Llega el esperado cuarto álbum de Grace Cummings, “Bloodhorse!”. La cantautora australiana vuelve a trabajar junto a Jonathan Wilson, productor de su fantástico “Ramona”, pero esta vez lleva mucho más lejos su inclinación por la teatralidad, la desmesura y la extravagancia. El resultado es un álbum extraño, poderoso y desconcertante, construido sobre una pregunta que parece recorrer sus doce canciones: ¿cómo escapar de aquello que nos define cuando ya no sabemos exactamente ni quiénes somos?
Escucha “Bloodhorse!” de Grace Cummings aquí:
Como es habitual, Jonathan Wilson sabe cómo crear un sonido atemporal. “Bloodhorse!” está lleno de musicalidad. Hay cuerdas, metales, pianos, guitarras distorsionadas, órganos, sintetizadores, coros, percusiones, … Pero, por encima de todo, destaca una voz que parece capaz de derribarlos a todos. Cummings utiliza la dimensión teatral de sus arreglos para convertir estados emocionales en paisajes sonoros. La grandilocuencia no se esconde, sino que parece la razón de ser de este trabajo.
“The Hills Are Alive with the Sound of Morphine” abre el disco con un sonido que huye de lo convencional. Unas flautas anuncian la canción antes de que entren el piano, las cuerdas, los metales y una guitarra eléctrica que es clave. La referencia al universo de “Sonrisas y lágrimas” es descarada, pero Grace convierte aquella melodía inolvidable en una pieza de rock orquestal inquietante.
“My God” mantiene esa tensión. La percusión nerviosa, los jadeos y las intervenciones vocales hacen que la canción avance con vida propia. Leí en una entrevista que Grace ha estado escuchando a Gainsbourg. Esta canción es lo más parecido a lo que hubiera sido una colaboración feliz entre el mito francés y Nico. (De hecho, la hubo, pero no salió bien). La interpretación adquiere una dimensión especialmente física porque fue grabada mientras la cantante padecía neumonía. La respiración, lejos de esconderse, se convierte en parte de la música.
“Paradise” es la primera de varias piezas cortas. Apenas un minuto y medio de piano y voz de extrema delicadeza. Le sigue la épica “FAKE”, una canción que comienza con pianos y cuerdas de apariencia cinematográfica antes de transformarse en una pieza más oscura y amenazante. Influenciada por Kate Bush, es una canción que crece y crece y cuando parece haber llegar al momento de máxima tensión, desaparece con un zumbido electrónico que se prolonga durante dos minutos. Algo en principio desconcertante para el oyente, pero ¿no es acaso lo que debe perseguir el arte si quiere ser relevante?
De todas formas, la transición desde ese zumbido al tema titular encaja perfectamente en lo que quiere construir la australiana. Cummings construye una de las interpretaciones más teatrales. Rodeada de cuerdas, coros y una instrumentación que convierte el tema en una especie de musical lleno de oscuridad. El “caballo ensangrentado” del título se entiende como una metáfora de la propia artista basado en la mitología clásica. Es un animal poderoso encerrado, preparado para correr pero incapaz de escapar de la tensión que lo mantiene inmóvil.
Y entonces llega “Bloodhorse! (Take Two)”, una de las decisiones más desconcertantes del disco. Tendrá que explicarnos qué pretendía con esto. Menos de un minuto con un fragmento de canción del peor country mainstream, generada artificialmente y con una letra grotesca y sexualizada. Al principio, pensé que se había colado otro disco en el reproductor, pero no. Supongo que buscaba criticar determinadas formas prefabricadas de masculinidad y música, pero aun así no acabo de ver el sentido de semejante ruptura en el climax del disco.
“I’m Not Crazy”, en cambio, es una de las piezas más luminosas. La canción juega con la idea de una mujer que intenta acomodarse a las expectativas de otra persona, sin ocultar que la relación está llena de toxicidad. El tono naif de su interpretación, que encajaría a la perfección en la próxima de Tarantino, hace que todo resulte todavía más inquietante. La frase “Te amo, cariño, solo ha sido una semana difícil” resume muchas relaciones que no acaban bien. Le sigue la spectoriana “John Lennon”. Todo un homenaje al británico, con una mezcla de admiración infantil, nostalgia y necesidad de consuelo. La canción habla tanto de Lennon como de la importancia de crecer con ídolos que parecen capaces de protegernos, aunque luego descubramos que esa protección solo existía en nuestra imaginación.
La infancia reaparece de una forma mucho más oscura en “WITCH! WITCH! WITCH!”. Basada en su miedo infantil a las brujas, acaba siendo un canto a la muerte. Wilson consigue un sonido que empieza cerca del pop sinfónico y acaba desembocando en un pasaje instrumental impecable, lleno de campanas, órganos y un final que nos recuerda a las locuras de discos como el “Sgt. Pepper’s”. “My Island and Me” es otro de los momentos emocionalmente más profundos. Más convencional, con una atmósfera jazzística que nos remite a la mejor Nina Simone, aborda la soledad como una forma de supervivencia. Una de esas canciones que seguro crecerá en directo.
Esa soledad buscada, tan de moda entre las artistas, parece nacer de sus relaciones pasadas, donde reconoce haber fingido ser otra muchas veces. Su venganza llega en forma de canción con “The Magnum Opus of The North is a Cowboy Boot”, donde describe al tipo de hombre “que se disfraza de poeta atormentado o vaquero, fingiendo estar descontento todo el tiempo”. Una pieza corta pero intensa. El disco se cierra con “See You in Fifty Years”, una despedida serena donde canta a un futuro preguntándose: “¿Dónde estaremos dentro de 50 años?”.
“Bloodhorse!” no es un disco fácil. Su primera escucha es desconcertante. Parece que la experimentación puede hacer que todo se venga abajo, especialmente cuando Cummings interrumpe una atmósfera para introducir otra radicalmente diferente. Pero es algo buscado. No busca crear canciones sin más, busca crear un conjunto con vida propia. Sorprendernos, amenazarnos, inquietarnos, …. Grace puede pasar de Nina Simone a un coro psicodélico o de una balada de piano a un himno de pop sinfónico sin dejar de ser ella. Podría vivir de su extraordinaria voz, pero ha decidido ser una creadora impactante, con sus aciertos y sus errores. Aprendamos a quererla tal y como es…
