Estrenaba emplazamiento el Fillmore Huertano y la fiesta se había trasladado a pleno campo. Algo había cambiado: el entoldado a cielo abierto, la paja que cubría el terreno, los olivos, el castillo de Sax vigilante.
Tampoco estaba en la mesa Jorge Navarro, artífice durante años de ese sonido característico, el toque huertano. En el público las mismas ganas de siempre, a pesar del frío exagerado del primer día de primavera, normal porque estas tierras miran de cerca a la meseta castellana. Se encendieron las luces.

Esto también era diferente, tiras de leds en el cañizo barrieron hacia nuestra memoria la intimidad cálida de las bombillas. Renovación, un paso adelante. Y empezó, y desde el principio sonó distinto, más amplio, más expandido. Era y no era el sonido de la huerta, pero nos gustaba también. Era en cierto modo el sonido de la celebración. A veces en vez de un concierto hay una fiesta.
Hay días que son de jolgorio y de verbena y Angela Hoodoo, que en realidad se llama Ángela Ávila, trajo su espectáculo country, en el que finge ser una chica forajida y canta canciones de su repertorio, que se quiere mirar en el espejo de Nashville. Fue lo suyo una incitación continua al baile, no respondida, tal vez por el frío, tal vez por esa fastidiosa costumbre que tenemos de bailar cuando nos apetece y no cuando nos dicen que toca. Y así, bajo el cielo estrellado y la luna creciente, nos vimos consultando cuándo es la próxima fecha en la agenda. El prólogo había acabado, y el nuevo Fillmore se asoma, viene con una promesa de música que está ahí, a la vuelta del mes de abril.
Fotos y video: Juan J. Vicedo.
