Jack White: “Frozen Charlotte”

El séptimo álbum de estudio de Jack White, “Frozen Charlotte”, se lanza mañana a través de Third Man Records. El álbum fue autoproducido por White y grabado en su estudio Third Man de Nashville. Los músicos que le acompañan son básicamente Patrick Keeler (batería), Dominic Davis (bajo ) y Bobby Emmett (órgano Hammond, Mellotron y coros), con pequeñas colaboraciones de Daru Jones, David James Swanson y Olivia Jean.

Con No Name”, Jack White encontró un punto de equilibrio que parecía difícil de recuperar tras varios discos donde la experimentación acababa imponiéndose a las canciones. Apenas un año después, el nuevo álbum es menos inmediato, más compacto y construido alrededor de una idea muy concreta: convertir la guitarra en el auténtico motor narrativo de las canciones. Cream, Led Zeppelin o el primer Jeff Beck están presentes en su sonido más que nunca. El lanzamiento también es más modesto: quizás solo sea un divertimento en su carrera, pero muy disfrutable.

Desde el inicio queda claro. “G.O.D. and the Broken Ribs” reimagina el relato de Adán y Eva con un tono entre lo absurdo y lo apocalíptico, donde la música ocupa el lugar de la manzana. Pero más allá de la letra, lo importante sucede cuando la banda entra en acción. Los riffs responden a las frases de White, los silencios preparan nuevas explosiones de distorsión y la guitarra acaba apropiándose del protagonismo. Es una declaración de intenciones: durante los siguientes cuarenta minutos, el instrumento será el verdadero guía del disco.

Ese planteamiento continúa en “Derecho Demonico”, -curioso título en español- donde un riff muy Led Zeppelin va transformándose mediante cambios de textura más que de estructura. White utiliza la guitarra como un elemento expresivo capaz de responder a sus propias letras. Es una de esas canciones que probablemente crecerán todavía más sobre un escenario. “There’s Nobody There”, por su parte, alterna momentos contenidos con estallidos instrumentales que funcionan como contrapunto en medio del caos. Un tema cerca de los sonidos del “Truth” del Jeff Beck Group.

“Raising the Grain” juega con ecos y repeticiones para construir una atmósfera inquietante. La agresividad de “You’ll Never Fix Me” conecta con el garage rock que siempre ha acompañado al músico. Son canciones que confirman el enfoque del disco: los riffs parecen importar más que los estribillos.

“Dollar Bill” juega a deconstruir el blues para construir uno de los temas más interesantes del disco. “I Can’t Believe What I’m Hearing” introduce un punto de humor y rompe la linealidad mediante cambios de ritmo y pequeños giros estructurales, acercándose por primera vez al rock psicodélico, aunque siempre desde su personalísimo punto de vista.

Uno de los mejores momentos llega con “All Alone Again”. White recupera su gusto por las metáforas aparentemente sencillas para lanzar una reflexión mucho más amplia. La imagen de quemar un pajar para encontrar una aguja resume una crítica a la codicia y a las soluciones destructivas que nos venden como la quintaesencia de la diplomacia. ¿Un ataque a la administración Trump?. Musicalmente, el tema avanza sobre un blues pesado y casi pantanoso que demuestra que White sigue encontrando nuevas posibilidades dentro de un lenguaje que conoce a la perfección.

El punto culminante llega con “Neighbors Blues”, probablemente la canción más lograda del álbum. A partir de los conflictos entre vecinos, White habla de intolerancia y el egoísmo sin necesidad de convertir la canción en un discurso político explícito. Musicalmente, guitarra y órgano terminan fundiéndose en un desarrollo instrumental tan caótico como estimulante. La canción más larga y, posiblemente, el mejor momento del disco.

“Frozen Charlotte”  es un disco que, quizás peca de linealidad. Las canciones funcionan como vagones de un tren que nos lleva a un viaje que crece con las escuchas. La guitarra deja de ser un simple vehículo para los solos y pasa a desempeñar un papel narrativo, dialogando continuamente con la voz y ocupando los espacios donde las letras ya no necesitan decir nada más. La influencia del blues rock de los últimos 60s, con Cream como máximo exponente, parece clara. No pasará a la historia como el mejor disco de White, ni amplía los límites de su universo personal. Simplemente es una nueva vuelta de tuerca alrededor de su sonido. Tampoco hay que penalizarle por él, pues pocos músicos mantienen la llama de sonidos tan clásicos como él.

jackwhiteFrozenCharlotte02

Escrito por
More from Javier Casamor

Restos debutan con “Ain´t Dead Yet”

La banda de Austin (formada con los Restos de Western Youth tras...
Leer Más

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.