NASHVILLE PUSSY GANA POR NOQUEADA CONSTRUYENDO UN EDIFICIO DE SOLIDO HARD SOUTHERN ROCK, QUE VIBRÓ CON EL LATIDO DEL BOURBON, LA MARY JANE Y EL CARISMA DE UNAS ESTATUAS VIVIENTES QUE ESCULPIÓ EL REDNECK AND ROLL.
Un show brutal de Nashville Pussy que podría resucitar a los muertos para que puedan volver a emborracharse.

Lo ocurrido el miércoles día 6 de mayo de 2026 en la sala Upload de Barcelona merece ser reconocido con el fervor de un anuncio de neón con brillo de diamantes : ¡Éxito fulgurante de Nashville Pussy!. Y es que el tándem compuesto por Blaine Cartwrigth y Ruyter Suys volvió a desplegar esa poción mágica que tanto encandila a su público: hard southern rock, toques de psychobilly de far west y esa peculiar reinvención del legado de AC/ DC con el cual fulminan a su audiencia.
Blaine , que podría parecer un goblin redneck enfurecido, continúa teniendo un carisma cinematográfico: un forajido de weird western de mortífera apariencia que cautiva a sus seguidores con riffs que recrean explosiones de puro esplendor de noche de sábado y llamaradas de elocuencia camorrista ; un personaje legendario que no ha perdido las tablas que en su momento cautivaron al mismísimo Lemmy Kilmister.
Momentos clave de su actuación:
Ciertamente hubo muchos, pero ese brindis por la buena salud del Rock and Roll que hizo bebiendo directamente desde su sombrero repleto de cerveza, parece recrear una de sus máximas favoritas: “beber hasta perder la vida”, pero con el esplendor de una estrella de rock underground consciente de su epatatente poder escénico.
Ruyter, ella brilló como una playmate outsider, la diosa Freya de los bares de carretera aupada en los escenarios como una sacerdotisa de un pony exprés intergaláctico; una ninja del hard rock que con los años se ha convertido en una de las mejores guitarristas del mundo, tal y como reconoció su marido Blaine desde el escenario en una de sus filípicas roquistas.

Una tarima situada en medio del escenario, a manera de ampliación espacial, registro el acercamiento de la estrella en el espacio que ocupábamos los de la prensa; sus evoluciones calculadas al milímetro, dieron cuenta de su dominio técnico, pero también de la magia física de su anatomía: una galería de estatuas en movimiento de puro y rabioso glamour roquero.


Al final del concierto, la apoteosis llegó con esa erupción de bourbon de Kentucky que, Ruyter, de espaldas al público y dándole instrucciones al batería Ben Thomas, desplegó sobre los fotógrafos y redactores destacados; dándole de beber de la botella al público, par después iniciar con desparpajo la energética rotura de las cuerdas de su guitarra, que regalo con sensual arrogancia a algunos afortunados ( yo fui uno de ellos!!). Finalizando el espectáculo tendida en el escenario muy cerca de donde había quedado la botella de Jack Daniels… ¡Brutal!
Mención especial para la bajista Bonnie Buitrago y para el batería Ben Thomas que suenan muy cómodos junto con la pareja más carismática del Redneck and Roll.
Fotos Desi Estévez.















