Adiós a John Prine, adiós al narrador vernáculo

“Estuve en el cielo antes de que muriera. Ahora un puerto está en llamas con los sueños y deseos de mil jóvenes poetas. Quien falla es porque lo intentó, por una rima sin razón”

Amanece en España y los fans de la mejor música americana nos encontramos con esta noticia que, no por esperada, es menos desoladora: John Prine nos ha dejado. Maestro de compositores y muy respetado por sus compañeros de profesión, nos deja un legado que le sobrevivirá durante siglos. El legado de Prine podría fácilmente haberse convertido en un gigante de la industria, amado por compositores y músicos, pero poco apreciado por el público en general. Descansa en paz, John.

John Prine, uno de los grandes narradores y artesanos de la composición que surgió de la escena popular de los años 70 en Chicago para convertirse en uno de los compositores más famosos y prolíficos de una generación, murió ayer martes a los 73 años, después de ser hospitalizado por el virus covid-19 hace casi dos semanas.

Cuesta ahora explicarlo en este artículo, sus palabras cuentan una historia y conmueven como la buena literatura, su música dibuja el paisaje de fondo de esa historia y te transporta a lugares que ni siquiera sabías que existían, su voz se convierte en el actor de la obra y hace que las letras parezcan creíbles, reales, confesionales y su arrojo al interpretarlas sobre el escenario magnetiza las miradas de los espectadores, borrando al instante todo lo que le rodea, proyectando un foco invisible sobre él. 

Irónico y triste fue que su primer álbum con canciones originales en trece años con “The Tree for Forgiveness”, fuese su álbum más exitoso y popular entre el gran público por parte de este consumado, y gigante compositor norteamericano durante cinco décadas. Aquel resurgimiento “dramático” hace dos años por llamarlo de alguna manera, en España se hicieron eco muy pocos medios especializados en la materia.

Como Mark Twain, dejaba muchos consejos e ironía en cada una de sus canciones. Mordaz, y muy realista, atemporal e implacable ironía con la que bañó todas sus obras, por parte de este autor de aventuras de fugitivos, asesinos, libérrimos o reacios a la civilización hogareña, rodeados siempre de un paisaje exuberante con una naturaleza casi virgen y de personajes pintorescos, emocionantes, ávidos de acción, en busca de la fortuna o prófugos de la adversidad. Bob Dylan no tardó en echarle en ojo en sus comienzos. Esa explicación y descripción en sus canciones eran y son muy simples, pero en las pequeñas vidas de esas personas, se veía el mundo en general. Así nos lo recordó el músico de Kentucky, Sturgill Simpson cuando fuimos a verlo a Dublín el pasado mes de febrero volviendo a pisar Vicar Street, su anterior visita la hizo junto a John Prine en agosto de 2017.

Pocos son artistas podían llenar un escenario de algo que rozara la épica, daba igual, sabía que algo enorme iba a pasar en cuanto Prine pisase el escenario. Con John no se podía explicar convincentemente su éxito, pero dicen que lo importante en una canción no es ni la música ni la letra, sino algo que no sabemos lo que es, él fue uno de los más grandes. Ante todo fue un idealista, y la crítica social estuvo siempre omnipresente en toda su obra, pero el sueño americano (“That’s How Every Empire Falls”) del que habla se encontraba siempre desubicado, muy lejos de su contexto social, sin embargo también hablaba de sentimientos, de la vida, de la dignidad, y sería en ese punto donde encontró la comunión que consiguió con el público. “That’s The Way That The World Goes ‘Round” (sonando). Su capacidad de encapsular momentos de desesperación y ligereza en sus canciones era abrumadora. Sonando en mi cabeza “Lake Marie” y otras tantas cientos de veces.

El cancionero de Prine trascendió toda naturaleza y género, lo que le valió un Grammy Lifetime Achievement Award y un lugar en el Songwriters Hall of Fame. El cantante superó dos episodios de cáncer, una vez después de que le diagnosticaron cáncer de células escamosas en el lado derecho de su cuello en 1996, y una vez cuando se sometió a tratamiento para el cáncer de pulmón en 2013. 

Prine era un cartero de Chicago que comenzó a escribir canciones para sus amigos a finales de la década de los 60. Lo convencieron para actuar en una noche donde Kris Kristofferson lo escuchó. Kristofferson convenció a Prine para que grabara su primer álbum, homónimo, en 1971, disco que le valió una nominación al Grammy al mejor artista novel-

Durante las siguientes cinco décadas, Prine grabó una  veintena de  álbumes más, ganó dos Grammys , entre otras muchas distinciones. Nunca olvidaré aquel concierto suyo, antes de regresar a España en San Luis Obispo en California en 2004. Llegaba Prine para presentar su último disco hasta la fecha, “Souvenirs” y  temas de su siguiente “Fair & Square” con una desconocida aún Mary Gauthier abriendo su concierto aquella hermosa noche. 

John Prine vestía de negro a lo Johnny Cash, junto a él, tres jóvenes músicos y piano de cola descansaba sobre el escenario. Prine daba esa sensación de accesible y real ante todos los que llenábamos los asientos del pabellón, con esos ojos chinos encapuchados, esos dientes de conejo, realzando ese atractivo basado en una naturalidad aplastante, su voz tronaba como una vieja hoja de sierra oxidada después de haber luchado contra el cáncer de garganta hace unos años. Dos horas sublimes de concierto de Prine en el que se lanzó con muchos de sus clásicos, explicando que algunas de esas canciones que estaba a punto de interpretar se habían retirado durante años debido a su irrelevancia. Prine hábilmente seleccionó para aquella noche su material inicial y canciones del renacimiento a mediados de la década de los 90. 

“Angel From Montgomery” que debería estar en los altares del gran cancionero popular, “Dear Abby”, “Your Flag Decal Won’t Get You Into Heaven Anymore”, “Sam Stone”, “Souvenirs”, “All the best”, “”Lake Marie”, fueron algunas de las canciones que más recuerdo de aquella maravillosa noche que clavó con “Paradise”. Gracias John Prine, tu sonrisa inigualable perdurará en mi.  Su alegre inocencia, parecía deliberada, sus canciones siempre ahuyentaron esos pájaros negros del alma y mente. “Un clásico es algo que todos quisieran haber leído pero que nadie quiere leer”, dijo Mark Twain. DEP John Prine.

“Eres lo que eres y no eres lo que no eres, deja de desear mala suerte y toca madera Dear Abby. Creer en esta vida es solo un camino difícil “

 

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