Twisted Teens: “Blame The Clown”

El inclasificable dúo de country-punk de Nueva Orleans Twisted Teens está listo para convertirse en una de las bandas más fascinantes de la temporada. La ciudad más musicalmente pura del mundo siempre acoge apuestas originales y esta es una de ellas. La banda está formada por el desaliñado C.P.N. “C-BIRD” Hollywell (que toca todo menos la steel guitar) y el elegante Razor Ramone (steel guitar). Muy pocos colaboradores redondean su segundo disco, “Blame The Clown”, entre ellos Howie Pearson, conocido por The Deslondes. Edita Chain Smoking Records.

Escucha “Blame The Clown” de Twisted Teens aquí:

Caspian Hollywell, también conocido como Cas P. Ian o CPN, es conocido en el circuito underground por su pertenencia a la banda californiana de gypsy punk Blackbird Raum. Nacidos en una casa ocupada, la falta de electricidad les llevó a hacer punk con instrumentos acústicos. Parte de ese aprendizaje es utilizado en este proyecto sin formación fija, más allá de su compañero en la pedal steel Razor Ramone. Los otros miembros entran y salen, siguiendo la tradición de la comunidad creativa de NOLA. Algo ideal para mantener la frescura del proyecto.

“Blame the Clown” se vendió como una edición limitada en vinilo durante la gira europea el año pasado, pero es ahora cuando se lanza de manera oficial. La música que encierra es bastante difícil de clasificar. Se nutre de las tradiciones del rock estadounidense sin perderse en la nostalgia. El pedal steel se integra mejor que en su disco de debut, creando el contrapunto perfecto a unas canciones que suelen tener querencia por la crudeza del punk primitivo.  

El disco comienza con un disparo de country punk, “Is It Real?”, muy en la línea de lo que hacen bandas como Country Westerns. “Wild Connection” camina en esa difusa línea que emparenta a White Stripes y The Strokes. El sonido lo fi no impide que los detalles deslumbren en cada momento. Breves y concisas, las canciones se suceden sin descanso. “I Operate”, cercana al post punk, no llega a los dos minutos.

“Little Seed” by Twisted Teens, presenta una voz anónima una de las grandes canciones de este trabajo. Rock garajero del bueno, como el que esconde “100 Bill Is Gone”, otra melodía cantada con urgencia y desespero. “Peekaboo Hand” nos recuerda a los Velvet Underground cuando se ponían a jugar con el pop. Escuchando “Not Real” me viene a la cabeza el añorado Jey Reatard. Hay algo en la crudeza y honestidad de este disco que tiene paralelismos con él. “Who Could It Be?” me reafirma en ello.

“Circus Clown” sonaría a puro punk de vieja escuela sino fuera porque el steel de Razor Ramone consigue convertirlo en otra cosa. Llega el final del disco, que ha pasado como un “Hurricane”, canción que podría conectar con los fans de Roky Erickson, con su mezcla de intensidad y melancolía. “White Hot Coal” baja el ritmo para cerrar el álbum con guitarras acústicas en la que es posiblemente la canción más New Orleans, con ese sonido de cuerdas desencajadas que suena de fondo. “Corpse Cose” es anecdótico, un minuto de experimentación que sirve de cierre, sin más.

En este disco, el garage, el country y el punk se mezclan con total naturalidad. La producción, intencionadamente lo fi, es la adecuada; sin tapar en ningún momento la belleza de los detalles. Una propuesta original pero llena de aciertos, dentro de una escena donde cada vez cuesta más encontrar proyectos que puedan presumir de relevancia.

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