Julien Baker publica “Little Oblivion”, su trabajo más ambicioso

Julien Baker publica su tercer trabajo, Little Oblivion. Un paso definitivo en su carrera. Los años transcurridos desde su maravilloso trabajo anterior han sido muy intensos. Pasar de un debut autoproducido a grabar con Matador, girar por todo el mundo, formar boygenius, un supergrupo con otros dos grandes talentos de su generación, Lucy Dacus y Phoebe Bridgers,… Demasiado para una chica frágil que, dentro de la marabunta, volvió a caer en los malos hábitos. Ahora, da un paso adelante y dota de un sonido más potente a unas canciones que, como siempre, son de una intensidad emocional que duele.

Escucha Little Oblivions, de Julien Baker aquí

Nunca fue fácil encontrar el momento para escuchar la música de Julien Baker. Su estilo particular, su sufrimiento y honestidad la hacen complicada. No era el alma de la fiesta, y había que poner los cinco sentidos al escucharlas. Te atraía y te atrapaba en su mundo a la deriva, entre autodestrucción y adicciones. Pero, eso sí; una vez entrabas en ella, la música de Baker golpeaba fuerte y te hacía explorar lo más profundo y oscuro de la existencia.  

Sin embargo, en este nuevo trabajo, el sonido cambia y se amplía, sonando como una verdadera banda. Aunque, en realidad, para nuestra sorpresa, la banda es ella. Julien toca casi todos los instrumentos: batería, bajo, guitarra, sintes, piano, banjo y mandolina. Solo se completa el disco con unos pequeños toques de su ingeniero Calvin Lauber y los coros de sus compañeras en boygenius, Phoebe Bridgers y Lucy Dacus en Favor. Es muy valorable la audacia de Julien a la hora de crear, ella solita, un muro de sonido que te prepara para golpear con toda la fuerza de su aplastante sinceridad.

Ya la carátula del álbum lo deja claro. Caligrafiada, una de las letras definitivas del álbum: “No hay gloria en el amor, solo la sangre de nuestros corazones”. Parece increíble tanto dolor en una chica de apenas 25 años. Una adolescencia complicadísima, con muchos problemas de personalidad y adicciones marcó su vida. 

Baker, es de Bartlett, Tennessee, una ciudad a 15 millas de Memphis. Muy religiosa (todavía ahora). empezó cantando en la iglesia. De naturaleza queer, los problemas de identidad y contradicciones típicas de la adolescencia la arrojaron a la escena hardcore de la ciudad, formando parte desde muy jovencita en bandas como Forrister o The Star Killers. Enseguida llegaron los problemas con el alcohol y las drogas. Cuando se confesó gay ante sus devotos progenitores, con apenas 17 años, la abrazaron y su padre buscó un pasaje en las Escrituras para demostrarle que no iría al infierno. Eso la calmó durante años y la alejó del peligro, pero el dolor seguía allí, latente.

En 2019, tras acabar la gira de Turn Out The Lights, se tomó un descanso de la música para terminar su licenciatura. Es la versión oficial, pero parece ser que la realidad fue distinta. Después de estar limpia durante siete años, Baker recayó en sus adicciones. Ese proceso, el de la adicción, es gran parte del disco: ser esclavo de las sustancias, dañar a las personas que más quieres, el poder de drogas y alcohol a la hora de borrar el mundo que te rodea,  la contradicción entre el deseo de superar la adicción y la necesidad de aplacar el dolor del amor perdido…

Los dos primeros discos de Julien tenían como gran virtud su sencillez instrumental, que daba todo el espacio necesario a su emocionante voz, dejando que cada palabra flotara en el aire creando un impacto emocional en el oyente. Sus conciertos en directo seguían esa pauta: ella sola, con el piano y la guitarra, usando pedales para crear bucles infinitos. Un sonido muy peculiar donde mandaban las emociones. Nada más comenzar Little Oblivion,  ya intuímos que todo ha cambiado: al contrario del delicado inicio de su anterior Turn Out the Lights, la canción que abre el disco, Hardline marca otro camino muy distinto. Batería en primer plano (primeras percusiones de su carrera), guitarras distorsionadas,… un sonido mucho más elaborado que nunca. A pesar de ello, el ambiente sombrío no desaparece, simplemente cambia de traje sonoro. Los demonios de Baker siguen aquí: historias terribles autobiográficas, basadas en su complicada personalidad. 

Hay mucho de exhibicionismo en las letras, como resume genialmente en una estrofa de Ringside: “Me golpearé hasta sangrar y te daré un asiento en primera fila”. Y desde esa privilegiada butaca en el escenario de su vida, Julien nos va mostrando sus fantasmas.  “Desearía haber bebido por ti y no solo por mí”, canta en Song in E. Mientras, en Repeat, reflexiona sobre la auto destrucción causada por un amor perdido  “Cuando los efectos de las drogas desaparezcan, ¿llegará el amor?”

La Baker es consciente de su complicada personalidad, así que “Empiezo a pedir perdón por adelantado por todas las cosas que destruiré en el futuro”, recita en Hardline. Y es que, en el fango, se sorprende, porque “nadie se merece una segunda oportunidad, pero cariño, la sigo obteniendo”. Y es que “ojalá me hicieras daño, es la misericordia lo que no puedo aceptar”.  Muestras del talento poético en cada uno de los temas, con frases de mucho ingenio como ese “Océano de centros comerciales, ayúdame a nadar hasta el otro lado”

Hacia el final del disco la intensidad va decayendo. Es como si Julien supiera que ya ha sido demasiado. Pero, ¿acaso no ha sido el último año demasiado para todos nosotros? Aunque no hayamos vivido sus mismas historias, todos tenemos dentro parte del desgarro al que ella canta. Podemos desarrollar fácilmente un sentido de empatía ante la frágil cantautora de Memphis que, ante nuestros ojos, está pasando de ser una pequeña cantante atormentada a ser uno de los grandes nombres de la década. Little Oblivions es una obra maestra personal, un disco complejo y grande en tiempos de singles y Spotify. Esperemos que el público tenga tiempo para descifrarlo y valorarlo con calma.

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