
The Brook & The Bluff regresan a sus raíces rockeras con un disco de alto voltaje inspirado en el directo que sube los amplificadores al 11, acelera el ritmo y aúlla en armonías a cuatro voces. Impulsado por la nítida composición y las voces potentes que han definido su catálogo, el álbum captura la energía cruda y sobrealimentada de los conciertos de la banda.
Tras casi una década de giras ininterrumpidas, la banda hizo una pausa y se reagrupó en Nashville, reuniéndose cada mañana para componer y ensayar como en sus inicios en la Universidad de Auburn. La vida transcurría de fondo: bodas, divorcios, dificultades reales de crecimiento. Dentro, todo era música.
Canalizando el espíritu de Creedence, Petty y Eagles, “Werewolf” ofrece canciones potentes, melódicas y profundamente humanas, como el primer single “Super Bowl Sunday”. Un himno impactante e introspectivo sobre el ego y los puntos ciegos emocionales. Junto a ella, “105” y “Get By” confrontan la masculinidad moderna, la introspección y el precio de seguir la carretera. “El objetivo era tratar el disco como un concierto en vivo”, dice el líder Joseph Settine. Y eso es exactamente lo que han hecho.
“Werewolf” es un disco que conserva la habilidad de la banda para desarrollar armonías fantásticas. CCR, Eagle o Tom Petty son referentes clásicos. Jayhawks, Ron Sexsmith o Grand Drive (la voz del cantante se asemeja en ocasiones a la de Danny), los contemporáneos. El disco ha sido orientado a un sonido crudo y directo, así que suena más fuerte que nunca. Y, sin duda, es el más inspirado de su carrera.
Se nota que el disco está grabado en directo sin grandes complementos. Podemos a escuchar a una banda en ebullición y disfrutando de sus canciones. Ya el riff que abre la canción que le da título deja claro por donde van a ir los tiros: rock de guitarras con melodías. Algo que se hace más patente todavía en “Get By”, a medio camino entre los Stones y Cheap Trick. Les sigue una joya que nos recuerda a los mejores Jayhawks, ese medio tiempo perfecto que es “Can’t Figure It Out”. Muchas bandas matarían por escribir canciones como esta.
“Super Bowl Sunday” es otro trallazo con sabor a himno, con un toque un poco más contemporáneo. “Baby Blue” es una melancólica balada folk con muy buen gusto donde demuestran su gusto por los Eagles. Todo lo contrario que “105”, puro rock pantanoso, algo así como escuchar a John Fogerty respaldado por Little Feat. “Gone For the Weekend” es otra de las apuestas ganadoras, muy en la onda de los Grand Drive. Folk rock setentero que suena actual y certero.
En “I’ll Have It Down” reinan las armonías a cuatro voces, uno de los principales puntos fuertes de la banda. “Change My Mind” vuelve a demostrar que es en los medios tiempos donde la banda suena más precisa. Canela fina, perfectamente instrumentada a la manera de los Steely Dann más rockeros. El álbum se cierra con el tema más relajado, “Moving Along”. Un momento acústico impulsado por el Wurlitzer que fusiona armonías y armónicas con cierto sabor a los Faces acústicos. Uno de los primeros grandes discos de este 2026 para los fans del mejor rock americano. Guitarras, melodías e influencias muy bien asimiladas. Músicos de talento todavía entusiasmados por crear canciones que puedan perdurar.
