La primera vez que vi a SLIFT fue en el Sonic Blast de 2022, en Portugal. Aquel jueves ya habían pasado por el escenario bandas como Slomosa, King Buffalo o Nebula. Incluso Stöner (Brant Björk y Nick Oliveri) acababan de tocar unos minutos antes. El nivel era absurdamente alto. Y aun así, los franceses consiguieron algo bastante difícil: salir después de todo eso y volarle la cabeza a medio festival.
Ahora SLIFT regresará a la península en febrero de 2027 para presentar Fantasia, su nuevo trabajo de estudio, con dos fechas en salas en Madrid y Barcelona:
5 de febrero · Sala Copérnico (Madrid)
6 de febrero · Sala Wolf (Barcelona)
Una de las cosas que siempre me han resultado más curiosas de SLIFT es su relación con la repetición. Muchos grupos intentan sorprenderte constantemente. Ellos hacen justo lo contrario: te obligan a convivir con una idea hasta que acaba transformándose en otra cosa.
Escuchar a SLIFT por primera vez puede resultar engañoso. Parece que las canciones avanzan siempre hacia el mismo lugar. Y no porque les falten ideas. Lo fascinante es cómo consiguen exprimir una misma idea durante minutos y minutos… el riff gira y gira sobre sí mismo; la batería insiste, apretando más; el bajo se aferra al suelo. Luego miras el reloj y descubres que llevas diez minutos dentro de la misma canción sin recordar exactamente cuándo empezó a transformarse.
Jean Fossat, su hermano Rémi y el batería Canek Flores llevan casi una década desarrollando canciones alrededor de patrones hipnóticos, desarrollos largos y una intensidad que crece poco a poco hasta acabar convirtiéndose en algo difícil de ignorar.
Hay krautrock. Hay space rock. Hay doom. Hay psych. Todo eso está ahí. Pero también se queda corto. Han creado una especie de lenguaje propio en algún punto extraño entre Hawkwind, Can y Motorpsycho.
Durante años han ido ampliando la escala de sus discos. Ummon (2020, Vicious Circle) los colocó definitivamente en el radar internacional y acabó llevándolos hasta Sub Pop en 2024 con Ilion, una obra gigantesca de más de ochenta minutos que parecía empeñada en demostrar hasta dónde podía estirarse una canción antes de romperse. Discos enormes. Ambiciosos. Desmesurados incluso.
Y precisamente por eso resulta interesante lo que han hecho ahora. Fantasia (a punto de editarse) supone un pequeño giro de guion. Porque en lugar de seguir creciendo hacia fuera, parece mirar hacia dentro.
Menos duración. Menos desarrollos kilométricos. Más inmediatez. Más pegada.
No porque SLIFT hayan suavizado nada, sino porque parecen haber decidido concentrar toda esa energía en canciones más directas, grabadas en gran parte en primeras tomas y con bastante menos interés por la perfección quirúrgica que domina buena parte de la música contemporánea.
Hay algo casi reconfortante en eso. Sobre todo, viniendo de una banda que sigue ensayando con disciplina casi religiosa en un sótano de las afueras a Toulouse mientras su nombre continúa creciendo por medio mundo.
Y luego está el directo: toda esa desmesura sonora no se diluye, se reorganiza en algo que te rodea por completo visualmente.
Las proyecciones y el espectáculo lumínico que acompañan sus conciertos forman parte de la experiencia tanto como los riffs o la batería. No funcionan como un añadido: da la sensación de estar viendo una banda sonora para una película de ciencia ficción del futuro. Por algo estamos hablando de una banda que llegó incluso a tocar dentro de un telescopio gigante.
Las entradas para Madrid y Barcelona ya están disponibles (¡y volando!).
Y si todavía no has visto nunca a SLIFT, la primera semana de febrero de 2027 lo pone fácil.