Orville Peck: “Mule”

Orville Peck edita “Mule”, su cuarto disco. Un disco en el que, aunque sigue con la máscara física, se quita la emocional mostrando la persona por encima del personaje. Grabado en Nashville con una banda de cinco músicos formada por Emily Rose Epstein, Evan Weiss, Jason Hall, Kris Bowering y Kyle Connolly, y producido por Jay Joyce, el álbum incorpora además las voces de Emmylou Harris, Noah Cyrus y Allison Russell, junto a músicos como Molly Tuttle, Ketch Secor y Ry Jennings. Buena parte de las canciones se registraron en directo dentro de una iglesia, buscando que quedara atrapado en las pistas el espíritu de una actuación real. Publica Warner Records.

Escucha “Mule” de Orville Peck aquí:

Hasta ahora, Orville Peck había construido una mitología perfectamente reconocible alrededor de sus discos. Caballos, carretera, polvo, cuero, flecos y esa voz de barítono que parecía llegar desde algún lugar perdido entre Roy Orbison, Elvis y las grandes voces del country clásico. La máscara formaba parte del espectáculo, pero también funcionaba como escudo. En “Mule”, sin embargo, la mitología del caballo se convierte en otra cosa. Una mula es un animal híbrido, condenado a pertenecer a dos mundos sin encajar del todo en ninguno. También, un animal tozudo que siempre logra lo que quiere. Esa metáfora le sirve a Peck para contar el año más oscuro de su vida: adicción, exceso, un episodio casi fatal en 2023, rehabilitación, sobriedad y la reconstrucción de la persona que se escondía detrás de la máscara.

Lo interesante es que Peck no convierte ese material en otro álbum de redención reverencial. “Mule” muestra la desgracia con humor, teatralidad y una considerable capacidad para reírse de sí mismo. El comienzo es extraordinario. “Prologue (Eulogy Of A Man Turned Mule)” coloca a Emmylou Harris, Noah Cyrus y Allison Russell como protagonista de un coro fúnebre que canta sobre el recuerdo de un hombre que podría habernos dejado aquella noche de 2023 donde se le fue la mano. Es una apertura que no llega al minuto pero funciona como prólogo, epitafio y advertencia. Peck no comienza su historia celebrando que ha sobrevivido: comienza imaginando qué habría sucedido si no lo hubiera hecho.

“Big Ol’ House” entra ya con todo: Hammond, guitarras, palmas y ese pulso de country-rock que tan bien domina. Esa vieja y gran casa grande está llena de fantasmas, pero Peck sigue saliendo de gira, bebiendo, peleándose y llenando las noches con desconocidos. “Already Gone” es una de las piezas más contagiosas del álbum, un country pop en toda regla que retrata la entrada de Peck en rehabilitación desde la perspectiva de alguien que todavía no comprende la gravedad de lo que le sucede. “Rehab Blues” es una baladita fantástica. Una típica canción de Orville, donde no esconde su propia arrogancia al empezar la rehabilitación. En la música, empieza con ecos de Joe South para ir creciendo hacia un caos controlado.

“Ring The Bell” y “Blue Skies” son dos muestras del buen manejo que hace el artista a partir de la tradición. Esta última parece una balada tan profunda como las de Shawn James. “The Fall” es uno de los grandes momentos del álbum. Guitarra acústica, slide y una interpretación mucho más desnuda sostienen una canción que contempla la caída sin miramientos. “Solías decirme que superaríamos cualquier cosa/ Estábamos volando, ¿cómo íbamos a ver la caída?”. Le referencia es clara: las enormes baladas setenteras de Elvis. A pesar de su ambición, supera la prueba con nota.

La segunda parte del disco, líricamente, empieza a hablar de su resurrección después de toar fondo. “Cowboy Heart” recupera al personaje enmascarado, pero menos. Nunca puedes mirar atrás a menos que camines en esa dirección. Y lo que dejó atrás no parece ser lo mejor. “The Breeze, The Grass, The Mourning Dove and Me” es su acercamiento al bluegrass, con la colaboración al banjo de la recientemente elegida artista del año: Molly Tuttle. Orvillle sabe rodearse de los mejores, sin duda.

“Run Out Of Road” es una de las mejores melodías. En la letra, parece dejar claro que la gente que le rodeaba y ha seguido en el lado oscuro ya no es bienvenida. “El precio de ser libre y salvaje puede dejarte más solo/Así que no vuelvas corriendo hacia mí cuando se te acabe el camino”.  y parece cerrar la relación co tiene algo de despedida definitiva. “Too Little, Too Late” es el momento definitivo de liberación en un álbum que funciona de manera casi conceptual. Es una canción que casi podríamos emparentar con el power pop inglés. La influencia de Nick Lowe en la escena de Nashville se explica con canciones como esta. “War Of The Worlds” parece su intento a emular al Sturgill Simpson del principio de su carrera, jugando con los límites del country.

“Mule”, la canción que da título al disco, es una canción que vale por una carrera. Una letra excelente que termina convirtiéndose en su verdadera declaración de principios. El personaje, su máscara, el cowboy, el adicto, el hombre que estuvo a punto de morir y el que ha conseguido regresar están todos dentro de la canción. “Y si parece que pierdo el hilo de lo que digo/ Solo no me tomes por tonto/ Puede parecer que estoy bien, pero con el tiempo te darás cuenta/ De que has estado hablando con un hombre que se ha convertido en una mula”. Todo un clásico instantáneo.

Orville Peck no destruye a Orville Peck para encontrar a Daniel Pitout, el hombre detrás de la máscara. No abandona la teatralidad, pero no la usa de excusa para vivir todos los excesos culpando al personaje. Más allá de lo conceptual que pueda resultar, esconde alguna de las mejores canciones de su carrera y demuestra que su apuesta es ser un artista de largo recorrido. Aunque una noche, hace un par de años, pudo acabar siendo un ángel caído.

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