Entrevista a Ariel Rot

“Jamás compones una canción pensando que la cantarán los nietos de tu vecino”

A pocos días de su actuación en el Barnasants, Ariel Rot charla con Dirty Rock desde Madrid. Café en mano, la conversación fluye entre composición, Tequila y esa sensación difícil de explicar cuando una canción atraviesa generaciones.

Hablar de Ariel Rot es hablar de una parte esencial de la historia del rock en castellano. Guitarrista, compositor y cantante nacido en Buenos Aires y afincado en España desde 1976, Rot ha sido protagonista de varias de las etapas más brillantes del rock iberoamericano. Primero con Tequila, banda clave en la explosión del rock urbano madrileño de finales de los 70; después con Los Rodríguez, uno de los grupos más influyentes de los 90; y, paralelamente, desarrollando una sólida carrera en solitario que confirma su peso como autor.

Dueño de un estilo elegante, con raíces en el rock clásico, el rhythm & blues y la canción de autor, Rot ha construido un repertorio que ha sobrevivido al paso del tiempo y a los cambios generacionales. Sus canciones forman parte de la memoria colectiva de varias décadas y siguen encontrando nuevos oídos. Más allá del guitarrista virtuoso, Ariel Rot es, ante todo, un compositor que ha sabido equilibrar electricidad y sensibilidad, banda y confesión, escenario y cuarto propio.

Tuvimos el placer de compartir un tiempo que sin duda se hizo escaso con un “continuará” en el aire que ojalá llegue a suceder. Aquí os dejamos con la entrevista… 

¿Qué tal, Ariel? ¿Todo bien?

Muy bien. Todo bien, sí, sí.

¿En Madrid?

En casa, en Madrid. Ha sido un día soleado, por fin. Bueno… así que de lujo.

En un par de días estás aquí en Barcelona. Vendrás a formar parte del cartel de la 31ª edición del Barnasants. ¿Qué significa para alguien como tú formar parte de un festival que ha tenido una tradición tan ligada a la canción de autor y al compromiso cultural?

Me encanta, me siento muy honrado. La verdad que estuve mirando los carteles del Barnasants toda la vida y es muy impresionante. Hay realmente artistas de mucho peso, muy potentes y muy emblemáticos que tocaron ahí.

Me asombró ver a Quilapayún. Y bueno, ni hablar de Krahe, gente joven o relativamente joven como Drexler.

Me encanta formar parte del concepto cantautor porque ser un guitarrista como yo, de cuna, y que siempre se dedicó a la guitarra, no quita que no sea un cantautor.

Al final lo que hago es componer mis canciones con mucho mimo, cuidando mucho los textos y luego cantarlos. O sea que creo que me encuadro perfectamente en esa etiqueta.

20231201-Ariel-Rot-Kiko-Veneno_DSI1110©DesiEstevez

Siempre se ha ligado el término cantautor al cantante con guitarra acústica, con un perfil bastante determinado, y el hecho de que también se empiece a considerar a la gente del rock como cantautores resulta interesante.

Yo creo que sí hubo una especie de estereotipo del cantautor equivocadamente ligado un poco al “coñazo” (risas). Quizás por eso en algún momento el cantautor no gozó de muy buena prensa el cantautor. Pero sí que la tuvo en su momento cuando era necesario. Realmente tuvieron un momento de mucho compromiso y es muy admirable lo que han hecho. Muchos murieron por las ideas de sus canciones. Mucho respeto, muchísimo respeto.

Pero bueno, entiendo que depende de qué épocas cojas de mi trayectoria hay momentos donde se me puede considerar perfectamente un cantautor.

Es cierto que no utilizaría ese término para la época de Tequila, por ejemplo, de la cual también me siento muy orgulloso, pero evidentemente era un concepto estético totalmente distinto y compositivo completamente distinto.

Yo sé lo que es componer solo y lo que es componer con banda, y es muy distinto.

Normalmente tu proceso de creación, cuando te sientas delante de la hoja en blanco, ¿Cómo es? ¿Viene la letra primero? ¿Vienen las melodías?

Creo que hay un momento en el que empieza a haber ya cierta fluidez. Es un momento más dulce, ¿no? Siempre arrancar un nuevo proyecto, empezar de cero… siempre es un combate, enfrentarse a eso, obviamente.

Pero llega un momento en el que la cosa empieza a fluir y parece muy fácil componer canciones, con lo difícil que te parecía a lo mejor tres, cuatro o cinco meses atrás. Yo estoy en ese momento. Estoy componiendo justamente por eso, porque no me resulta tan árido.

Me dediqué tantos dias de mi vida a levantarme y pensar en componer nuevas canciones que realmente ahora estoy disfrutando un montón de no tener esa presión compositiva y contractual también, incluso. Era como una especie de obligación, un deadline constante.

No es que nadie me pusiera una pistola en la cabeza (risas), pero el ritmo de trabajo, de composición, era un ritmo en el que no podía dormirme mucho. No podía descuidarme. Tenía que estar siempre pendiente. Fueron unos cuantos años.

Yo viví muy relajado todas las etapas con banda, porque no era el único que tenía que componer. Era algo más compartido. Pero a la hora de decidir realmente reafirmarme como solista, como afirmar mi carrera en solitario, me tuve que tomar muy en serio lo de la composición. Y eso fue todo un reto.

Me alegro mucho de que me haya ocurrido eso porque, aparte de sentirme muy orgulloso del material que conseguí, fue una época muy bonita. Cuando tienes la recompensa de una canción bien hecha, eso es una maravilla. Merece la pena el esfuerzo. Pero bueno, parece que me he vuelto un poco más vago con el tiempo (risas)

Visto desde fuera, quizás sea por la sensación de que ahora disfrutas mucho más de los directos.

Sí, es verdad. Estoy disfrutando muchísimo del escenario. Es un lugar familiar para mí. Es donde estoy cómodo.

Siento que toda la banda, como yo, estamos muy en forma en este momento. Entonces se suma la experiencia, los años, la energía y las ganas.

No sé cuánto puede durar, pero hay que disfrutarlo.

Para mí, todo lo que sea juntarme con gente y hacer música fue el motor de lo que hizo que, sin darme cuenta, esté metido en esta profesión. Porque ya me juntaba con amigos a tocar cuando yo todavía no sabía que existía la posibilidad de poder vivir de eso.

Te estoy hablando de cuando tenía diez años. No había tantas distracciones. Podías tener una pelota de fútbol o tener unas guitarras y juntarte a tocar con colegas.

Afortunadamente, en Buenos Aires, a finales de los 60 y principios de los 70, había una escena muy rica. Había muchos muchos chicos que querían tocar la guitarra, componer, tocar canciones, versiones.

Entonces había determinados centros, parques donde la gente iba y tocaba. Yo esperaba que llegara el fin de semana para poder ir ahí y volver a ver a los chicos que había conocido para aprender tres acordes más, porque era la única manera de aprender a tocar rock. Era muy bonito, muy romántico.

Aprovechando que estamos en esos años, ¿Qué fue lo que te llevó a decidirte por la guitarra en vez de por una pelota?

Las dos convivían igualmente (risas).  Al principio, yo escuchaba todo lo que se escuchaba en casa. Ahí sí, se escuchaban también cantautores, música brasileña, música española, jazz, bossa nova, en fin. Todo eso lo escuchaba y, dentro de mis limitaciones, lo que podía más o menos ir sacándolo, lo iba tocando.

Pero, claro, en un momento me voló la cabeza el rock. Yo tendría diez años o así y llegaron una serie de discos argentinos, de rock argentino, y algunos también de anglos, pero para mí no había una distinción en ese momento. Yo no sabía nada de la historia del rock, pero todo lo que me iba llegando, lo iba absorbiendo

Eras un lienzo en blanco…

Sí, por un lado estaban grupos pioneros del rock argentino como Almendra, de Luis Alberto Spinetta, Manal, que luego el guitarrista de Manal fue mi maestro y seguimos manteniendo una relación y para mí siempre va a ser mi maestro o Claudio Gabis.

Y, bueno, una serie de grupos porque de repente hubo como una especie de escala muy pequeña, hubo una explosión, no sonaba en la radio, salvo en algún programa que daba a la una de la mañana, lo escuchabas con tu transistor escondido en la cama. Eso por un lado.

Y luego, en un cumpleaños, empecé a tener mis propios discos y entonces me regalaron Led Zeppelin II y Jethro Tull’s Stand Up. Esos fueron mis dos primeros discos. Los Beatles había algunos en casa, obviamente, pero en esa época, bueno, con esa música aluciné.

Buena manera de empezar una colección de discos…

Sí, bastante progresivo en un punto, la verdad. Pero me los sabía de memoria porque tenía cuatro discos, cinco discos en casa y llegaba a la escuela y lo primero que hacía era ponerlos. Así que fueron muy importantes para mí.

Con el tiempo uno crece, aprende y evoluciona. En tu caso, con 16 años aterrizas en España. ¿Cómo recuerdas aquellos días?

Bueno, los recuerdo mucho porque aparte paso muy a menudo por el hotel donde pasamos la primera noche con mi madre y mi hermana. Cuando paso por ahí me parece una película.

Recuerdo perfectamente el 3 de agosto del 76, cuando llegué de Argentina. Al día siguiente bajé a la calle para ver qué había y enseguida encontré una tienda de guitarras. Incluso uno de los amplificadores que usé con Tequila lo compré ahí.

Fue una ruptura muy intensa con todo mi mundo porque la comunicación no era ni mucho menos fluida como ahora. Pero yo lo viví como una aventura. Me habían hecho creer que en uno o dos años volvíamos a Buenos Aires. Se complicó (risas).

¿Cómo empezó Tequila?

Fue casi un trabajo detectivesco porque nosotros nunca nos hubiésemos imaginado que la escena era tan pequeña, que no existía prácticamente nada.

Buscábamos gente que tocara la guitarra. Dábamos vueltas, preguntábamos en el colegio. Había muy poco rock.

Había una sala que programaba una vez por semana, los viernes por la noche, y nosotros íbamos religiosamente.

Ahí fue donde conocimos a Felipe y a Julián. Yo les dejé mi número de teléfono y, después de unas primeras navidades bastante tristes aquí, me llamaron.

Me llamaron para tocar como guitarrista en un grupo que todavía no existía como tal. No tenían canciones, pero tenían algo que yo nunca había tenido: un local de ensayo, amplificadores, instrumentos, batería.

Ahí empezaron a pasar cosas. Dejé el colegio y a partir de ahí me dediqué pura y exclusivamente a la música hasta el día de hoy.

Hace poco fui consciente de que entre Tequila, Los Rodríguez y tu carrera en solitario habéis ocupado la banda sonora de muchos años. ¿Sientes vértigo al pensar en eso?

No sé qué palabras describen eso porque no debe existir una palabra que defina lo que es componer una canción en el cuarto de tu casa y que, cincuenta años después, los nietos de tu vecino la estén cantando en el ascensor.

Jamás compones una canción pensando en eso. No podrías componer si pensases en eso realmente.

No me da vértigo. Me da una sensación de haber llegado, en una maratón gigante, a la meta. Es una suerte que pocas canciones consiguen.

No deja de ser el reflejo de un trabajo bien hecho durante todos estos años… 

Eso me encanta cuando se refleja en la gente que viene a los conciertos y en cómo lo viven los conciertos y en la felicidad que se produce en ese momento tanto arriba como abajo del escenario. Entonces eso es maravilloso.

Se nos acaba el tiempo, ¿Cómo será el concierto en Barnasants?

Armé unos conciertos que empezaron muy bien este año. Armé un repertorio que en principio creo que funciona para todo.

Hay momentos muy íntimos donde la canción y el texto tienen mucha potencia, y también hay momentos más festivos y lúdicos. Hay un poco de todo.

Creo que es un buen equilibrio para poder escucharlo sentado, porque tengo entendido que el recinto es con la gente sentada.

El recinto y el evento siempre determinan un poco la lista de canciones.

Para terminar, ¿Qué tres discos tuyos te llevarías a una isla desierta?

Me llevaría Fiebre, de Moris.

Me llevaría Buena Suerte, de Los Rodríguez.

Y me llevaría el segundo de Tequila, Rock and Roll.

En los tres participé. Para no olvidarme.

Parece que se terminó el tiempo. Quedaron algunas preguntas más en el tintero, pero me las guardo para la próxima vez…

Pues se ha pasado rápido el tiempo. Me estaba tomando un café y la verdad es que se pasó muy rápido. En algún momento podemos organizarlo. Cuando voy a tocar siempre voy jodido de tiempo, pero ya habrá nuevos proyectos y seguramente haré viajes para darlos a conocer.

Muchas gracias por atendernos y por compartir estos minutos con todos los lectores de Dirty Rock Magazine. 

Un saludo para todos. Disfruten del concierto

Ariel Rot estará tocando en directo en el Casino de l’Aliança del Poble Nou dentro del festival Barnasants. Podeis seguir la programación del festival aquí

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