Y Texas llenó Razzmatazz de amigos…

Texas llenó la sala Razzmatazz para celebrar el 30 (+3) aniversario de su disco de debut «Southside» y repasar sus grandes éxitos.

Corría el año 1989 cuando en las radios españolas sonaba a todas horas el primer single del disco debut de Texas. “I Don’t Wanna Lover” supuso para los escoceses todo un impacto que los llevó a lo más alto de las listas europeas y el inicio de una carrera que la que recorrer escenarios de todo el mundo. En 2019 iniciaron una gira de aniversario para recordar aquel “Southside” que tantas alegrías dió a la banda, pero el Covid-19 provocó su cancelación. Tras dos años de posponer fechas los seguidores por fin podían disfrutar de la voz de Sharleen Spiteri y su banda. Lo primero que sorprende es el tirón que sigue teniendo Texas en España. Como prueba más evidente las cinco fechas de la gira con dos llenos, y conseguir un sold out en Razzmatazz en los tiempos que corren tiene cierto mérito. 

La organización avisó del cambio de horario y casi desveló el guión de la actuación en el mismo mail. Aunque tampoco suponía un spoiler doloroso. Este tipo de giras llevan el mismo patrón: Una primera parte tocando íntegro el disco y una segunda llena de otros éxitos. Los escoceses siempre han sido una banda discreta y amable, y como tal se mostraron en el sencillo montaje sobre el escenario. Unos grandes focos fueron la única decoración que acompañó a los músicos dispuestos de manera bastante lineal. La batería y los teclados en la segunda línea. En primer plano, tres taburetes esperaban ser ocupados.

Un momento… ¿Taburetes? Todo tuvo sentido en cuanto la banda ocupó sus posiciones. Sharleen se mostró exultante y muy comunicativa. Inició agradeciendo en castellano (y algo de catalán) la paciencia de haber esperado tres años este concierto. Anunciaron que esa noche ellos iban a ser sus propios teloneros. Y de alguna manera consiguieron mostrar sus dos caras. Con su hit encabezando el disco, la banda tuvo a bien cambiar el carácter del tema que abría el show. El aire rockabilly de “I Don’t Want A Lover” pilló a más de uno por sorpresa. Seguro que quien vino al concierto movido por esa canción empezó ligeramente decepcionado. Pero todo en esta vida tiene un sentido para los que son pacientes. 

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A partir de aquí desgranaron “Southside” en riguroso orden. Pero lo hicieron en un formato cercano a los televisivos “Unplugged” de MTV o “Storytellers” de VH1, intercalando historias o agradecimientos entre los temas. Sharleen explicó como el disco fue grabado tres veces hasta conseguir el sonido que querían. Que “Thrill Has Gone” fue su apuesta como single pero que la compañía estuvo a punto de descartar. O como hace más de treinta años que no interpretaban un tema como “Fool For Love” y necesitaba tenerla escrita delante para poderla cantar. Todo ello agradeciendo a los presentes que hubiéramos dejado la Champions de lado para ir a verles, porque los escoceses llevan el fútbol en la sangre y ese gesto les emocionaba. Cerraron la primera parte, en la que destacó “Everyday Now”, con “Future Is Promises” igual que el disco.

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Tras veinte minutos de descanso y la retirada de los taburetes, Texas volvió al escenario para ofrecer sus grandes éxitos. Y durante la siguiente hora y cuarto te das cuenta que conoces más canciones de las que creías más allá de “Summer Son” o “Black Eyed Boy”. Aunque por otro lado también ves en ciertos temas como “Hi” o “Mr Haze” de su último trabajo o ese “Let’s Working Out”, tan próximo a ABBA que resulta hasta sospechoso, por qué los escoceses no han pasado a una liga superior. Pero esa es solo la excusa para ponerse quisquilloso. Lo cierto es que fue una segunda parte con un formato más rockero, más intensa pero sin dejar de lado la proximidad de la primera. 

El público acompañó entregado los grandes éxitos de Texas como “In Our Lifetime”, “When We Are Together” o “In Demand” con la que volvieron por un momento al formato desnudo y acústico. Pero fue el tramo final el que dejó un gran sabor de boca en todos. Una excelente “Inner Smile” que gana enteros en vivo, el contagioso ritmo de “Black Eyed Boy” tan deudor de los grupos vocales como The Supremes o The Ronettes y el cierre con “Say What You Want” fueron las encargadas de dar por terminado el show. A fin de cuentas su mayor éxito ya había sonado al inicio. Pero la propia Sharleen ya desveló que por mucho que dijeran que era la última aún habría algún tema más en cuanto volvieran del camerino.

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Ahora sí, el slide y ese bombo y bajo tan marcado nos devolvió de golpe a 1989 y sonó “I Don’t Want a Lover” en su versión más conocida. Y sin dar descanso, Spiteri se metió en los zapatos de Elvis para regalarnos el clásico “Suspicious Minds” y despedirse definitivamente de Razzmatazz. En definitiva un buen concierto que no estará en el top 5 del año, pero que dejó en general muy satisfecho al personal. Por mi parte un par de peros. No presentar a la banda, aunque John McElhone y Ally McErlaine lleven desde el principio, y no aprovechar su versión de «Xanadú» para recordar a la recientemente fallecida Olivia Newton John

Por lo demás Texas dejó constancia de un par de cosas. Que la banda sonó muy compacta con la incorporación a los parches de Cat Myers y que la voz de Sharleen Spiteri no ha perdido matices en estos 30 años de carrera. Lo que no tengo muy claro es en qué momento está la banda a nivel creativo y los caminos que piensan recorrer. Mi fe en la banda se la regalo a sus seguidores que seguro que serán mucho menos críticos que un servidor. 

Fotos: Desi Estévez

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