Michael Weston King acaba de editar el que se a posiblemente su mejor disco. Grabado entre Gales y Sheffield, “Nothing Can Hurt Me Anymore” fue producido por Michael junto con Colin Elliot (Richard Hawley, Jarvis Cocker, Self Esteem). Entre los músicos que participaron en el disco se encuentran Dean Beresford (Richard Hawley, Imelda May) en la batería, Matt Holland (Van Morrison) en la trompeta, Shez Sheridan (Richard Hawley, Duane Eddy, Nancy Sinatra) en la guitarra, Clovis Phillips (Bill Callahan, Jerry DeCicca, Jeb Loy Nichols) en el bajo, los teclados y las guitarras, Clive Mellor (Liam Gallagher) en la armónica, y los amigos estadounidenses Erin Moran —también conocida como A Girl Called Eddy— y Jeb Loy Nichols en los coros.
Escucha “Nothing Can Hurt Me Anymore” de Michael Weston King aquí:
Michael Weston King no tenía previsto grabar un nuevo disco en solitario. El cantautor inglés, que junto a su mujer Lou Dalgleish forma My Darling Clementine, estaba trabajando en su último álbum en la primavera de 2024. La grabación inicial tuvo lugar en los pequeños estudios Add a Band, en Gales, cerca de donde Michael y Lou se habían mudado en 2023. Pero, en el verano de 2024, una tragedia personal lo cambió todo. Perdieron a su nieta de seis años, Bebe, en los atentados de Southport en julio de ese año.
Por mucho que intentaron seguir adelante y grabar un álbum de My Darling Clementine, que iba a ser un disco sobre empezar de cero y comenzar una nueva vida en el campo, el peso de tanta tristeza y dolor les abrumó y no les pareció lo correcto. Los trágicos sucesos del verano de 2024 no solo cambiaron la música que creaban y las canciones que componían, sino que también transformaron su perspectiva de la vida. Conscientes de que el duelo de cada persona es único —incluso el de un matrimonio—, Michael y Lou necesitaban canalizar su sufrimiento a través de su creatividad individual, por lo que trabajaron en dos álbumes en solitario.
El disco de Lou saldrá a la venta a finales de este año, mientras que el de Michael, “Nothing Can Hurt Me Anymore”, se publicó el 4 de abril el día en el que Bebe hubiera cumplido ocho años. Es un álbum excepcional de canciones emotivas y atmosféricas, maravillosamente elaboradas; a menudo oscuras y dolorosamente honestas, pero también tiene momentos de humor irónico, estoicismo y compasión.
“Para ser honesto, tras aquel suceso, casi me era imposible escribir sobre otra cosa. Espero estar ya agotado creativamente con este tema, pero creo que influirá en mi escritura para siempre, al igual que la pérdida de Bebe”.
Ya desde la portada -portando el peluche favorito de Bebe-, está claro que este trabajo es muy especial. Como todos los discos que surgen tras una tragedia personal, el disco tiene un gran alcance emocional. Aunque, lejos de quedarse en la tristeza pura, el artista transforma esa experiencia en canciones que cualquiera puede sentir como propias, incluso sin haber vivido algo similar.
Desde el inicio con “The Golden Hour” vemos que estamos ante un disco muy especial. Inspirada en la idea médica de la “hora dorada” -los 60 minutos claves tras un accidente-, la canción funciona como metáfora del momento en que comienza la sanación. Musicalmente, es una mezcla entre el Bruce Springsteen más clásico y el folk rock inglés. Su preciosa letra combina desesperación y esperanza. El tema que da título al disco, “Nothing Can Hurt Me Anymore”, es mucho menos luminoso. A ritmo de oscura balada country, explora las secuelas emocionales y la exposición mediática del dolor. “Ella nos deja hoy / Se ha ido, pero aún la oímos cantar”.
“Nos llevamos el dolor a casa; algunos lo llevaron a la calle”. Ese sensacionalismo interesado es denunciado en “Die Of Shame”. El tono cambia en la delicada joyita folkie que es “A Field Of Our Own”, que parece recordar los momentos compartidos. “Grow Old With Me” se presenta como una declaración de amor eterno a su esposa. Los arreglos de metales aportan calidez y optimismo elevan su carácter optimista, recordando que incluso en medio del duelo hay espacio para el amor.
“Just A Girl In The Summer” sorprende con sus arreglos country pop que pueden recordar a Joe South o a las composiciones de David/Bacharah. “La Bamba In The Rain”, una de mis favoritas, es un folk rock dinámico cuya letra vuelve a denunciar la apropiación ideológica de la tragedia. “Esta vez no habrá esperanza para nosotros. Cuando todo se trata como un pecado o un crimen”. Es una pena que no vaya a compartir más momentos con Bebe, y siempre se le recordará. “When I Grow Old” es una reflexión sobre acostumbrarse al nuevo significado del paso tras la pérdida.
“A Mother’s Pride” añade un poco de new wave costelliano, algo que sienta de maravilla al disco, antes de sumergirse en la desolación de “Into The West”, con una atmósfera blues, es una larga canción que serpentea en la oscuridad. La última canción, la delicada “Sally Sparkles”, se inspira en el nombre artístico que Bebe usaba cuando cantaba en el jardín. Es una tierna celebración de una vida que prometía mucho, pero que se perdió en un momento de odio.
My Darling Clementine han construido una carrera llena de buenos momentos, pero este disco va más allá. Canciones llenas de vida en medio de la tragedia y llenas de equilibrio. Preciosismo musical donde se nota la mágica mano del productor Colin Elliot. Uno de los discos más emocionantes del año, pero también de los más brillantes. Ojalá la aportación de Lou Dalgleish sea igual de brillante.
