Brody Price: “Leaf Miner’s Daughter”

En su nuevo disco, el músico de Dallas lleva sus canciones a un terreno lleno de guitarras eléctricas saturadas, ritmos pesados y un sonido que parece hermanar el americana con el grunge. Al final, el resultado es un rock de aristas puntiagudas entre Crazy Horse y Drive-By Truckers. Grabado por Marshall Pruitt en Niles City Sounds, en Fort Worth, cuenta con Michelle Ayoubi al bajo, Zack Wiggs a la pedal steel, Jake Hall a la percusión, Jack Malonis a la guitarra y el piano, Scott Daniels al fiddle y el propio Pruitt a las voces y distintos instrumentos. Publica Gar Hole Records, una discográfica que nunca edita medianías.

Escucha “Leaf Miner’s Daughter” de Brody Price aquí:

Price ha estado construyendo discretamente una carrera completamente independiente desde hace 10 años. Tras años de giras difíciles, lanzó una casette, “What’s The Point In Trying” que pronto circuló en círculos selectos. Ha compartido escenario con Hayes Carll, Greg Freeman y Brennan Wedl. Sus influencias principales son Centro-matic, Robert Ellis o Drive-By Truckers.  Este nuevo trabajo fue escrito durante un año particularmente difícil. En medio del alcoholismo, el álbum absorbió su vida por completo e hizo que el proceso de componer estas canciones fuera totalmente insostenible. Al finalizarlo, dejó la bebida.

La apertura con “Atrophy” deja claro que Price no es un artista más de alt-country. La distorsión, las voces y los fragmentos hablados construyen una atmósfera claustrofóbica cercana al grunge. “Es hora de irse”, repite una y otra vez, dejando claro la incomodidad de su estado. ”Not That Bad” continúa por esa senda de incomodidad consigo mismo y sonidos duros. Su lírica se acerca a la de Jason Molina. Una relación se desmorona mientras el narrador, desde su adicción, cree que no está tan mal. ”Breathing Again” es un medio tiempo más calmado. La canción parte de un tiroteo ocurrido frente a la casa del músico. Price vive en Oak Cliff, barrio de Dallas donde la violencia y la pobreza forman parte del paisaje cotidiano que atraviesa estas composiciones.

“Cell Wall Membrane” se acerca a los sonidos lisérgicos de Grateful Dead, aunque esconde giros inesperados con su final con guiños de mariachis. Uno de los momentos culminantes es “How It Feels (20th Century Remastered)”, donde los versos narran con crudeza una resaca infernal mientras la canción tiene ese contraste entre calma y estallido que parece inspirarse, de nuevo, en el grunge. Mucho más cercana al folk, “Nightmares” habla de la pesadilla en la que puedes convertir tu vida cuando la adicción es tu guía. Sí, básicamente se convierte en “Waste”.  Una canción que define lo fácil que es desperdiciar todo cuando crees que ya es imposible manejar otra oportunidad.

“Everything We Have” encuentra la inspiración en los sonidos de Drive By Truckers. Una canción de tragedia que apela fielmente a la tradición sureña. “Así que cuando todo lo que tenemos se reduzca a polvo y cenizas, sonreiré al pensar en cómo fue nuestro, al menos por un tiempo”. Es la parte del disco que más se acerca al alt-country canónico. “Beginnings” tiene un estribillo que podría haber firmado cualquiera de los clásicos del género. Además, sus desarrollos instrumentales, con especial mención al violín de Scott Daniels, la convierten en una de las canciones más interesantes.

“Losing Fight” y “Betweener” cierran el disco narrando de nuevo parte del proceso de pérdida. Una mirada hacia el hombre que hubiera querido ser. Amores, amigos y sueños perdidos. Noches durmiendo en cualquier sitio, confianza en que el futuro será mejor, … Ya lo decía Sammy Davis Jr.: “El alcohol te da una paciencia infinita para la estupidez”. Y eso narran estas canciones que constituyen el diario de un hombre a la deriva, tratando de sobrevivir.

El alcoholismo y la posterior sobriedad del músico atraviesan “Leaf Miner’s Daughter”. Hay algo de Jason Molina en el cansancio que recorre estas piezas, y algo de Greg Freeman en la forma de ensuciar el country con electricidad y una despreocupación calculada por las convenciones. Brody Price ha editado un disco exigente, irregular por momentos, pero que desborda personalidad y honradez. No todo el mundo puede hacer arte con sus heridas.

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