Kurt Vile: “Philadelphia’s Been Good to Me”

A estas alturas, resulta difícil separar a Kurt Vile de los paisajes que habita. En Philadelphia’s Been Good to Me”, su décimo álbum, la ciudad donde creció y sigue viviendo funciona como escenario y como brújula emocional. Entre los músicos que participan en el álbum se encuentran Vile (voz, guitarra eléctrica, sintetizadores, guitarra acústica, teclados, piano, trompeta) y una multitud de colaboradores entre los que destacan Langellotti (bajo), Jugenheimer (teclados), Spence (batería), Sarah Jones (batería), David Scher (lap steel), Greg Cartwright (guitarra eléctrica principal, voz) Steve Gunn (guitarra eléctrica). Edita Verve Forecast Records.

Escucha Philadelphia’s Been Good to Me” de Kurt Vile

Reducir el disco a una declaración de amor a Filadelfia es quedarse corto. Lo que realmente atraviesa estas canciones es la búsqueda de equilibrio entre la vida doméstica, la memoria de los años de carretera y una identidad artística construida durante décadas de música independiente. Desde el comienzo con “Zoom 97”, Vile recupera una de sus mayores virtudes: convertir lo cotidiano en poesía. La combinación de mandolina, guitarras flotantes y pequeños detalles psicodélicos recuerda al carácter errante de sus mejores composiciones. Hay ecos del folk eléctrico de Neil Young, pero también una manera muy personal de encadenar pensamientos y observaciones vitales. Reflexiones que también hace de maravilla su amiga Courtney Barnett.

Las referencias musicales aparecen constantemente, aunque nunca como simple homenaje. “Chance to Bleed” recupera la energía rugosa de sus primeras grabaciones, conectando con la tradición lo-fi de la que surgió. Entre riffs nerviosos y una base que avanza con determinación, la canción mira hacia la comunidad que sostuvo a Vile antes de convertirse en una figura del indie rock. Su espíritu remite tanto al garage rock norteamericano como a la suciedad elegante de Silver Jews.

La sombra de Neil Young vuelve a aparecer en “Rock o’ Stone”, aunque aquí Vile subvierte el imaginario romántico del músico viajero. Donde otros compositores encuentran libertad en el movimiento permanente, él parece pensar constantemente en el regreso. El fingerpicking acústico y la atmósfera contemplativa evocan el folk-rock setentero, pero la canción está atravesada por un deseo muy terrenal: volver a casa, recuperar rutinas y reencontrarse con aquello que permanece cuando termina la gira. La rutina cotidiana parece haberle atrapado para siempre.

“Hay algo que dijo Neil Young que me impactó: ‘Tu pasado es tu peor enemigo’. Mucha gente dice que su disco favorito es ‘Wakin on a Pretty Daze’, porque le llegó al alma cuando se publicó. Pero este es mi propio viaje y creo que este disco es mi favorito ahora”.

El corazón emocional del disco se encuentra en “99th Song”, una pieza que se alarga más allá de los diez minutos. Un clásico instantáneo que refleja la fascinación de Vile por la repetición y la acumulación de capas sonoras. Su estructura circular nos atrapa con un fraseo que recuerda al Lou Reed ochentero. Mientras, los sintetizadores y guitarras crean una sensación hipnótica que encaja perfectamente con sus reflexiones sobre la memoria, el paso del tiempo y la creación artística. “Esta es la canción número 99/ En mi looper rojo/ La última pista posible/ Antes de que el software explote”.

La pérdida también tiene un espacio importante. “99 BPM”, dedicada a su antiguo colaborador Rob Laakso, se mueve entre el blues crepuscular y la elegía. Su tono contenido evita cualquier sentimentalismo excesivo y conecta con discos como Tonight’s the Night” de Young, donde el duelo se expresa a través de interpretaciones vulnerables y arreglos deliberadamente imperfectos.

En contraste, “Every Time I Look at You” ofrece uno de los momentos más luminosos del repertorio. Con una instrumentación acústica de inspiración country y una melodía particularmente cálida, Vile celebra la vida familiar sin caer en la idealización. La canción encuentra belleza en los pequeños gestos. Confirma, además, que la paternidad se ha convertido en una de las fuentes creativas más importantes de su etapa reciente. “Las estaciones vienen y van/ Pero mi mente está creciendo/ Hacia algo más completo/ Creo que también me estoy volviendo más inteligente”.

La declaración de principios definitiva llega con “You Don’t Know Cuz It’s My Life”. Construida sobre una instrumentación relajada y expansiva, la canción mezcla orgullo local, sentido del humor y una reflexión sobre la pertenencia. Musicalmente, conecta el jangle rock característico de Vile con una sensibilidad melódica heredera de Tom Petty y del rock americano clásico, aunque filtrada por su manera única de frasear. Además, deja un recadito a Neil Young y Bruce Springsteen por escribir canciones sobre Filadelfia aunque no vivan allí: “un par de mis héroes escribieron una canción / Pero no son de aquí”.

Tras unos años con discos más prescindibles, Kurt Vile consigue volver a editar un disco trascendente. Abraza plenamente aquello que lo distingue. Hay referencias al folk, al rock clásico y al indie de los noventa, pero todo ello aparece integrado en un sonido reconocible al instante, algo que no es fácil de conseguir. Sigue manteniendo su pulso de originalidad; el instrumental  “Piano For Sarah” sorprende casi al final del disco. Es un buen momento de sosiego antes de atacar “Avalanches Of Snow”, otra de esos desarrollos épicos marca de la casa que cierra un disco más que notable.

kurtvile03

 

Etiquetas de la historia
,
Escrito por
More from Javier Casamor

Sarria se consagra con “El Mundo Es Cruel (Pero Creo En Él)”

El músico malagueño da un paso adelante con la publicación de su...
Leer Más

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.