ZZ TOP: el rugido eterno de Texas sobrevive en Valencia pese a un sonido desastroso

Más de medio siglo después de su nacimiento, ZZ TOP siguen siendo una institución del blues rock. Ya no están todos los que construyeron la leyenda, pero mientras Billy Gibbons siga empuñando su inseparable guitarra, el espíritu del trío tejano continúa vivo. El pasado 22 de julio, dentro del ciclo FAR Valencia, el Auditorio Marina Norte recibió a una de las bandas más influyentes del rock americano, en una noche que dejó grandes momentos musicales, aunque empañados por un sonido sencillamente impropio de un concierto de este nivel.

Antes del plato fuerte, La Perra Blanco demostró por qué es una de las grandes esperanzas del rock and roll estatal. Alba Blanco, acompañada por Jesús, Gerard y Guillermo, presentó parte de su reciente álbum Lovers and Fears con una descarga de rockabilly, blues y rock de alto voltaje. Sonaron Treat Me Like a Man, It’s Fun But It’s Wrong, Supersonic Lover, la delicada Hold Me, Why Don’t You Love Me, el instrumental La Furia o Won’t You Come On, entre otros temas. Una actuación intensa y convincente que mereció una mejor respuesta por parte del equipo de sonido.

Con puntualidad, las luces se apagaron y apareció Billy Gibbons al frente de unos ZZ TOP que hoy son, inevitablemente, una versión distinta de aquella formación inmortal. Junto al guitarrista estuvieron Elwood Francis, sustituto del desaparecido Dusty Hill al bajo, y Michael Monahan, ocupando la batería en ausencia de Frank Beard, apartado temporalmente por motivos de salud.

El arranque con Got Me Under Pressure dejó claro que la maquinaria sigue funcionando. La intensidad continuó con la fantástica versión del clásico soul I Thank You, de Sam & Dave, antes de viajar hasta el imprescindible Tres Hombres con el impecable dúo formado por Waiting for the Bus y Jesus Just Left Chicago, una de esas canciones que siguen poniendo los pelos de punta cinco décadas después.

El repertorio fue un auténtico recorrido por la historia del grupo. Gimme All Your Lovin’, Pearl Necklace, I’m Bad, I’m Nationwide, con un simpático Billy Gibbons dirigiéndose en español al público para felicitar a España; I Gotsa Get Paid, My Head’s in Mississippi, la recuperada Brown Sugar, firmada por el propio Gibbons, Cheap Sunglasses y Just Got Paid mantuvieron el listón muy alto.

La recta final fue un auténtico festival de clásicos. Sharp Dressed Man, una de esas canciones que ya forman parte de la historia del rock, precedió a Legs, con las icónicas guitarras forradas de piel que siguen despertando la ovación del público como hace cuarenta años. El bis terminó de rematar la faena con Tube Snake Boogie, Thunderbird y una irresistible La Grange, convertida desde hace décadas en el himno definitivo de los tejanos.

La gran cruz de la noche fue, sin discusión, el sonido. Embarrado, desequilibrado y falto de definición durante buena parte del concierto. Ni siquiera buscando una buena ubicación en el recinto se consiguió una escucha realmente satisfactoria. Una lástima, porque el repertorio y la entrega de la banda merecían mucho más.

Aun así, contemplar sobre un escenario a Billy Gibbons sigue siendo un privilegio. Su inconfundible tono de guitarra, su manera de frasear y esa elegancia natural que desprende convierten cada concierto en una pequeña lección de blues rock. Puede que los ZZ TOP de 2026 ya no sean exactamente los de Tres Hombres, Degüello o Eliminator, pero mientras Gibbons siga al frente, la llama de una de las bandas más grandes surgidas en los años setenta continúa ardiendo.

Texto: Alex Ruiz. Fotos: Sergio Lacedonia.

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