Crónica de lo vivido en el 10º aniversario del BBK Legends Bilbao 2026

Marcada por la cancelación de uno de los cabezas de cartel de la segunda jornada, Tom Morello, la edición 2026 del BBK Legends Festival se alzó sobre el gigantesco super grupo Beat, de imagen simbolizada por ese mastodonte que remite al tema ” Elephant Talks”, con el cual Tony Levin, llevó el sonido del bajo convencional hacia un cambio de paradigma definitivo.

Y por la  esperada actuación de Chris Isaak , que como ocurrió en la edición 2017 del Azkena Rock, fue el gran cabeza de cartel de uno de los días.

CHRIS ISAAK

En la primera jornada, como un siseo teatral enaldecido por la veteranía y el buen hacer, la participación de un crooner provisto de carisma cinematográfico y tan querido en Euskadi como es Chris Isaak, levantó  pasiones entre sus fans, que ese día 26 de junio, en coincidencia con el 70 aniversario del artista, corearon a pleno pulmón un sentido ¡ Happy Birthday ! al aparecer sobre el escenario un pastel de cumpleaños que le había regalado la organización.

Trajeados como  miembros del reparto de “Reservoir Dogs” que alcanzan el oropel de un casino de Las Vegas, la banda de acompañamiento, Silverstone, acompañó con brío a su jefe, quien igualmente derrochaba glamour con su terno aderezado con lentejuelas.

El cantante buscó la cercanía con el público, bajando del escenario y mezclándose con la concurrencia durante la interpretación del tema ” Waiting’, para después buscar furia rítmica con una versión extra rockabilly de ” Suzie Q”.

“Wicked Game”, tema inserto en la banda sonora  de la película ganadora de la Palme d’or del festival de Cannes no se hizo esperar; hábil recreación de los amores atormentados y turbulentos, parece un corte ‘ad hoc’ que entronca a la perfección con la pareja formada por Taylor y Lula de la película de Lynch; un tema emblemático que sintetiza la quintaesencia de Isaak tanto temática como estilísticamente con su proverbial uso del falsete que le es característico. Otro tema como ” Speak the Devil”, encandiló a su devoto público que vibraba con la detonaciones sonoras del músico.

La conquista se consolidó rotundamente con “Blue Hotel” y ” San Francisco days” , cuyo topónimo sustituyó oportunamente por el de Bilbao.

Quien disfruta con los conciertos de Isaak, conoce el mítico ritual que este lleva a cabo enfundado en ese rutilante ‘mirror suit’ (traje de espejos), que utiliza al llegar a los bises, y en este sentido hubo momentos estelares con la ejecución cargada de acordeón de ” Black Roses ” y “The Way Things Really Are”, que cerró con acento country el show.

Otros grandes momentos de su show ocurrieron cuando se convirtió , una vez más, en trasunto de Elvis, Roy Orbison y James Brown abordando respectivamente versiones de: “I can’t help Falling In love”,” Oh, Pretty Woman” y “I’ ll go crazy”.

Pero esta celebrada actuación tuvo dos remarcables precedentes:

DEA MATRONA

Las irlandesas Orláith Forsythe y Molly McGinn inauguran la edición con la promesa, promulgada desde uno de sus micrófonos, de llevar a la audiencia por los entresijos musicales de una Eire encantada por el folk y el rock . En todo momento se las pudo ver pletóricas y desplegando una euforia que contrasta con algunas críticas draconianas que las borran del mapa.

Finalmente abandonaron el escenario no sin antes destacar que regresarán a España en 2027. Y yo no dejo de considerar la idea de que merecen ser atendidas con mayor indulgencia, sobre todo de cara a la publicidad de su tercer álbum que, cuando se publique, podría engrandecer los logros góticos y arte rock del segundo. Entre todos los temas que interpretaron, me quedo especialmente con ” Glory, Glory ( I’m Free).

CRACKER

Los californianos David Lowery y Johnny Hickman componen un tándem  sólido y bien avenido que prolonga los éxitos, dentro de la escena del rock alternativo, logrados  por el primero con la fundación de la  excelente Camper van Beethoven. Su participación en el festival, resolvió un concierto que combinó atmósferas cercanas a Grateful Dead con líricas “dylanianas”, que llegaron cuando el bajista del grupo, Bryan  Howard interpretó el tema “You Ain’t Goin’ Nowhere” del maestro de Minnesota; pasajes lisérgicos “Pictures of Matchstick Men” de Status Quo.

Mención especial en mi memoria, la consistencia burbujeante y festiva de la irresistible violinista Anne Harris. Entre los momentos álgidos de su show, destaco los que llegaron con sus hits “Eurotrash  Girl” y “Low”.

SEGUNDO DÍA

GRAVEYARD

La banda sueca Graveyard ocultaba una noticia relevante que saltó a la palestra unos días después, a través de sus redes sociales, y de la cual dimos puntual cobertura en este medio: su guitarrista Jonatan LaRocca Ramm dejaba la formación después de 20 años de convivencia. Mientras mis ojos oteaban en busca del invisible Jonatan, hice intentos significativos para no caer en la decepción absoluta mientras me concentraba en los cometidos del resto de la banda.

Joakim Nilsson es definitivo a la hora de lograr ese registro ‘gritty/ rasgado’ que caracteriza su particular blues rock made in Gotemburgo, y en esa dirección se orientó su actuación, en la cual pudieron detectarse algunos síntomas que alertan acerca de un posible deterioro de las cuerdas vocales que, en todo caso, espero que sea transitorio y remita a la mayor brevedad (no llegando al extremo sufrido por Chris Cornell, con quien guarda cierto paralelismo).

En cualquier caso, el bajista Trulls encendió la cerilla de la excelencia, y el sonido de su instrumento que me llegaba, matizaba el blues pentatónico que apuntaba Joakim, añadiendo apuntes lisérgicos y roquistas. Soy consciente de que la banda atraviesa un momento crucial: la ausencia de Jonatan será ardua de sustituir, y los directos de la banda, si bien cuentan con la guitarra rítmica de Joakim, han perdido el fulgor hard rock que resultaba de la combinación con la de Jonatan. Pero en definitiva, me encantó escuchar temas magnéticos de la banda como  “Hisingen Blues” y “The Siren” con la que cerraron su actuación.

BEAT

Reconvertidos en los virtuales cabezas de cartel de la noche del sábado , esta asociación de titanes de la música destacó inusitada y poderosamente con sus polirritmias complicadas, la ceremonia taumatúrgica de sus ‘guitar frictions’, la ejecución de compases irregulares o la percusión experimental a contra corriente.

El set list se nutrió de los tres discos que Tony Levin y Andrian Belew facturaron en la década de los 80 como miembros de pleno derecho de King Crimson: “Discipline”, “Beat” y ” Three of a Perfect Pair” ; logrando el objetivo de su proyecto, que nos es otro que redefine este legado en el siglo XXI, junto con dos invitados de excepción.

Es tal la magnitud lograda por el cuarteto, que voy a dedicarle capítulos separados a cada uno de sus integrantes:

Steve Vai

Engalanado con un atuendo coronado por un sombrero Fedora-cuyas alas acariciaba con el pulgar y el índice en momentos escogidos-, Steve Vai compareció ante a la audiencia portando una guitarra Ibanez  pintada por él mismo con colores acrílicos, esta guitarra, que tiene una compañera, ha sido bautizada con el nombre de Ivya . Haciendo juego con los pantalones holgados típicos de los trajes ‘Zoot Suit’ (el mismo que histrioniza Jim Carrey en el film “La máscara) popularizados por los músicos de ‘swing’ de los años 50; alzados- más allá de la cintura – por unos tirantes que enmarcaban la corbata ‘skinny’, acorde con las florituras de sus guitarras, que portaba.

Su presencia engarzó sonoridades que flotaban en el aire como objetos mágicos tridimensionales materializados por un prestigitador de la guitarra dotado de un virtuosismo extrasensorial.  Planeando en vórtices de hélices que ruigian con el furor de los sintetizadores de guitarra Roland SY1000 y  GM800, el instrumento de Vai, omnipotente y omnisciente, se convertía en sucesivos agujeros de gusano que creaban mundos y universos que resolvían los enigmas del talento y la creatividad. Sujeto por una sola mano, trazaba piruetas sinestéticas que añadían nuevas dimensiones sensoriales a los bamboleos rutilantes de los pedales de vibrato. Una maraña de polirritmias que la teoría de las cuerdas como si las hubiera atrapado con su instrumento.

Tony Levin

Tocados con preciosismo  y  asombrosamente bien, todos los artilugios  que Levin emplea para provocar sensaciones inusuales, innovadoras y experimentales que  amplíen las bellezas naturales de un instrumento como el bajo, se hacen presentes en su persona. En este concierto fue llamativa la utilización de ese bajo de teclados (Key bass); un aparato Nord Lead de los años 90 que sustituye al legendario Moog que utilizaba en los 80 en sus colaboraciones con King Crimson; o el teatro de las maravillas del Chapman Stick (un prodigio de la tecnología que envía las notas graves a un amplificador de bajo y las agudas a uno de guitarra). Un Levin espontáneo y libre de restricciones, transitó calles inusuales que solamente él puede atravesar; dirigiéndose hacia galaxias etéreas y oníricas.El ‘tapping’ ejecutado con dos manos de Levin es una insólita vertiente de la condición humana digna de ser admirada en directo: en la escenificación de ese milagro, Tony toca con la mano izquierda . Bajo la luz de los focos del BBK Legends, el Chapman Stick, digitalizado en vertical, ofreció un espectáculo rara avis que se inscribe en el libro de diamantes del art rock avant- garde En este sentido, el público tuvo la ocasión de  vivir la interpretación de un tema como “Elephant Talks” que es la quintaesencia del proyecto

El repertorio de prodigios escénicos de Levin incluyó el uso de los ‘Funk Fingers’ que provocan resonancias similares  a las de las baquetas de una batería… ¡ pero en un bajo? ¡Qué vivificante!

Adrian Belew

Convertido en maestro de ceremonias del grupo, Adrian ofició como comunicador de las premisas del show y de su estructura divididas en dos sets separados por un intervalo de 20 minutos. Igualmente informó de la aquiescencia con respecto al proyecto, manifestada por los dos grandes padrinos del mismo: Robert Fripp y Bill Bruford. Pero es en el aspecto técnico en el cual Belew invoca al gran benefactor de la banda… y este no es humano¡ Es un elefante!. Me parece increíble que no se haya difundido detallamente el hecho de que esa imagen del mayo mamífero del mundo se convierte  en una alegoría certera que se extiende por los cuatro miembros de la banda: ha sido elegida en homenaje a los paranormales efectos que Belew obtuvo para el tema- antes mencionado – “Elephant Talks”. Un artefacto  sónico sinuoso logrado a base de Flanger Delay,  pedal de trémolos ‘ Whammy ‘; un alambicado que logra presionando los armónicos, descendiendo el pedal de vibrato que suelta abruptamente después emulando los barritos típicos del paquidermo. Resulta obvio añadir que presenciar este milagro en vivo, al menos una vez en la vida, debería ser una misión inexcusable para cualquier amante del rock progresivo y de la música de vanguardia. Pero lejos de detenerse aquí, su contribución estuvo provista de un virtuosismo abrumador, casi mareante, provisto de sortilegios asombrosos: distorsiones inauditas de Fuzz, flangers endiablados o ecos delay sorprendentes.

Danny Carey

Si Steve Vai asume la arriesgada aventura de  reinterpretar los logros de Robert Fripp, Carey  hace lo propio con los laberintos intrincados expuesto por el genial Bill Bruford y , sinceramente, creo que no existe en la actualidad un baterista capaz de salir airoso de semejante reto. De entrada, porque Carey domina recursos que ha inventado o modificado a partir de influencias externas. Pads electrónicos de batería  diseñados analógicamente. Reinterpretación de La Tabla hindú , que vierte en mandala pads étnicos dotado de una electrónica tribal que va al encuentro de la percusión digital Simmons del Bruford de los 80.

Con todos estos elogios vertidos , lejos de la hipérbole inmerecida, creo que dejo claro que asistir a ese concierto, ampliado en cuanto a su duración por la ausencia de Morello , casi me hizo mitigar su caída del cartel… pero solo casi, porque habría prolongado las glorias de la noche ¡ Caramba. No puedo finalizar esta crónica sin desear la pronta recuperación de la madre del músico, cuya enfermedad nos impidió contar con él en esa velada.

Fotos José Febles.

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