Michael McDermott: “Flowers From The Graveyard”

Michael McDermott sigue construyendo su carrera a base de discos llenos de solidez. Flowers From The Graveyard es un nuevo eslabón en una trayectoria impecable. En este nuevo trabajo, se acompaña de Steven Gillis (batería), Matt Thompson (bajo), Grant Tye y Will Kimbrough (guitarras) y John Deaderick (piano). Coproduce el propio Michael junto a Steven Gillis. Edita Pauper Sky Records.

Escucha Flowers From The Graveyardde Michael McDermott aquí:

Desde que “620 W. Surf lo situara en el mapa en 1991, el compositor de Chicago ha recorrido más de tres décadas escribiendo sobre los que viven en los márgenes y sobre las heridas que todos arrastramos y que no terminan de cerrarse.  Nunca terminó de convertirse en la estrella que algunos vaticinaron, pero quizá esa ausencia de triunfo masivo haya terminado siendo parte esencial de su identidad. ”Flowers From The Graveyard” es un disco sobre lo que queda cuando ya han desaparecido las expectativas. Once canciones que reúnen buena parte de las diferentes caras de su autor. Después de haber separado sus dos vertientes musicales en Lighthouse On The Shore” y East Jesus”, McDermott vuelve aquí a juntarlas en un único paisaje. Lo acústico y lo eléctrico, lo íntimo y lo político, la melancolía y el impulso rockero conviven sin necesidad de establecer fronteras.

El arranque es significativo. “The Best We Get” entra con guitarras firmes, batería expansiva y esa clase de estribillo que parece diseñado para la carretera. Hay ecos del John Mellencamp más clásico, pero McDermott no necesita esconderse detrás de sus referencias. La canción tiene la energía de quien conoce perfectamente su oficio y una letra que cuenta esa sensación de haber llegado hasta donde se podía llegar y tener que aceptar que, quizá, ya no se pueda pasar de ahí. “Always A Ways Away” continúa por ese camino. Una canción con sabor a himno, con un gran estribillo y que, en cierta medida, podría haber llegado a ser un éxito en las emisoras de FM si la hubiera firmado Bon Jovi.

“Nobody” desplaza la mirada hacia los perdedores que tantas canciones han inspirado. Apostadores, timadores, personajes nocturnos y supervivientes de una ciudad decadente forman una fauna humana en la que McDermott termina incluyéndose a sí mismo. Hay algo profundamente americano estadounidense en esa reivindicación del perdedor tan habitual en su obra. “But For The Little Moments” suena a power ballad ochentera mientras su letra se inspira en una escena de “Stardust Memories” de Woody Allen. Su reivindicación de los pequeños momentos es reveladora y necesaria.

“Johnny Sparrow And The Sunset Girl” funciona desde una escala mucho más pequeña: dos personajes, una ciudad y una historia de amor y pérdida. La instrumentación acústica me recuerda un poco a los Dogs D’Amour: su voz rota pero expresiva es lo que necesita la narración. Algo parecido sucede en “The Lords Of Lincoln Park”, donde las calles de Chicago se convierten en territorio emocional de alguien que trata de buscar respuestas donde quizás no las hay.

“Old Feelings” es una canción sobre los fantasmas que no desaparecen por mucho que hayan pasado los años. Sus guitarras y unos teclados llenos de épica nos remiten a los clásicos. “The Struggle Makes You Stronger” comienza con una excelente armónica que hace que suene a Springsteen inmediatamente. Aunque a distinto nivel, juegan en la misma liga. McDermott, como el Boss, sabe marrar que, para mucha gente, la lucha no garantiza ninguna recompensa y que rara vez nos espera la tierra prometida esperando al final del camino. Preciosa melodía para una de las mejores canciones del disco.

“The Future” es la canción más política del trabajo. McDermott nunca ha sido especialmente partidario de callarse. Su visión de la América contemporánea es mordaz, desencantada y deliberadamente incómoda. Da ahí el miedo al futuro que le asalta. “Flowers From The Graveyard”, la canción que da título al disco, parece resumir la obra de McDermott: buscar belleza creciendo allí donde parecía imposible que creciera nada. Sus canciones están llenas de derrotas, viejas heridas, incertidumbres y personajes que han llegado tarde a casi todo. Pero, a pesar de todo, siempre hay espacio para la esperanza. Por eso, cierra el álbum con una preciosa “Ain’t Life Beautiful”. A pesar de todos los golpes, ¿no sigue siendo hermosa la vida?

A estas alturas, McDermott ya no necesita demostrar que puede escribir buenas canciones. Lleva más de treinta años haciéndolo sin llegar a lo más alto. La crítica siempre recibe sus discos con entusiasmo, pero de momento sigue conformándose con una carrera firme pero lejos de los focos. Este nuevo trabajo es una nueva muestra de su buena mano para componer canciones llenas de buenas guitarras y estribillos infalibles.

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