The Waterboys y Steve Earle en Valencia

Hay conciertos que son simplemente conciertos y hay otros que tienen algo de viaje en el tiempo. El pasado jueves 3 de septiembre, el Roig Arena de Valencia se convirtió durante casi tres horas en una máquina del tiempo que nos llevó de vuelta a los años ochenta, donde aquellos primeros discos que descubríamos siendo adolescentes y que terminarían formando parte de la banda sonora de nuestras vidas.

The Waterboys, la banda británica liderada por Mike Scott, regresaban a Valencia dentro de su Fisherman’s Blues Revue, en su único concierto en España. Y no lo hacían solos: la segunda parte de la noche tendría como protagonista a uno de los grandes nombres de la música americana, Steve Earle. Una combinación difícil de mejorar para cualquiera que haya crecido entre el folk rock británico, la música tradicional irlandesa y el country-rock de raíces americanas.

Para muchos de nosotros, The Waterboys llegaron cuando apenas teníamos catorce años. Llegaron con aquellos discos que parecían contener algo diferente, una mezcla de rock, folk, música celta y una épica muy particular. This Is the Sea y, poco después, Fisherman’s Blues, no eran simplemente álbumes: eran discos para descubrir, escuchar una y otra vez y hacer tuyos, y comprobar ahora, tantos años después, que aquellas canciones siguen teniendo esa capacidad de emocionar es una de las grandes recompensas que puede ofrecer la música en directo.

THE WATERBOYS: CUANDO EL FOLK SE CONVIERTE EN ROCK

The Waterboys salieron a escena con “Don’t Bang the Drum”, dejando claro desde el primer minuto que aquello no iba a ser una simple revisión nostálgica de su trayectoria. El sonido tenía músculo, pero también esa capacidad de dejar espacio a los instrumentos tradicionales que caracteriza a la banda.Llegaría después “Glastonbury Song”, y el violín comenzó a adquirir cada vez más protagonismo. Con “How Long Will I Love You?”, la atmósfera cambió y el público empezó a dejarse llevar definitivamente.

Mike Scott, siempre en el centro de todo aquello, se colocó al teclado para afrontar dos de esas canciones que ya forman parte de la historia de The Waterboys: “A Girl Called Johnny” y, poco después, uno de los momentos más esperados de la noche, “The Whole of the Moon”.Y ahí estaba. Ese estribillo que llevamos décadas cantando. Esa canción que pertenece a una época pero que, escuchada en directo tantos años después, sigue sonando enorme.

El concierto continuó con “We Will Not Be Lovers” y “Medicine Bow”, uno de los primeros grandes temas de la banda, antes de entrar de lleno en la vertiente más tradicional con “The Raggle Taggle Gypsy”.El viaje por Fisherman’s Blues alcanzaba entonces uno de sus puntos más interesantes con el medley “Sweet Thing / Blackbird”, seguido de “Strange Boat” y el estupendo “Dunford’s Fancy”.

Guitarras, violín, teclados, clarinete, batería y bajo se iban alternando y cruzando sobre el escenario, construyendo ese sonido que hace que The Waterboys sean difíciles de encerrar en una sola etiqueta. Son rock, sí. Son folk. Son música celta. Son música irlandesa. Pero, sobre todo, son The Waterboys.

El set se cerraba con “The Stolen Child”, inspirada en el poema de William Butler Yeats, poniendo el punto final a la primera parte de una noche que ya había cumplido con creces las expectativas.

Pero todavía quedaba la segunda mitad.

STEVE EARLE: CARRETERAS, COUNTRY Y ROCK AND ROLL

Tras el descanso, el escenario recibía a un músico de esos que no necesitan demasiadas presentaciones. Steve Earle, nacido en Virginia y criado en Texas, figura fundamental de la música americana contemporánea. Country, rock, folk, blues y tradición songwriter conviven en una carrera que ha influido a generaciones enteras. Y apareció con “Copperhead Road”. No había mejor manera de entrar.

Desde las primeras notas quedó claro que Earle venía dispuesto a pisar el acelerador. Después llegaría “Guitar Town”, una auténtica declaración de principios y uno de esos temas que explican por sí solos por qué Steve Earle es una referencia imprescindible de la americana.La emoción bajó unos grados, pero ganó profundidad con “My Old Friend the Blues”, una auténtica maravilla de canción. Después, “I Ain’t Ever Satisfied”, grabada junto a The Dukes, devolvía el pulso rockero al escenario.Uno de los momentos especialmente celebrados de su actuación llegó con “Volver a Celaya”, de su colaboración con Los Lobos, antes de continuar con “Kansas” y “When Ye Go Away”.

Earle siguió demostrando que no necesita artificios. Una guitarra, una voz reconocible desde la primera frase y canciones capaces de hablar de carretera, pérdida, amor, desarraigo y supervivencia.Con “When Will We Be Married?” llegaría otro de los momentos destacados, antes de afrontar una magnífica versión de “Dead Flowers”, el clásico de The Rolling Stones. Y entonces ocurrió algo especialmente bonito: Mike Scott se unió a Steve Earle, llevando la colaboración entre ambos músicos a uno de los puntos más altos de la noche. El público respondió cantando.

Porque hay canciones que ya no pertenecen únicamente a quienes las escribieron. Pertenecen a todos.Después llegaron “Come Back to Galway” y “Has Anybody Here Seen Hank?”, nuevamente con Mike Scott compartiendo escenario, antes de que Earle cerrase su set con “And a Bang on the Ear”. Pero todavía faltaba el bis.

GALWAY, FISHERMAN’S BLUES Y UN CÍRCULO QUE NO SE ROMPE

Un violín comenzó a sonar. Y con esas primeras notas apareció “The Galway Girl”. La respuesta del público fue inmediata. Poco después, Mike Scott y The Waterboys regresaban al escenario para afrontar la canción que daba sentido a buena parte de esta gira: “Fisherman’s Blues”.

Una canción que resume buena parte del universo de The Waterboys: Irlanda, mar, libertad, carretera, folk y rock mezclados en una misma pieza.

Y para terminar, todos juntos.

The Waterboys, Mike Scott y Steve Earle compartiendo escenario para interpretar “Will the Circle Be Unbroken”, el viejo clásico de la música country asociado, entre otros, a The Carter Family. Una elección perfecta para cerrar la noche. Porque, en realidad, el círculo tampoco se había roto.

Habían pasado décadas desde que muchos de nosotros descubrimos a The Waterboys siendo adolescentes. Décadas desde aquellos primeros vinilos, casetes o discos que poníamos una y otra vez. Y allí estábamos, tantos años después, cantando las mismas canciones.

UNA NOCHE PARA LOS QUE TODAVÍA CREEN EN LAS CANCIONES

Lo ocurrido en el Roig Arena fue mucho más que un repaso a dos carreras extraordinarias. Fue un encuentro entre dos tradiciones musicales que, aunque proceden de lugares diferentes, tienen un mismo lenguaje: el de las canciones con raíces.

The Waterboys demostraron que su mezcla de folk, rock y música celta sigue teniendo fuerza. Steve Earle recordó por qué su nombre ocupa un lugar privilegiado entre los grandes compositores de la americana.

Y entre ambos dejaron una noche construida a base de guitarras, violines, teclados, clarinete, batería y bajo, pero también de algo mucho más difícil de conseguir: memoria y emoción. Casi tres horas de música repartidas en dos sets, con un repertorio que atravesó décadas y fronteras.

Una noche de Valencia.

Una noche de carretera.

Una noche de folk y rock.

Y, sobre todo, una de esas noches que te recuerdan por qué algunas canciones se quedan contigo para siempre.

Texto Alex Ruiz. Fotos Juan Pardo.
More from Equipo de redacción de Dirty Rock Magazine

Loco Scott H. Biram en el Loco inside a bar

Este pasado miércoles 5 de junio, recibimos en el Loco Club de...
Leer Más

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.