The Long Ryders reivindican las raíces del rock americano en Valencia

El regreso de The Long Ryders a Valencia el pasado 22 de abril de 2026, en la sala 16 Toneladas, confirmó algo que ya no admite demasiada discusión: su propuesta sigue siendo no solo vigente, sino necesaria dentro del panorama actual del rock de raíces.

Lejos de limitarse a un ejercicio de nostalgia, la banda californiana —pionera del Paisley Underground— ofreció un concierto que equilibró con inteligencia repertorio clásico y material reciente. La formación liderada por Sid Griffin y Stephen McCarthy, junto a Greg Sowders y Murry Hammond, evidenció una cohesión notable, especialmente teniendo en cuenta la ausencia definitiva de Tom Stevens.

Desde el arranque con “I Don’t Care What’s Right, I Don’t Care What’s Wrong”, el grupo dejó claro que su sonido sigue anclado en esa intersección entre la urgencia del rock y la tradición del country. No es casualidad: su ADN musical bebe directamente de referentes como Buffalo Springfield, Gram Parsons o The Flying Burrito Brothers, pero lo relevante es cómo han sabido actualizar ese legado sin convertirlo en una pieza de museo.

El repertorio funcionó como un recorrido por todas sus etapas. Las canciones recientes —incluidas las de September November (2023) y el nuevo High Noon Hymns— no desentonaron frente a clásicos como “Years Long Ago” o “Ivory Tower”. De hecho, temas como “(How How How) Do You Wanna Be Loved?” o “September November Sometime” mostraron una madurez compositiva que refuerza su actual etapa creativa.

Uno de los aspectos más destacables fue el reparto vocal entre Griffin y McCarthy, que aportó dinamismo al concierto y evitó la monotonía. McCarthy brilló especialmente en cortes como “Ivory Tower” o la versión de “I Want You Bad” de NRBQ, mientras que Griffin sostuvo con solvencia los temas más representativos del cancionero del grupo.

En la recta final, la banda apostó por una secuencia más emocional, combinando piezas como “The Lights of Downtown” con un bis especialmente celebrado. El “Forever Young”, con Griffin a la mandolina, funcionó como un momento de comunión con el público, antes de cerrar con “Looking for Lewis and Clark”, convertido ya en himno generacional.

Más allá del setlist, lo verdaderamente relevante del concierto fue constatar que The Long Ryders siguen ocupando un espacio propio: el de quienes no solo reivindican las raíces del rock americano, sino que las mantienen vivas y en evolución. En tiempos de revival constante, su propuesta destaca precisamente por evitarlo.

Texto Alex Ruiz. Fotos Phillip Solomonson. 
 
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