EMPIEZA LA TEMPORADA EN EL FILLMORE HUERTANO

A veces hay un hombre, no quiero decir un héroe, porque qué es un héroe, pero a veces hay un hombre y estoy hablando del Nota, y bien, él es un hombre para su tiempo y su lugar, encaja perfectamente allí… (El Gran Lebowsky)

A veces hay un hombre, y estoy hablando de Oncina, que es necesario y nadie lo sabe, porque hace ya mucho tiempo que pasa por la vida sin aspavientos, con la cabeza en las nubes y los pies en los sembrados y la vista en el horizonte, como los gigantes que solo existen en los cuentos que nos contaban cuando éramos niños, y por eso nadie ve a un gigante cuando cruza la calle o camina en los campos, solo los niños lo ven y hace demasiado que no somos niños. Pero existen.

Conocí a Oncina una tarde del mes de julio, la primera del mes, hace diez años. Estábamos en Frías, en la comarca de Las Merindades y Copernicus Dreams probaba sonido, y esto tuvo lugar, que ellos probaran sonido y él y yo nos encontráramos, porque a veces hay un hombre – y ahora hablo de Joserra Rodrigo – que es necesario, pero eso es otra historia y es un vals. Me contó Oncina que en otra edad del tiempo había tenido una tienda de discos en Elda. También dijo que le gustaban Los Deltonos, y no sé por qué lo dijo, porque no formaban parte del cartel de ninguno de los tres días. Gente rara se encuentra uno en todas partes, incluso en Las Merindades. Pensé que nunca nos volveríamos a ver, porque él ya no tenía la tienda de discos, yo no solía ir por Elda y además no me gustaban tanto Los Deltonos. No sabía cuánto me equivocaba.

A veces hay un hombre, y hablo de Oncina, que se sale de su rutina soleada y da un grito en medio de la nada, un grito figurado porque es un hombre que no levanta la voz, pero se le oye. O sea, que Oncina dio un grito, y sorprenderá que en la nada, donde no hay nadie, donde el aire no corre y el sonido no se propaga, tanta gente pudiera llegar a oírle y se girase para ponerse en marcha, tanta sed y hambre había de canciones, tanto nos cegaba el sol inclemente del desierto a donde habíamos sido desterrados por el algoritmo, las plataformas y la desidia de las salas. Él se inventó, un día de insomnio o quien sabe si se había dormido y lo soñó, un lugar del alma al que llamó el Fillmore Huertano, y entre bancales y paredes blancas iluminó cuatro palmos de tierra con todas las músicas que pervivían en nuestra memoria, las hizo aparecer ante nosotros, incrédulos primero, exultantes después, más tarde y ya para siempre fervorosos defensores de una idea hecha materia, la de la pureza del encuentro entre los músicos y el público, porque allí no había lugar para quienes buscasen otra cosa distinta del silencio sagrado y el ruidoso éxtasis, no existía puerta trasera para entrar en el paraíso y comer manzanas.

Quizá por eso el Fillmore Huertano, que daba sus primeros pasos tímidamente cuando se interpuso la pandemia, pudo superar el vacío interminable y celebrar la vida aquella tarde de octubre en que Nacho Para dio la voz de salida y ya no hubo opción al desaliento. Recordar cada uno de los invitados a la fiesta es un ejercicio de regocijo; citar sus nombres es tan largo como una genealogía de reyes; escoger solo algunos es dar pie a la injusticia. Baste decir que casi todos los que vinieron presentaban nuevo disco, y que dos de las bandas publicaron álbum en vivo con el concierto del Fillmore. Una fue, por cierto, Los Deltonos.

En diciembre llegó la noticia que no esperábamos: la huerta se cerraba a la música, y como Adán y Eva nos vimos desnudos y como era invierno sin hoja de parra; estábamos a las puertas del jardín, pero por fuera. Sin embargo, a veces hay un hombre, y estoy hablando de Oncina, no diré un héroe, porque qué es un héroe, pero un Cable Hogue que encuentra agua donde no la hay, un flautista de Hamelín que nos pone a todos en fila con un silbido y vamos a donde nos lleve, porque volvemos a ser niños y somos capaces de ver con otros ojos y existe la magia de un sábado por la tarde en el campo y existen los gigantes, hombres grandes del secano que hablan con las palabras justas y les brillan los ojos con el primer acorde. Mañana, a poco más de dos leguas de camino del huerto donde hasta hace poco nos congregaba, el Fillmore Huertano abre una nueva temporada.

Fotografías: José Montero (DUO Fotografía). Conciertos de Baboon Blues County (23/3/2024) y Zålomon Grass (21/10/2023)

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