The Downtown Alligators: Jornaleros del blues

The Downtown Allegators son jornaleros del blues que ya han cumplido diez años en la carretera. En esa década han dado más vueltas que una peonza. Su primer paso fue ser finalistas en el Festival Enclave de Agua, rodando desde entonces por los festivales más asentados del país al tiempo que abundan sus apariciones en las salas de Madrid.

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Downtown Alligators respiran con ritmos afroamericanos. Carlos García luce una voz potente, llena de arañazos y pasión rabiosa, por donde se cuela un cierto tono chulesco que sienta como un guante a las canciones de su repertorio. Son las cuerdas vocales perfectas para enredarse con la armónica de Jorge Lera (uno de los sellos del grupo) y la guitarra de Luis Resina. El pentágono se completa con la base rítmica de Adolfo Carrera (bajo) y Javier Planelles (batería). Su especialidad son canciones lejos de los focos, temas propios de profundos conocedores del mundo blues, joyitas infravaloradas que rescatan entre discos atípicos de culto.

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Han publicado hace algunos meses su séptimo álbum, Journeyman Blues. Son una decena de piezas densas, situadas en el territorio del rhythm & blues, que se agrupan con gran tino aquí. Se ha escrito mucho sobre la frontera que separa al blues del Delta del sonido específico del rhythm & blues. Hay una delgada línea de encuentro entre ambas galaxias y el territorio que pisa Downtown Allegators es exactamente ese, como se puede comprueba en este disco ideal para aficionados al género. La producción discográfica no está lejos de sus directos, espectáculos que rondan las dos horas con una fuerza especial, cálida, cercana, con garantía de autenticidad. Menudean piezas de iconos como Freddie King, Little Milton, B.B. King, Ray Charles o Ike Turner, pero también composiciones propias de alto voltaje y calidad.

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Abre la sesión Journeyman Blues, una composición con firma de los Downtown Alligators. El sonido es bronco. Ritmo de barrio y callos en las manos. Parece una analítica médica que constata altos niveles de testosterona, fuerza y deseo de supervivencia. Así explican el título de la canción que también da nombre al álbum: “En el boxeo, un journeyman blues es un trotamundos, un jornalero del ring, alguien que no logra alcanzar el primer nivel y que se gana la vida con pequeñas bolsas, de ciudad en ciudad en pequeñas veladas, casi siempre en condiciones adversas, enfrentándose a los ídolos locales o a figuras emergentes. Suele acumular más derrotas que victorias, pero mantiene intacto el orgullo y la dignidad. En la música también hay journeyman. Artistas o bandas que jamás pisarán el escenario de un gran estadio o un pabellón repleto, pero que patean las ciudades actuando en pequeños clubes y garitos. Entretienen, y a veces hasta emocionan, a pequeñas audiencias y siguen adelante entregándose con pasión e ilusión por lo que hacen”. Y luego dicen: “Este disco está dedicado a todos los journeyman de la vida”.

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La segunda pieza es Maybe I´m Wrong (del armonicista John Popper), que ya había sonado en la banda sonora de la secuela cinematográfica de Blues Brothers, película de poco fuelle sin Belushi. Pero la canción sí es grande, con entrada ferroviaria que incrementa el ritmo cardíaco con precisión ingenieril.

Me and my Woman (Gene Barge), un tema que nació hace cincuenta años y ya instalado en la mejor tradición bluesera, da paso a Move Over (Kay, Mekier), ambas bailables y contundentes.

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Más pausada, pero también mucho más intensa, llega Never Gonna Let You Go (Cooper y Shelby). El aire soul y la voz del frontman se imponen, junto a una armónica profunda, honda, jadeante en su pasión. La bordan y quizá es la major del disco por el calor erotizante que desprende.

El siempre llorado Bobby Charles compuso Why are People like That?, canción que interpretó Muddy Waters en The Woodstock Album, aparecido bajo el impulso de Levon Helm en 1975. Básicamente habla de los cabronazos que pululan en el negocio discográfico: “They’ll take your dog and your car / They’ll promise you’ll be a star / They’ll break your heart and leave you flat / Why are people like that? / I don’t know why they act like that / Why are people like that? / Don’t be like that…”

Scene of the Crime (Marcia Ball y Stephen Bruton, un genio de Austin) es un texto raro en el blues, porque consiste en una autoinculpación, toda una confesión infrecuente entre los lamentos negros (pío, pío, que yo no he sido).

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La sensual Moving on up (Luther Allison) es sólida y ardiente, como corresponde a toda declaración de esperanza, pase lo que pase, sea como sea. La progresión rítmica es el gran valor de Hard to Be (Vaughtn y Bramhall), una inmersión sonora que se caracteriza de nuevo por la potente armónica, cuya estela siguen fielmente el resto de músicos en tropel.

Y para acabar con sabor a ajo, Garlic Blues (Williams). Una orgullosa batería se luce para decir “aquí estoy yo”. Invita a repetir, en consonancia con las propiedades medicinales del ajo, las diez canciones antes de que termine la cuenta atrás sobre la lona del cuadrilátero sonoro.

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Suelen presentar sus conciertos con la siguiente entrada: “Buenas noches, somos The Downtown Alligators y vamos a ver si os hacemos pasar un buen rato con un poco de buen y viejo rhythm and blues”

Esta banda madrileña ofrece directos vibrantes y destaca entre las más respetuosas con la humildad tradicional de los más grandes bluesmen. Imprescindible disco, necesaria banda de jornaleros del blues.

Discografía The Downtown Alligators:

  • The Official Bootleg (en directo, durante el III Festival Cotton and Blues de Sevilla, de 2015).
  • Hip Shakin´Mamma (también en vivo, en el Bogui Jazz, en sesión celebrada en agosto de 2013).
  • Aint´t Got No Shame (estudios La Bocina, de Madrid, en dos sesiones de junio de 2010).
  • Hey Mama, We Got Some Blues For You (estudios La Bocina, de Madrid, en octubre de 2008).
  • También hay interpretaciones suyas en los discos (Los blues de la ciudad, de la Sociedad del Blues de Madrid, y Blues con los Colegas II, de Ñaco Goñi).

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Escucha “Journeyman Blues” (2017) de The Downtown Alligators

Texto por Miguel López. Fotos por Ana Hortelano.

 

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