ATLANTIC RAIN: THE LOST FISHERMAN’S BLUES RECORDINGS. THE WATERBOYS

Los baúles de The Waterboys son un pozo sin fondo. Cuando crees que ya no queda nada por descubrir, incluso cuando quien piensa así es el propio Mike Scott, aparece algo nuevo y no cualquier cosa precisamente, sino un botín oculto durante años, que sale a la luz y luce. El período 1986-1988, el que media entre This Is the Sea y Fisherman’s Blues, es especialmente prolífico ya que grabaron más de un centenar de canciones, entre ellas las que se integraron en Fisherman’s Blues. El resto conformaron el posterior Too Close to Heaven, publicado en 2001, y su variante en Estados Unidos, llamada Fisherman’s Blues Part.2, que incluía canciones adicionales. En 2006 la Collector’s Edition añadió nuevas canciones al disco original, y en 2013 The Complete Fisherman’s Blues Sessions (1986-1988) parecía cerrar la tapa del cofre. No ha sido así. Mike Scott, que al parecer tiene tiempo libre entre componer, grabar (6 discos desde 2013) y girar con la banda, empezó a rumiar que algunas canciones que recordaba haber grabado o algunas tomas específicas de algunas no estaban entre el material que había escuchado hasta entonces. Se puso manos a la obra, reclamó las cintas de la época y descubrió que había docenas marcadas como “sin título / improvisaciones”, algo lógico porque hacían tanta música y sin interrupción que los ingenieros a veces no sabían qué estaban grabando. La inmersión de Scott en esa cantidad ingente de material el año pasado ha dado lugar a esta caja.

Nada en los tres vinilos es relleno ni carece de interés. El primero, titulado Atlantic Rain¸ lo forman una serie de hallazgos que permiten conocer el proceso de creación en sus diversos estadios: instrumentales, primeras versiones, títulos descartados o simplemente perdidos entre el maravilloso caos de aquellos días, grabaciones que proceden tanto de las sesiones en los estudios dublineses Windmill Lane (1986-87) como las que tuvieron lugar en el estudio montado por Scott en la mansión Spiddal House en el Connemara, que se alargaron durante buena parte de 1988. Se inicia con “Too Close to Heaven”, en una toma distinta a las ya conocidas, una versión más pero no cualquiera: un corte infectado por la corriente northern soul que en los años 80 todavía seguía viva en algunas ciudades inglesas, una reinterpretación acelerada de la canción, llena de dinamismo y espíritu bailón. No podíamos empezar mejor. “Come Back to Galway” son nueve minutos de puro gozo en clave auténticamente irlandesa. La grabación, realizada en San Francisco en diciembre de 1986, con Jay Dee Daugherty, baterista del Patti Smith Group, estaba desaparecida y se encontró en una cinta anotada como “improvisación”.

La canción trataba de las relaciones entre dos amigos, Scott y Steve Wickham, el violinista de la banda, pero Scott nunca dio el paso de grabar la voz estando presente Wickham, se sentía cohibido. Casi cuatro décadas después trató de encontrar la letra entre sus viejos papeles, sin éxito, y decidió reescribirla de memoria para grabar la voz. Ahí está, con ese primer verso en el que la lluvia atlántica trae recuerdos del hogar. El último corte del disco es la versión de 1988 de “Saints and Angels”, dos años posterior a la grabada en la primera sesión del disco, que había quedado lastrada por dudas y errores ocasionados por la circunstancia de que estaba compuesta sobre la marcha. Esta versión que ahora conocemos fue la última oportunidad que Scott se dio para sacarla adelante. El resultado es una hermosa balada con un interludio instrumental marca de la casa. No entró en el disco pero pudo haber entrado, motivos había.

Entre medias están “The Man with the Wind at His Heels”, recuperada y remezclada de varias tomas, algunas de ellas incompletas; empujada por el golpeo del baterista Lez Warner y guiada por el violín de Wickham, es una pieza igualmente sobresaliente, con Mike Scott espectacular en el fraseo. El resto son “And the Gods” una pequeña pieza instrumental improvisada; “Light Shine on Me”, una entre una docena de la prueba de sonido del primer día en Spiddal House, un instrumental al que Scott le ha añadido la voz basándose en una de las letras de su libreta, sin estar muy seguro de si era la destinada en su día a esa canción (y qué más da); “Endless Store”, canción improvisada, en la que Scott canta con voz velada a punto de rasgarse; y una toma completa de “This Land Is Your Land”, aires irlandeses para el himno folk de Woody Guthrie.

El segundo vinilo lleva el título de Indian Summer, extraído en este caso del primer verso de la canción “Killing My Heart”. En su casi totalidad son versiones de canciones ajenas: “I Can’t Feel at Home in This World Anymore”, el éxito de The Two Gospel Keys en los años 40, en una interpretación acelerada de la que en parte es responsable Pete Thomas, baterista de Elvis Costello &The Attractions; el clásico de Dylan “Knockin’ on Heaven’s Door”, que estuvieron tocando durante casi cuarenta minutos en una prueba de sonido en Windmill Lane, y de la que se nos ofrece una mezcla de diversas partes, con Scott pasando de la guitarra al piano y Anthony Thistlewaite de la mandolina al saxo; también de un calentamiento de las sesiones de Dublín es “Honky Tonkin’”, de Hank Williams, que habían conocido escuchando discos en la casa californiana del productor Bob Johnston, que participaría en algunas de las sesiones; una improvisada “No Expectations”, de los Rolling Stones, que Scott tenía en su repertorio en los tiempos anteriores a The Waterboys, y en la que la entrada de Thistlewaite al saxo a media canción la transforma por completo; una versión de “When Doves Cry”, de Prince, grabada a altas horas de la noche por Scott al piano y Wickham, cuando todos los demás se han ido ya a dormir; “Angel Flying Too Close to the Ground”, de Willie Nelson, con Jim Keltner a la batería y John Pattituci al bajo, acortada respecto a los doce minutos que duraba cuando se grabó y con voz añadida, ya que en su día Scott no la cantó completa. Y la versión completa de “Lost Highway”, original de Leon Payne y popularizada por Hank Williams y más tarde por Nitty Gritty Dirt Band, contagiosa música de honky tonk animada por el pianista Liam O’Maronlai y el baterista Noel Bridgeman, que fue cara B del single “Fisherman’s Blues” y aquí dura el doble por la sencilla razón de que Scott vuelve al principio en el momento en que debía terminar.
Dos son las canciones originales. “Killing My Heart”, que fue desplazada del disco por “When Ye Go Away”, con la que comparte letra, y que aparece en una versión sin pulir, con Mike Scott cantando con voz ronca, y un órgano psicodélico a cargo de Thistlewaite asociado al violín de Wickham, creando así un muro sonoro, sucio y sorprendente. “We Will Not Be Lovers”, en su toma original, sin los añadidos con los que apareció en el disco, fue grabada en un momento de tensión entre el productor Bob Johnston y el ingeniero de sonido, con el baterista Dave Ruffy entrando a destiempo, y que sin embargo hizo exclamar a Johnston al terminar: “¡Dios Todopoderoso!

El tercer vinilo tiene un título elocuente: The Fisherman’s Jam. En él encontramos varias improvisaciones, con duraciones muy distintas. “The Good Ship Sirius / The Ship in Full Sail”, puro sonido irlandés, enlaza la composición de Steve Wickham en homenaje al barco de Greenpeace con una canción tradicional, y solo necesitan tres minutos para arrasar, con Jay Dee Daugherty a la batería. “Mister Saxman”, retitulado “Blues for Your Baby” en la versión definitiva alojada en el disco Too Close to Heaven, aparece aquí en su forma más antigua. “The Waves” es un instrumental con Peter McKinney a la batería, en el que se muestran los siete últimos minutos de un total de doce; y “The Last Jam” otro tanto, seis minutos de improvisación con Colin Blakey al piano. “Night Falls on Windmill Lane” es justo lo que indica el título: una grabación en el estudio dublinés ya entrada la noche, una breve pieza de música hecha de sombras y de misterio. La segunda cara del disco la ocupan en su totalidad dos improvisaciones sobre la misma base, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”. La primera, que se conocía parcialmente, aparece en su integridad, más de trece minutos de libertad, con participación de nuevo de McKinney, y acordes que recuerdan a otra pieza de los Beatles, “Hey Jude”; la segunda, el “Reprise”, del que se conocían solo tres minutos, se alarga hasta siete, con Keltner y Pattituci a las baquetas y bajo.

¿Es esto todo lo que dan de sí las cintas del pescador? Solo Mike Scott lo sabe, y es posible que ni él mismo. Todo dependerá del tiempo que le dedique a seguir profundizando en ellas, a descubrir quizás algunas cosas que se le habían pasado por alto. De momento, a lo ya conocido se suma esta caja cuidadosamente editada, con ilustraciones de gran belleza en cada una de las tres fundas y un lujoso libreto con las letras, detalle de los participantes en cada toma, notas de Mike Scott a cada una, y un completo índice de las sesiones. Bienvenidos a la lluvia atlántica.

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