Mary Gauthier: “Reckoning”

Tras cuatro años de espera, ya había ganas de disco de una de las grandes songwriters de América. “Reckoning”, el nuevo trabajo de Mary Gauthier, vuelve a demostrar que su afilada pluma es imprescindible en momentos turbulentos. Su música nunca necesita levantar la voz para dejar claro que algo se está rompiendo. Nueve canciones grabadas en Nashville bajo la producción de Neilson Hubbard y Dylan Alldredge —con Mark Hallman ocupándose de una de ellas en Austin—, en las que guitarra acústica, armónica y una voz malgastada por la vida sostienen un puñado de historias donde lo íntimo y lo colectivo terminan siendo la misma cosa. Edita Thirty Tigers.

Escucha “Reckoning” de Mary Gauthier aquí:

(disponible el día 25)

Gauthier no necesita inventarse una biografía turbulenta para justificar sus canciones. Su propia vida es suficiente. Adicción, recuperación, pérdida, exclusión, redención, … Pero lo que distingue su escritura no es la exhibición de las cicatrices, sino la capacidad de convertirlas en ventanas desde las que mirar el mundo. En “Reckoning”, esa mirada se amplía hacia la responsabilidad individual, la fe, la violencia política y las consecuencias de una sociedad que parece haber olvidado cómo escucharse.

La producción, deliberadamente despojada, encuentra una referencia explícita en el “Nebraska” de Bruce Springsteen. Voces cercanas, reverberaciones, cinta analógica y espacios que permiten respirar a cada palabra. No hay aquí una banda empeñada en subrayar las emociones. El peso recae en las canciones.

“Alcohol & Adderall” abre el disco con una cadencia firme y una voz ligeramente tratada que no pierde su calidez. Coescrita con su pareja Jaimee Harris y Ben Roberts, nace del dolor de contemplar cómo alguien se precipita hacia la autodestrucción. Vidas en el límite salidas de una novela de Bukowski. El estribillo es claro: “déjame decirte algo, cariño:/ Soy como una bala disparada, hay cosas de las que no se puede escapar”.  Gauthier no dramatiza el desastre; lo observa con esa mezcla de compasión y lucidez que constituye una de sus principales armas. No sería de extrañar que fuera una historia autobiográfica.

“Heaven”, escrita junto a Lori McKenna, reduce todavía más el sonido. Una guitarra punteada acompaña a un hombre que afronta la muerte de su esposa y solo encuentra consuelo en su fe. La canción podría haberse despeñado fácilmente hacia el sentimentalismo, pero Gauthier entiende que el dolor más profundo suele expresarse con palabras sencillas.

Si “Heaven” mira hacia arriba, “Judgement Day” arrastra los pies en el barro. El ritmo se vuelve más insistente, la armónica de Cole Hubbard añade una aspereza casi fantasmal y Gauthier adopta un tono que recuerda a Pete Seeger o Woody Guthrie. Su lectura de Jesús como refugiado, inmigrante y hombre de paz no necesita discursos adicionales: basta con enfrentar esa imagen a quienes utilizan la religión como frontera y arma.

La canción titular, “Reckoning”, es el momento culminante. Coescrita con otro genio como es Aaron Lee Tasjan, avanza durante casi seis minutos y medio con la contundencia de una locomotora que ya ha tomado velocidad. “Puedes cerrar todas las fronteras, puedes esconderte en tu propia piel/ Pero el momento de la verdad es un río, y el río avanza con fuerza”. Guitarra, armónica y un órgano insistente construyen un paisaje de amenaza, mientras Gauthier contempla un mundo enfrentado a las consecuencias de sus propios actos. Hay algo de folk-rock crepuscular y de blues eléctrico reducido a sus huesos en una canción que nos enseña que ha llegado el momento de la verdad.

“Some Times”, coescrita con Vince Gill, es una preciosa canción llena de nostalgia donde un anciano de color que ve pasar su vida ante sus ojos. Desde sus trabajos miserables hasta el orgullo de ver el primer presidente negro. Todo se desvanece y su esposa murió hace siete años, pero es razonablemente feliz. En “Soldier of Fortune”, la viola del italiano Michele Gazich aporta una gravedad de cámara funeraria, como si la canción avanzara entre ruinas que todavía conservan nombres propios. En ella, el retrato de un soldado de fortuna a través de la historia. Desde el imperio romano hasta los cazadores de inmigrantes que habitan en el ICE.

Beth Nielsen Chapman es su compañera de escritura en “Black Ice”. La canción encuentra su historia en una carretera traicionera. El hielo hace que los neumáticos pierdan el control sin previo aviso. Es una imagen sencilla y devastadora que utiliza el accidente para hablar de esas desgracias que llegan sin avisar. Excelente melodía y mejor historia. La colaboración con Nielsen Chapman continúa en “Gone”. Una canción de ausencia que se mueve entre los sueños, la memoria y el aprender a vivir con alguien que ya no está. La voz de Gauthier, áspera y melancólica, es un canto de resiliencia y aceptación.

Después de tantas coescrituras, el disco finaliza con “I Thought I Heard a Train”. es la única composición del álbum que Gauthier no firma. La canción cerraba “Where Shadows Fall”, de Tom Mason y también cierra este disco. Y es que funciona como una coda extraordinaria. Una habitación casi desnuda, iluminada por una vela, el invierno golpeando las ventanas y el rumor incierto de un tren que quizá se acerca o quizá solo existe en la imaginación de quien espera. La armónica vuelve a aparecer como un lamento discreto y la canción deja suspendida esa sensación de estar a punto de partir hacia un destino desconocido.

Quien espere sorpresas no las encontrará. Mary Gauthier no se reinventa: remodela aquello que lleva décadas haciendo. Canciones narrativas, sin adornos. De esas que cuentan mucho con palabras sencillas. Y una voz que tiene verdad y vida cantando melodías que se sostienen sin necesidad de perderse en virguerías. Tres acordes y la verdad. Una verdad que casi nunca es hermosa. Ella no vino al mundo para ocultarlo.

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