Johnny Blue Skies tiene nuevo disco, en realidad esto ya lo sabías porque ya lo hemos anunciado aquí anteriormente, sin embargo hemos preferido esperar a la llegada del disco físico para hacer una review y no conformarnos con la edición filtrada por el propio artista, y es que en ocasiones tenemos ese punto romántico, que en realidad no aporta nada más allá que dejar entrever un lado masoquista.
Si en su anterior disco, Pasage du desir (2024), había adoptado un alias que le convertía en Johnny Blue Skies, en esta ocasión es su banda la que ha recibido el merecido bautizo, para pasar a llamarse The Dark Clouds (Laur Jormets a la guitarra, Kevin Black al bajo, Miles Miller a las baquetas y coros, y Robbie Crowell en los teclados y saxofón). Y es que después de tantas horas de demostración de contundencia y poderío escénico, iba siendo hora de identificar con nombre propio a una de las formaciones más empastadas y notorias de los últimos tiempos. Sturgill ha sabido valorar el trabajo de su banda hasta el punto de hacerles un hueco con su nombre en la portada del disco, como una unidad indisoluble, quizás se trate de una jugada que vaya más allá del respeto, admiración y sentimiento de pertenencia que pueda sentir Simpson hacia ellos, y es que el propio artista sabe que con ellos tiene oro en sus manos.

Nuevo álbum y nueva sorpresa, y es que Simpson vuelve a demostrar que es capaz de nadar en diferentes aguas y hacerlo con la misma suficiencia y soltura que le convirtió en un grande hace poco más de una década. En esta ocasión nos presenta un álbum que fusiona géneros a priori tan dispares como el Country, el Funk y la música disco. El artista ha decidido no anclarse en la autocomplacencia y dar un nuevo paso al frente, y es que estamos ante alguien que hace literalmente lo que le place. Por otra parte, parece haber querido sacarle el mayor partido posible a sus Dark Clouds, y la música es presentada con cortes en los que la banda hace gala de grooves contundentes con una sección rítmica en la que Black y Miller brillan de forma especial dentro de los nueve cortes que lo forman.

El arranque es prometedor con Make America Fuck Again donde parece que el sonido nos adentra en el centro de una pista de baile, y entonces escuchamos a un personaje que ha enfrentado tiempos difíciles, que ha salido del coma y que puede no contar con amigos pero “que sigue teniendo una banda”, y te hace pensar qué más puede pedirle a la vida, pero no se conforma con eso, quiere reinventar el slogan del actual Presidente Trump en una alternativa lujuriosa y seguramente más satisfactoria que cualquier otra pseudo revolución actual. Simpson apuesta por una campaña libidinosa, tiene nuestro voto.
Llegamos a Excited Delirium un tema en onda punk con presencia de saxofón que va directo a la yugular. Cuando canta “no puedo respirar con tu rodilla sobre mi cuello” es inevitable tener en mente al malogrado George Floyd, aunque en los tiempos que corren podríamos asociar a cualquier abuso de poder que nos rodea. Don’t Let Go podría haber salido de Passage du desir, tiene ese aire al disco escrito en París, y su letra suena a descarte de su anterior trabajo, y es que el amor es la respuesta cuando estás en los brazos correctos, y es que es ahí donde “respiro mientras el mundo ahí fuera se enfría”, gran trabajo al saxo por parte de Crowell.
Con Stay on That volvemos a la pista y al Sturgill más libidinoso, y es que quizás estemos en el tema más explícito de su carrera. Stay on that D till you hit that G, en realidad parece una funky jam en la que Simpson ha añadido una letra llamativa de contenido sexual, la canción no se mueve de ahí, parece justamente eso, una Jam que podría durar veinte minutos. Algunos de los mejores temas aparecen en la segunda parte del disco teniendo a Everyone is welcome, Situation, canción que no puede ser más sexy, y el cierre con Ain’t that bitch como referencia a distintas situaciones que el cantante parece haber aceptado porque las cosas son como son, “los ricos son más ricos y los pobres más pobres”, hay espacio para hacer un repaso al creciente fascismo y también a democracias fallidas, y es que nada cambia nunca, ‘An’t that a bitch’, pues sí.

A lo largo del disco el gigante de Kentucky se debate en una suerte de diálogo ambiguo que se mueve entre dos aguas, hay protesta y también hay aceptación, todo está podrido, y el amor sigue siendo la salvación, sin embargo algo no termina de cuadrar. La música disco o el sonido funky no resulta, a juicio de un servidor, el más adecuado para que algunos de estos mensajes encajen como merecen. Si bien es apropiado para las canciones de contenido subido de tono, considero que la crítica social está más emparentada con otros estilos más crudos, como el rock, y ahí es donde este disco encuentra la dificultad, hacer llegar estos mensajes acerca del mundo que nos rodea, de la bajeza de algunas de nuestras instituciones y demás miserias, y hacerlo utilizando una música que podría distraer el contenido, requiere de valentía y arrojo. Incluso un cantante mayúsculo como él parece diluirse entre tanto Groove, eludiendo presentar su propia voz en primer plano, quizás el éxito de esta apuesta, de esta fusión de estilos sea esa, y es que el único vestigio Country es el propio Simpson, que haga lo que haga siempre sonará Country. No es un disco para bailar a pesar de que nos lo hayan querido vender como tal, contiene un mensaje para que el oyente se haga preguntas, pero quizás el sonido las termine por esconder.

Como mensaje esperanzador para los amantes de la música hay que decir uno de los últimos mensajes de Sturgill Simpson ha sido que en la gira que hagan del presente disco tocarán sin límite de tiempo y hasta que la hora de cierre del recinto de por finalizado el concierto. Viniendo de quien viene, apostamos a que no se trata de una bravata. Get Ready.